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24 ene 2012
Israel y Palestina. Un documental desde otra perspectiva. Heart Beat, Mitzva Ramon (Segunda parte)…

Israel y Palestina. Un documental desde otra perspectiva. Heart Beat, Mitzva Ramon (Segunda parte)…

Mucho, demasiado, una cantidad de montonazo abrumadora...
Si tuviste una noche medio inquieta por tanto que resta hacer, y si además de eso, pasaste un poco de frío porque la bolsa de dormir no fue suficiente abrigo, entonces despertate, saltá de la cama y dejá que los rayos del sol guíen tus pasos hacia una de las vistas más impresionantes del desierto del Negev. En el acantilado que da a la inmensidad, es el lugar donde se puede encontrar calor y redención...

Nosotros en vez de bufarrear tan abruptamente, nos fuimos derecho al comedor comunitario, donde para calentarnos encontramos infusiones de todo tipo, pan casero, y una gran variedad de complementos nutritivos tales como frutas, cereales, mermeladas, manteca y el típico humus. Ahí le dimos rienda suelta a nuestros estómagos, porque sabíamos que se venía un día de muchas actividades y de entrevistas locas. A esta altura no nos importaba cuánto tuviéramos que trabajar, sino cuánto deberíamos escuchar, incorporar, procesar y pensar.

La cámara se había levantado con nosotros, y nunca más se apagaría hasta el día domingo. Mientras escuchábamos las primeras directivas de la boca de Aaron (las cuales eran prolijamente traducidas al árabe por Tamer), armábamos nuestro propio cronograma de actividades que sí o sí deberíamos producir y registrar. Realizamos además una exhaustiva lista de entrevistas que aglutinaban a las personas que considerábamos más carismáticas de ambos lados de la historia, y sin muchos más preámbulos, nos lanzamos a mezclar trabajo con placer de una manera totalmente impúdica y desvergonzada.

Guitarra, charango y cámara...
Gemelos palestinos raperos y Fede trabajando...
Heart Beat haciendo lo que más sabe...
El primer trabajo consistió en ver como hacíamos para multiplicarnos, ya que con sólo tres personas, lo propuesto parecía utópico. El segundo, fue introducir a cada uno de los integrantes de Heart Beat a la cámara, cosa que parece fácil, pero que siempre produce cierta inhibición y reticencia. El tercero, encontrar los mejores escenarios y situaciones como para que las cosas queden bien enmarcaditas. Luego de esto, resolver asuntos de sonido, anular un viento que se encargaba de arruinar constantemente todo, y conseguir que las personas no se nos congelen mientras realizábamos las entrevistas. Por último, ver como resolveríamos el tema de la ensalada de idiomas, cómo realizaríamos las preguntas sin herir susceptibilidades, y cómo nos aseguraríamos de lograr respuestas interesantes y coherentes con la temática y el enfoque del documental. Les puedo asegurar que para tres días de rodaje, esto era una ecuación de tercer grado.

Pero aunque parecía sumamente difícil de resolver, teníamos algunos factores a favor. El primero era la predisposición de cada uno de los chicos y de cada uno de los adultos de Heart Beat. El segundo era la alegría que reinaba en el ambiente, lo cual siempre hace las cosas mucho más fáciles, y por último, la notoria necesidad de todas las partes de expresarse sobre asuntos que tiñen su realidad diaria.
La cúpula mayor del proyecto explicando operativas a seguir...
Toco lo que quieras...
Si algo une además a los integrantes de Heart Beat aparte de la música, es la convicción y la creencia de que a través de ella, se puede demostrar que la paz y la convivencia entre Israel y Palestina son posibles, y la cámara entonces se insertaba directamente en el corazón de ese deseo para amplificar estas voces que necesitan sí o sí, ser escuchadas. Las primeras entrevistas costaron un poco, pero luego de las dos primeras, todos se notaban mucho más interesados, y para el tercero o cuarto, ya teníamos a toda la troop esperando su turno y con una excitada predisposición.

Así el trabajo se hizo un poco más liviano y relajado, y a su vez, se intensificó inmerso en un contexto inundado por una vasta gama de instrumentos que no paraban de armonizar notas, acordes y sonidos extravagantes desde todos los costados. Mientras nosotros entonces nos dedicábamos a tratar de retratar el cuadro de trabajo y de opiniones, el equipo de Heart Beat se dedicaba a hacer lo que más sabe: producir música.

Fogón imaginario...
Trabajando y disfrutando...
Haciendo tomas del desierto del Negev...
Rap palestino en el desierto...

Las jornadas fueron intensas para todas las personas implicadas en este embrollo, y todos a su vez, tuvieron que dar lo máximo de sí para llevar las cosas a buen puerto. Para los chicos resultaba difícil el hecho de seguir instrucciones de lo más experimentados, quienes les enseñaban que no alcanza con ser virtuoso para ser buen músico, y con esta premisa, sumergían sus ganas de “zapar” y sacaban a flote ejercicios más metódicos de trabajo en conjunto que eran los que más ajustaban sus gestos.

Para compensar la rigidez de todo este taller diurno, todas las noches se daba rienda suelta al delirio y a la ocurrencia, y en términos humanos, esos eran los momentos de gran comunión y de desfachatez, donde cada uno hacía, tocaba y cantaba lo que más le gustaba. 

Así es que una de estas noches se armó un lindo fogón, en donde se vieron mezclas de los estilos y de los instrumentos más llamativos. Violines que guiaban raps, charangos que escupían rock, tambores, pianitos, guitarras eléctricas, cornetas, pitos y matrakas.

Todos juntos, todos sonando sin parar. Una gran dosis de covers muy conocidos que se cantaban al unísono, recetas mágicas que mantenían todas las sonrisas activas y mil intercambios de miradas que reforzaban la pasión que se expresaba en cada nota. Una comunión de músicos israelitas y palestinos aglutinados alrededor del fuego, disfrutando de la vida como si nada pasara, realmente olvidando las diferencias, y entendiendo y demostrando que la violencia, definitivamente no es el camino.

Fogón demasiado real...
Musicalizando todo... hasta la comida...
Quilombo emocional 10.0...
Para nosotros significó vivenciarlo, que aunque sea parecido, nunca es lo mismo que leerlo o escucharlo. La experiencia siempre da ese touch que complementa y cierra los conceptos y el conocimiento, y hasta me atrevería a decir que es el hecho excluyente que definitivamente los incorpora. Nos sentimos felices de sentir lo que ellos sentían, de ser observadores y a la vez parte, y de llevarnos de todo eso la esperanza de que las cosas que parecen más imposibles, aún cuentan con una posibilidad.

Una de estas noches, vino a participar y a dar una charla, otro músico que estuvo largo tiempo implicado desde el mismo ángulo en la lucha por la paz, Mark Smulian. Mark dio un pequeño taller de música por el lapso de dos horas, y completó con el apoyo y los consejos de la experiencia.  Un tipo de unos cincuenta y cinco años de edad, acompañado por su mujer, ambos portadores de conocimientos profundos y de los lineamientos históricos del conflicto. Por momentos cansados y desesperanzados, y principalmente preocupados por “la irresoluble situación de la estupidez humana”.

Mark desparramando experiencia...
Heart Beat haciendo un tremendo esfuerzo por escuchar...
Así fue que llegó el domingo, y con él, la ansiedad de todo el equipo de ver cual era el resultado final de este encuentro. Nosotros seguíamos enloquecidos tratando de no perdernos nada, intentando completar las entrevistas, peleando con un reloj que no descansaba. Los chicos pulían sus trabajos, chequeaban alternativas, cambiaban instrumentos. Los grandes organizaban las últimas actividades de la jornada, y así, fue llegando el momento más emotivo.

Antes de todo esto, Aaron tenía planeada una caminata por la ladera del cañón que da a la más hermosa de las imágenes del desierto, y para esto, en un momento pidió la pausa de toda actividad, y todos los que estábamos allí, nos lanzamos conjuntamente a ese momento de relajación. Aaron manejó todos los tiempos, guiando una caminata cuyo objetivo no era solamente admirar el paisaje, sino que sirvió también, para dar lugar a una charla conjunta y sincera sobre las sensaciones que cada uno de los integrantes había obtenido de la experiencia.

Heart Beat haciendo un tremendo esfuerzo por escuchar...
El desierto del Negev invadido de Heart Beat...
Fede siempre a la cabeza con la cámara...
Una foto eterna...
Nos sentamos en círculo con vistas al vacío, y de a poco, empezaron a resonar toda una gama de emocionantes declaraciones que se hacían los unos a los otros. Aaron aprovechó el momento para reafirmar los valores y las consignas del proyecto, y se aseguró de dejar bien en claro porque y para que existe Heart Beat. Fue un momento de comunión eterna, de la que fue testigo la sórdida inmensidad del desierto.

Volvimos para almorzar, y luego de recargar energías, sólo restó enchufar los amplificadores y dar la puntada final a uno de los fines de semanas más lindos del viaje. La paz, la belleza y la armonía, empezaron a demostrarnos su existencia. Compases, sonidos y comuniones extrasensoriales que trascendieron el lenguaje musical, el lenguaje corporal y el lenguaje gutural. Formas espirituales que atravesaron las paredes de la necedad y que llenaron un infinito desierto de esperanza y redención... de alegría... de ilusión... solamente de sensaciones lindas... Estética pura del valor, de la lucha y de la unión... y canciones que pedían, que gritaban y que reflejaban lo bello de albergar una esperanza...

El desierto del Negev, Mitzva Ramon, Israel...
Aaron agradeciendo a esta humilde troop...
Aaron y Fede... dos potencias...
Que no termine nunca...
Heart Beat en toda su expresión...
Nosotros tuvimos la suerte de estar ahí, de presenciarlo, y hoy, de poder relatarlo... Vale la pena pedalear sin rumbo... Definitivamente vale la pena... Tenemos que tirar el corazón por la ventana para decir gracias a esta gente linda de Israel y Palestina, gracias Heart Beat, gracias por todo lo que nos regalaron y gracias por todo lo que nos cuidaron. Seguiremos apoyando este proyecto de la forma que podamos, y le pedimos a ustedes que están del otro lado, que colaboren y lo difundan. Vale la pena seguir luchando por la paz...

Para finalizar: gracias Israel y Palestina, gracias a un nuevo país que nos llenó de conocimientos, que nos despejó miles de dudas, pero que por sobre todo se abrió constantemente de la mejor de las formas. Ahorremos los detalles, chequeemos las esencias, y tratemos de una vez por todas en este mundo, de volver a recobrar la forma humana. Empecemos a pedir respeto y recobremos de a poco la dignidad perdida. Intentemos entre todos parar los intereses que dominan no sólo esta parte de la tierra, sino todo el mundo. Después de ver todo esto, seguimos convencidos que se puede.

Hasta pronto... Nos vamos yendo a la frontera de Jordania nuevamente, pero esta vez, con otro documental abajo del abrazo. Aplausos para el incansable Federico Marcello que dirigió impecablemente... Nos vamos a pelotudear... Saludos...

Agradecimiento especial a Nihad Awidat, que nos facilió la mayoría de las fotos que ven en este post y el anterior.

Y la banda siguió tocando para el más pequeño del grupo...
19 ene 2012
Israel y Palestina. Un documental desde otra perspectiva. Heart Beat, Mitzva Ramon (Primera parte)...

Israel y Palestina. Un documental desde otra perspectiva. Heart Beat, Mitzva Ramon (Primera parte)...

Heart Beat... Calentando motores...
Y yo que no le ponía ninguna ficha a ésta última parte del documental. Todo me parecía tan en el aire que hasta estuve dudando si no irme a una fiesta semi galáctica, a la que por cierto estaba asistiendo medio Israel. Por suerte no tomé el rumbo equivocado, y en vez de ir a lo seguro, acepté arriesgar. Escalera real de corazones fue lo que me mostraron y me dejaron todo el tiempo delante, para que reflexione y no se me dé nuevamente por querer cambiar fiestitas pasajeras por sentimientos permanentes.

Combinando el bondi en Beer Sheeva...
A Mitzva Ramon llegamos luego de una escala en una ciudad llamada Beer Sheva, lugar donde muchos trajes de colores y disfraces de lo más llamativos, anunciaban que se iba a celebrar una fiesta rutilante en algún rincón del desierto del Negev. Aguanté la tentación, y seguí a Fede y al nonae sin chistar al abordaje de otro colectivo que nos abandonaría, en medio de una lluvia torrencial, en las inmediaciones de uno de los paisajes más lindos que vi en mi vida. Precisamente allí era donde se iba a celebrar un encuentro de músicos palestinos e israelitas, quienes son los que componen el proyecto que nos interesaba registrar: Heart Beat.

Las coordenadas del evento nos la había dado Aaron (el comandante en jefe de esta banda de chicos de hasta veinte años), quien aún era totalmente desconocido para nosotros, pero con el que habíamos generado una fluida relación telefónica. Llamadito va, mail viene, nada muy claro, pero vengan, son bienvenidos a registrar lo que quieran.

Apenas descendidos en este lugar totalmente desconocido, tuvimos que, debido a una fuerte lluvia, correr a acovacharnos en una estación de servicios que era lo único que parecía albergar algún tipo de vida en muchos kilómetros a la redonda. Allí recorrimos mails, papelitos y cosas agendadas, hasta que logramos encontrar el número de teléfono del hostal donde se iba a realizar el encuentro. Llamamos y sorprendentemente los dueños del lugar nos dijeron que mandaban una de sus camionetas a recogernos. Ese rescate fue una especie de muestra gratis de lo estaba por venir.

Fuimos los primeros, pero para nuestra tranquilidad, el dueño y anfitrión nos confirmó que en pocos minutos más empezaría a llegar el resto. Nos convidó café, vino de elaboración propia, y nos sirvió un par de entremeces como para recuperar un poco de energía. Afuera hacía muchísimo frío, pero si algo sabía hacer en su vida este señor, era agregarle a todo un poco de ese más que necesario "calor de hogar".

Al calor del hogar, hambre y frío apaleados...
Pasaron los minutos, y luego de la segunda taza de café, empezaron a arribar los integrantes de Heart Beat, y así fue que tuvimos el enorme e inigualable placer de concoer cara a cara al "manager" del proyecto: Aaron Shneyer. Lo primero y más importante para nosotros era charlar con él los pormenores de nuestra estadía, ya que aún no sabíamos dónde íbamos a dormir, ni qué íbamos a comer. 

La pregunta casi estuvo de más, y con la enorme humanidad y predisposición que Aaron iba a desplegar durante todo el fin de semana, nos dijo que teníamos listas las camas y un lugar en la mesa comunitaria, asignados para toda la estadía. “Che, si todos son tan fenómenos como vos, puede que este fin de semana sea un evento memorable... Gracias”.

Va llegando gente al baile...
Y la palabra fenómenos nos queda un poco chica... Y debemos decir que la jovialidad, la buena onda y las ganas que se veían en cada uno de las personas que iban arribando, alimentaba y le daba forma a un círculo sólido y compacto, al que la música puliría y decoraría con un brillo distintivo, que además, serviría de canal para hacer trascender un mensaje de paz y de entendimiento mutuo, en el que nos dieron la posibilidad de integrarnos y de sentirnos parte.

Por otro lado, quienes componían este batallón musical, no eran un par de pibes que tocaban la guitarrita, sino uno irrespetuosos totales de todo tipo de instrumentos, que no podían parar de hacer uso, abuso y ostentación de sus virtudes y desparramarlas a los cuatro puntos cardinales. Todos tocaban todo, y aunque tenían bien definidos los roles y sus instrumentos cabeceras, resultaba una imagen común ver que alguien dejara de tocar la batería, para luego agarrar una trompeta y terminar tocando el violín. Un atentado a los sentidos y una energía que a veces sólo la música es capaz de producir.

Yo, que tengo el oído más atrofiado e inútil de la historia, no podía acreditar lo que estaba viendo y mucho menos escuchando. Juli que es baterista, hace percusión y toca tibiamente la guitarra, no podía parar de babearse con tanto instrumento dando vuelta, y Fede, que todavía sigue escuchando el primer disco de babasónicos, pensaba que se estaba gestando una revolución.


Rapeando a lo palestino...
Fede perdiendo el entendimiento...
La cámara estuvo encendida desde el minuto cero, y haciendo malabarismos para intentar lograr un registro ordenado de todos los eventos, nos fuimos metiendo en la vida de un grupo que no opuso la menor resistencia, y que también desde el minuto cero, nos integró en un fin de semana para el eterno recuerdo.

Una vez que Aaron logró ordenar tanta emoción y excitación acumulada, comenzó una presentación formal de cada uno de los participantes. Luego, se delinearon los objetivos del fin de semana, que consistían en la formación de tres o cuatro grupos que trabajarían con un coordinador en la composición de canciones para un concierto en vivo durante el Domingo, cuando todo el mundo se resistiera rotundamente a que como todo, esto también tuviese un final.

Luego del evento formal de las presentaciones, se convocó a un esfuerzo grupal para organizar la mesa  para la cena, ayudar a servir, y lavar y acondicionar todo. Nosotros ocupamos los roles que voluntariamente nadie quería ocupar, ya que con tanta hospitalidad y tanta invitación e integración, nos sentíamos en deuda antes de empezar.

La mesa comunitaria, un recuerdo insondable...
Nos sentamos a la mesa y nos encontramos con varios de los platos más característicos de Israel y Palestina, nos llenamos la panza de una manera impúdica, y empezamos a disfrutar la espontaneidad de estos adolescentes con exceso de energía, que no hicieron más que ponerle notas musicales a todos los eventos que de aquí en más acontecieran.

En esta primer noche y apenas terminamos de acondicionar el salón comunitario, Aaron, atento a la necesidad de evacuar ruido que el 100% de los presentes acumulaban, anunció que habría una presentación formal musical y que tendría lugar en una carpa que se armaría en algo así como dos minutos, donde cada uno se iría integrando en una especie de Jam Session, que significó el puntapié inicial de este encuentro musical de alta calidad.

Heart Beat afinando...
Nos movilizamos en masa rápidamente y así fue como el hi hat marcó un, do, tre, cua, y en un parpadeo, un desierto que ostentaba un silencio demasiado pernicioso, fue inundado de corazón, de ritmo y de virtud musical. En el medio de la sesión arribaron los últimos desaforados que faltaban... Los chicos de Golan Heights entraron a la carpa desparramando una infinita cantidad de onda... que sirvió para cerrar y ponerle el moño a un grupo que ahora sí estaba listo para mostrarle al mundo que cuando hay voluntad, entendimiento y un objetivo en común, las cosas que parecen más imposibles, se pueden alcanzar...

Bienvenidos a este proyecto lleno de ritmo y corazón... Heart beat empezaba a hablar, y si para algo estábamos nosotros acá, era para ayudar a amplificar... Hasta el segundo episodio y muchas gracias por leer... ¡Hasta la próxima!

El interés y la colaboración que cada uno pueda hacer en este proyecto es una suma y una ayuda a una causa de paz y de difusión de los valores y necesidades más básicos del mundo. Respeto, entendimiento, trabajo en conjunto y amor.
Heart Beat... Música en medio del desierto...
Aaron tirando las primeras instrucciones...
7 ene 2012
Israel y Palestina. Un documental desde otra perspectiva. Entrevistas, reflexiones y la casa de Matan, Jerusalem...

Israel y Palestina. Un documental desde otra perspectiva. Entrevistas, reflexiones y la casa de Matan, Jerusalem...

Un día de filmación: Muro de los lamentos, Jerusalem...
A Jerusalem no solamente nos llevaba de la mano el compromiso que habíamos sellado con la Dra. Essawi aquel mediodía en Tel Aviv, sino también la fuerte convicción de que Federico no podía abandonar de ninguna manera Israel, sin haber recorrido los místicos callejones de la ciudad amurallada.

Damascus Gate, ciudad amurallada de Jerusalem...
Arribamos a la city casi al mediodía de algún día perdido en este remolino de vida que licúa los sentimientos, confunde los sentidos y obliga a una constatación permanente de si realmente éramos nosotros los que estábamos allí. Y parece que sí, y se ve que además se encontraban efectivamente a mi lado, Federico Marcello y el nonae Árenzon. Por lo menos eso es lo que dicta la memoria y me revela imágenes de una caminata horrorosa desde la estación central de buses hasta la puerta de Damasco, o si lo prefieren, Damascus Gate, lugar dónde habíamos quedado en encontrarnos con la Dra. Essawi una hora más tarde de lo que llegamos.

Con este tiempo a favor, nos fuimos a dar una vuelta con Fede por adentro de la ciudad amurallada, no sólo para comprar unos cigarrillos palestinos que se venden por un cuarto del precio que lo que se venden todos los demás, sino para buscar un lindo spot para hacerle la entrevista a la susodicha. Claro que lo más importante y lo fascinante de la situación, era volver a impregnarse de los estímulos que tremenda condensación de significados y significantes tiene para ofrecer. La ciudad amurallada en Jerusalem es un parque de diversiones para adultos, y mucho más aún, si la religión no te conmueve en ninguna de sus formas institucionales, como es nuestro caso.

Son un montón de locos juntos jugando a las creencias profundas, que si se me permite la redundancia, profundiza un montón la tensión entre todos ellos. Es como una gran puesta en escena de algún tipo de congreso mundial de la religión, donde asisten los "mejores" exponentes globales y se recontra cagan auto flagelando a ver si ganan el premio a la mayor sumisión, la mayor fe y la más despiadada de las imposiciones. Un montón de dioses represores que se pelean para ver quién tiene el control de la gente y de su economía, y tan poco sentido de la realidad, que a las personas se les venden toures religiosos y otra infinita cantidad de suvenires que deben representar la mitad del PBI de Jerusalem.

Por los alrededores de Jerusalem...
En los alrededores del Domo, parte musulmana...
Epicentro de la ciudad amurallada...
Claro que, como siempre que hay tanta tensión entre poderes económicos tan grandes (y obviamente entre palestinos e israelitas), hay un montón de soldados cuidando que no se vuelen los unos a los otros, corroborando a la vez, que cada persona se mueva "libremente" por este espacio que es la prueba máxima que las instituciones religiosas dividen y fragmentan a la sociedad de una forma tan profunda y extrema, que merecen todas ellas, mi más profundo repudio.

Siento entonces que debo aclarar que esta postura expresa una condena absoluta a la religión en sus expresiones institucionales, pero apoyo incondicional a las creencias internas. Que cada quien crea lo que quiera... Da lo mismo adorar a un dios que a otro, o ninguno, es más, si te cabe adorar paredes blancas, fenómeno. Reafirmamos: lo asqueroso, repudiable y condenable de la religión son sus manifestaciones institucionales y el sectarismo y las atrocidades que de esto se deriva. 

La institucionalidad religiosa es repudiable por sus componentes y elementos de control, de concentración de poder, y de uso y usufructo de las partes más débiles del alma, de lo "humano" y de todos sus miedos. Pero principalmente repudiamos severamente la institucionalidad religiosa por su intolerancia, soberbia, su reaccionarismo sistemático, sus trabas políticas, sociales y culturales, y en una primer y última instancia, porque está basada en la represión, por lo que podemos concluir que puede ser casi peor que la institución policial.

Hablamos absolutamente de todas las religiones, de la a hasta la z, y queremos decir a su vez, que nosotros mismos poseemos creencias internas, que por otro lado no le interesan a nadie, que nadie tiene porqué conocer y que a nadie tratamos de imponer, y eso es lo único que esperamos de las religiones, que se limiten a ser creencias y nada más. No a la imposición de nada, y sí al abandono radical de todo tipo de iglesia. Religión libre para todo el mundo y que el tema nos deje de importar para siempre. Inshallah y Amén.


Esfuerzo religioso volcado en la arquitectura...
El muro de los lamentos...
Cúpula con la imagen de un revolucionario mal proyectado en la historia...
Acá nos confesamos por tanto pecado cometido...
De todas maneras hay que destacar el esfuerzo que la religión ha puesto en la construcción de joyas arquitectónicas invaluables. Se camine por donde se camine, tanto dentro, como en los alrededores de la ciudad amurallada, las iglesias y centros espirituales de todo tipo, son un placer para el alma y un estímulo incomparable para la retina. Finalmente encontramos el lugar para realizar la entrevista, así que volvimos corriendo al encuentro con la Dra. Essawi, quien cerró un interesante capítulo concerniente al proyecto de Parents of Circle, pero con una visión palestina. 

A esta entrevista le siguieron un par personas más que fuimos encontrando en una caminata por la ciudad amuralla, en donde buscamos personas para escuchar las manisfestaciones y las opiniones de las distintas voces que forman el conglomerado árabe-judío. Gracias a dios, que nos ayudó a filmar un ratito y cagó pedos a todos para que no pasaran por delante de la cámara, el material empezaba a tener sustancia. Al mismo tiempo ya nos sentíamos empapados de muchos de los ángulos del conflicto, que por otro lado, ya se había convertido en el tema de conversación recurrente y casi omnipresente en nuestras vidas.

Discusión va, discusión viene, y las recetas para alcanzar la paz que se hacían bollitos y constantemente se tiraban a la basura. Un exprimidor cerebral que intentaba encontrar algún huequito por donde encarar tan complejo entramado de intereses, y un montón de mujeres preciosas que se paseaban delante nuestro e interrumpían la seria y responsable labor que estábamos intentando realizar. El mundo y sus dos mil matices mezclando constantemente banalidades, profundidades, instintos, urgencias, deseos y necesidades. Tremenda ecuación la que uno tiene que encarar todos los días de la vida.

Terminado el asunto de las entrevistas, decidimos que la cámara se apagaba, para constatar si en el día de la fecha dormíamos bajo techo o en la calle. Llamamos al hermano de Netita y le comentamos que estábamos en zona, y como Matan es un capo, otro más en la larga lista de este Viaje por África extendido a Medio Oriente, automáticamente nos pasó su dirección y nos dijo que nos esperaba en la casa cuando quisiéramos. “El espacio es chico, pero se pueden quedar el tiempo que quieran”. “Ok loco, llegamos en veinte minutos”.

Si algo le faltaba a Matan para ser mucho más superhéroe, era estar esperándonos vestido de tortuga ninja al grito de: “Nos vamos de fiesta con unas amigas, hoy termina Purim”. A pesar de que estábamos desmayándonos de cansancio... ¿Quién puede decir que no a tremendo recibimiento?... “Ta bien loco... duermo cuando me muera... dale... dale... que siga...”.


Matan a la derecha y el resto de la troop...
Fiesta de Purim en las calles de Jerusalem...
Ya la cosa era tan virtual que lo único que restaba era seguir poniéndole moneditas al video juego para conocer al resto de las tortugas ninjas, equipo compuesto por tres amables amigas de Matan que también tenían muy incorporado el concepto de “buen recibimiento”, y así todos juntos, nos fuimos a perder en las esquinas de Jerusalem, en alguna de las dos mil fiestas electrónicas que habían desparramadas por las calles.

Pasaron cosas todo el tiempo... Nos encontramos con gente que habíamos conocido en Sudáfrica, nos metimos en una pista de patinaje sobre hielo, charlamos en idiomas mezclados, vimos mucha gente demasiado drogada y sin alma, bailamos con androides, nos la pasamos cambiando de fiestas porque la policía no paraba de hinchar las pelotas, tocamos la guitarra, sacamos fotos, y nos pusimos pelucas y cosas por todo el cuerpo.

En algún momento ya nadie quería saber más nada y Jerusalem tuvo que aceptar que Purim había terminado. La cortamos con la joda, nos fuimos a comer unos fideos, y finalmente después de no sé cuántos días de trasnochar, nos tiramos en los colchones de Matan a restaurar un poco el cuerpo. Bendita seas posición horizontal. Gracias por tanto...

Iglesia loca...
El domo... impresionante...
Fotito a la distancia...
Los siguientes días transcurrieron entre amables paseos diurnos por dentro y por fuera de Old Jerusalem. Por las tardes generalmente le entregábamos nuestros cerebros a la clasificación de material audiovisual en la computadora, al "guitar hero", y a la producción del evento final del rodaje, el proyecto de los chicos de Heart Beat. Cuando las neuronas se empezaban a sofritar y destilaban olor a quemado, abandonábamos todo para ir a recorrer los barrios de Jerusalem, lugares que Matan se encargó muy amablemente de mostrarnos y decorarlos con relatos y reseñas de todo tipo.

Justo en el momento en que el compromiso con Heart Beat nos dictaba que teníamos que cargar nuevamente nuestros bártulos para ir a internarnos al medio del desierto del Negev, tuvo lugar el evento lúgubre de la estadía. A raíz de algunos bombardeos que Israel había estado efectuando sobre el territorio de Gaza, los musulmanes se hincharon las pelotas y respondieron con un atentado en las inmediaciones de la estación central de buses, dejando como consecuencia un muerto y otra cantidad elevada de heridos.

Lo loco de este atentado fue que ocurrió a no más de diez cuadras de la casa de Matan, cercanía que no hizo más que refrescar la idea de hay que disfrutar todos y cada uno de los días de la vida, ya que en el momento menso pensado, te puede tocar volar por el aire, o que se te caiga una maceta en la cabeza, o te resbales en la ducha y la tele se te apague así como si nada... para de paso meterte los planes que tenías para dentro de veinte años todos juntos en el medio del ojete.


Panorámica de la ciudad amurallada de Jerusalem...
Panorámica de la ciudad de Jerusalem II...
Recorriendo la city con Matan...
Lo último que voy a decir es que me sorprendió la relajación y el acostumbramiento que me mostraron ante el atentado los habitantes de Jerusalem, muy bien reflejados en frases como: “Welcome to the middle east”. Los celulares obviamente se convulsionaron, todo el mundo chequeaba y confirmaba que sus parientes o afectos más cercanos se encuentren aún con vida. ¿Qué loco no?... Justo la mañana siguiente teníamos que ir a tomar un bus a la misma estación. Nos alentaba el hecho de que es raro que si un día se cayó un avión, al día siguiente suceda nuevamente, y más aún, en el mismo lugar.

Con esa seguridad estadística, con el corazón en la mano, y con el más ferviente deseo de volvernos a encontrarnos, nos fuimos despidiendo de Matan, y fuimos cerrando el capítulo de Jerusalem, una ciudad alucinante, que como en tantas otras, también pasan cosas feas... Hasta la próxima, cuando esta troop de inconscientes alcance las inmediaciones del desierto y le ponga el broche de diamante a un documental que nos hizo felices, que nos robó un pedazo de ignorancia, y que incorporó a nuestras vidas un montón de personas que valen la pena... Gracias.


Jerusalem nocturna...
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