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16 dic 2010
Lago Bunyoni, remando con fuerza, remando los precios, los ánimos, el bote, te remo uno, te remo dos, te remo tres...

Lago Bunyoni, remando con fuerza, remando los precios, los ánimos, el bote, te remo uno, te remo dos, te remo tres...

Lago Bunyoni... la tierra prometida...
Como alguna canción dice por ahí: “hay que remar igual en la subida que en la bajada”, y de eso se trata este Viaje por África; así que remando y remando con fuerza, logramos llegar a Kabale, pueblo ubicado al sur del país que sirve de base y trampolín hacia esta impresionante joya ugandesa conocida como Lago Bunyoni, lugar en el que decidimos reposar nuestros bártulos hasta que nos aburriéramos de ver agua, montañas y cosas lindas.

De caja de camioneta en caja de camioneta, alguna que otra caminata bajo el inclemente sol y la ayuda de algunos lugareños que nos mostraban los atajos por las laderas de las montañas, aterrizamos con poca pena y muchísima gloria en la mismísima orilla del lago, en un pequeño, pero muy bonito y acogedor hostal, que atentamente escuchó nuestro speech, nos regaló el famoso tres por uno, y se encargó de que no nos faltara nada por el resto de la estadía.

San Julián y San Pablo...
Hay que decir que en esta etapa de Viaje por África destilábamos una cierta necesidad de frenar unos días para reflexionar e intentar procesar algo de todo lo que estábamos viviendo, sintiendo y haciendo. La incalculable cantidad de estímulos a los que estamos expuestos nos mantiene las neuronas expectantes y en constante alerta.

Tanto las situaciones de stress, como las de éxtasis, estimulan la producción masiva de una adrenalina, y aunque es una de las sensaciones más intensas y extasiantes que hemos experimentado, por momentos no suena a mala idea largar la pichicata, y dejar que la cabeza y el corazón se tomen un respiro.

En esos momentos suele suceder que se extraña casita, y el Lago Bunyoni con su hospitalidad y tranquilidad, nos vino como anillo al dedo para esto de bajar los decibeles, y formar un pequeño y fugaz hogar.


Magia verde...
Día de mercado a orillas del lago...
Además, como estábamos en época de lluvia y muy cerca de la línea del Ecuador, por lo menos tres veces al día diluviaba indefectiblemente. Cada vez que esto sucedía, por algunos minutos daba la sensación de que el cielo se iba a caer entero adentro de lago. Este curioso fenómeno estimulaba y reforzaba el ostracismo, ya que no había siquiera motivo para sentirse culpable si no salías a caminar. La excusa era perfecta: ”no, dejá....está diluviando”...

Parte de la troop decidió empezar a ejercitarse por las mañanas y las tardes. Sí, leyeron bien, ejercicios, y no estaban drogados ni nada; pura necesidad de canalizar las cantidad de puteadas que se comen en distintos momentos del día. Por mi parte, que rara vez me guardo las puteadas, decidí comerme un libro de mil páginas en inglés, que me mantuvo 
buscando palabras en el diccionario, casi en estado vegetal en una silla, durante la mayor parte del día.

Eterna tranquilidad,..
Es cierto que por momentos salíamos del hostal, pero sólo por escasos minutos para admirar los distintos puntos panorámicos del lago, que sin duda es uno de los más lindos que hemos visto en nuestras vidas. Más lo mirábamos, más lindo e increíble nos parecía. Cambia de color varias veces por día. A veces estaba tapado por la bruma, a veces adornado por un arco iris, a veces con mucho tráfico isleño, y a veces con esa calma que mete miedo.

Tanto, pero tanto lo miramos, que en un momento decidimos alquilar una canoa e incursionar en algunos de sus recovecos e islitas, para luego ya sí, y de una buena vez opr todas, movernos hacia Kisoro, nuestro siguiente punto en el mapa, lugar en donde intentaríamos meternos de contrabando en un parque nacional de monitos asesinos, aventura central del próximo capítulo...

Hicimos las averiguaciones correspondientes y preguntas pertinentes al cheff del hostalito, y en menos de lo que pelaba una papa, nos puso un bote delante de las jetas, gratis, gracias a un famoso speech que a esta altura se había vuelto una institución, pero que por cuestiones éticas y profesionales no podemos dar a conocer. Así fue que todos a los botes, y con menos idea de remo que Rómulo (cuac), nos aventuramos tímidamente en las aguas del calmo lago con un par de paquetes de galletas y el infaltable mate.
La canoa gratarola...
Remeros audaces...
Una de las imágenes que más se nos quedaron grabadas, fueron las de los turistas que pasaban con sus lanchitas a motor a escasos metros de nuestra canoa, y se nos reían descaradamente viéndonos remar como marmotas y no poder parar de dar vueltas en círculo sin avanzar. Superado el escollo y la verguenza al grito de “uno, dos, uno, dos”, logramos finalmente empezar a adentrarnos en las profundidades del lago. Más allá de nuestra acentuada inutilidad, la que muy orgullosamente fuimos logrando revertir con el correr de los minutos, logramos desembarcar en una isla superpoblada de eucaliptos, que por cierto no fue que la elegimos... simplemente fue la única a la que pudimos llegar.

Adentrados en las aguas del lago...

La isla regalaba vistas magnánimas. De repente nos encontramos con un mega hostal, en el que tuvimos la suerte de conocer a una pareja de españoles, con quienes finalmente compartimos una buena parte del día, y que dicho sea de paso, les agradecemos las cervezas que nos invitaron durante aquella lluviosa tarde "invernal".

La vuelta hacia tierra firme, luego de conversaciones políticas, turísticas y filosóficas, la hicimos un cachito entonados, y también un poco apresurados por miedo a que se largara uno de los tantos diluvios universales con los que se suele despachar el laguito; así que al grito de “uno, dos, tres, cuatro” (habíamos evolucionado), tardamos mucho menos que a la ida, y previa visita al hostal que estaba enfrente del nuestro, dejamos el bote en su lugar de origen y nos fuimos a hacer yoga con el oso Yogui.


Que paja man... ¿vamos nadando mejor?... (Oso Yogui de fondo)...
Misión cumplida...
El día estuvo lleno de magia. Con el paseito marino habíamos terminado de sellar la estadía en el Lago Bunyoni. La hija del dueño le puso más magia a la magia cuando nos invitó a comer como hacía tiempo que no comíamos. Como si fuera poco, nos abrió una invitación de estadía gratis por las noches que quisiéramos. Sos una genia Patra. Gracias...

Por último y ya para recibirse de hada madrina, cuando vió que estaba por diluviar, nos “convenció” de no dormir en la carpa y nos metió adentro de una habitación con techo y camas... ¿Qué más podemos pedir? Esta gente es Uganda, esta generosidad, esta buena onda y este relajo.



Nosotros super felices, panza llena, corazón contento. Menos estresados, y con el norte bien plantado. Nos fuimos a dormir con el ruido de la lluvia. Sólo restaba descansar y ver con qué aventura nos despertaría el nuevo día. Lago Bunyoni... palo y a la bolsa ¡Hasta la próxima!...

El jardín del Edén...
El inconmensurable lago Bunyoni...
 El mercadito central del pueblo a la vera del lago...
La chica quiere plata...
15 dic 2010
Uganda tours y Viaje por Africa, más entretenido y más barato...

Uganda tours y Viaje por Africa, más entretenido y más barato...

Llegando a Mutukula... frontera ugandesa...
Para abandonar por un tiempo la desidia y la pereza que a mucha honra supimos adquirir en la casa de Trine, no encontramos mejor actimel que salir a puro dedo hacia Uganda. En este caso el octavo país que esta humilde troop cubre en el continente africano, y otro paso significativo en la batalla en nuestro desmedido ascenso hacia tierras egipcias, objetivo principal en este descomunal y todavía desconocido continente. Así fue que cargamos las mochilas sobre nuestras maltratadas espaldas, cambiamos chancletas por zapatillas, y pusimos primerísima hacia la frontera de Mutukula, para ver cuánto tenía de cierto que nos iban a dejar entrar gratis.

Juancito y amigo custodiando los bolsos...
Y arrancamos con ese sentimiento de viaje Don Juan Hernández Lozano: “¡Qué coño!”... No hay nada más estimulante que no tener noción de en dónde te estás metiendo, pero las “ideas claras” de cómo vas a llegar. Lo único que sabíamos era que teníamos que pasar por una ciudad llamada Bukoba, que no queríamos pagar transportes, y que al oficial que te pone el sello, le teníamos que contar una historia para que nos dejara pasar. El resto entonces, y según lo resume muy bien Torrente... es aire. Así arrancó el día, a puro sol, a pura adrenalina, con el orgullo de habernos metido en el bolsillo un país tan delirante como Tanzania, y con la intriga y la emoción de algo absolutamente nuevo a escasas horas y kilómetros de distancia.

Los bártulos de siempre y para siempre...
Aunque al final las escasas horas se transformaron en dos días. A pesar que las distancias no son tan extensas, las rutas no son las mejores y los medios de transporte tampoco los más aptos. Pasamos la noche en algún remoto páramo perdido en el medio de la nada, y luego de algunos autos privados, camiones, mini vans, más el cruce de algún río que se interpuso en nuestro camino, logramos arribar a la empobrecida ciudad fronteriza pisando la hora de cierre.

Ya teníamos listo aprendido y repasado el discurso para intentar evitar el pago, así que luego de juntar valor y sellar el último adiós con Tanzania, fuimos a encarar y a explicarle al supremo comandante pone sellos, nuestra “complicadísima” situación en el continente. En fin, el speech no lo voy a reproducir porque me da un poco de verguenza. 

Me limito a comentar que luego de aproximadamente cuarenta minutos, y de que nos dieran el oscar a mejor actor principal (Juancito) y elenco de reparto, Don sellito nos terminó regalando tres bonitas y circulares estampas violetas, que certificaban que nos podíamos quedar legalmente en el país por un período de treinta días, y aunque todavía sigo sin poder creerlo, realmente lo hizo gratis. Un aplauso y muchos besos en el mostacho para el generalísimo, un tipo de notoria sensabilidad y de acentuada despreocupación. Ojalá todos los generalísimos fueran como él.
Esas fotos mágicas...
Verde Uganda...
Con la sonrisa incrustada en la vida, salimos a espantar a los cambistas y a tratar de conseguir algo para gular y contrarrestar un avanzado estado de desnutrición que ya empezaba a entorpecer nuestros movimientos. Así fue que preguntando, pegando trompadas al aire, y haciendo muchas cuentas para dilucidar si como de costumbre nos estaban intentando timar con lo precios, nos encontramos con el que sería el mejor amigo de nuestros estómagos durante la incursión en este pequeño país bananero: ”Don Chapati” y su pandilla: huevo, Tomatón y Mr. repollo... un sociedad que se encargaría de estropearnos un poco el estómago, pero decidida a asegurarnos las condiciones energéticas básicas para continuar. Dame cuatro mil e inyectame un poco de azúcar con burbujas por favor...
Si alguien pasa y se los lleva nos hace un favor...
En fin... con el objetivo cumplido, y panzones y relajados, nos dedicamos a buscar un rincón para tirar las bolsas de dormir y dejar reposar nuestros maltratados cuerpecitos. La frontera había cerrado, y con ella, el tráfico hasta la siguiente mañana, momento en el que podríamos reanudar nuestra aventuras ruteras para intentar alcanzar “Mbarara”, punto nexo intermedio y necesario antes de rumbear al primer punto de interés propuesto por esta troop: el "Lago Bunyony”.

Nos terminaron invitando a dormir adentro de una estación de servicio. Una hermosa actitud que dejaba entrever la hospitalidad, la buena voluntad, y la predisposición de los ugandeses
Y sueño, chapati, chai, y mates mediante, nos dimos a la fuga con el alba. Volvimos a la ruta y nos encontrarnos nuevamente con los típicos rostros de conductores asombrados, maravillados y desorientados por nuestra presencia. Volvimos a encontrarnos con esa estimulante sensación que nos producen las cajas de camionetas que nos acercan a destino.


¡Sintonizala por internet!...
Camino a Masaka...
Atravesamos un primer pueblo donde nos topamos con un personaje que nos paró para pedirnos pasaportes por ningún motivo, alegando que trabajaba para el FBI, y que estaba controlando el terrorismo en el país. No nos reímos en la cara porque la estupidez rozaba mal gusto. Nunca logramos entender si era sólo un poco tonto, coimero, molesto, o simplemente policía. Una vez superado el intercado, nos levantó una pareja que nos llevó hasta una ciudad llamada Masaka. Durante este tramo, Uganda ya se empezaba a desplegar como uno de los paises más lindos del mundo. 

Las montañas minadas de cultivos... con más tonalidades de verde por metro cuadrado de las que nuestros cerebros podían reconocer. Uganda se iba abriendo paso a pura plantación de banana, infinita variedad de árboles, inmensa cantidad de flores, e inabarcables paisajes de muy extrema y particularísima belleza. 
Absolutamente maravillados y felices con nuestros primeros movimientos por estas latitudes, seguimos viaje hasta Mbarara, tramo en el que además tuvimos los primeros contactos con el Luganda, el idioma oficial, y demás aspectos culturales básicos, históricos y económicos, que siempre resultan interesantes e importantes de aprender, ya que son el arma fundamental para relacionarse.


Si los cuernos los cocinás un buen largo también quedan ricos...
Luego de tres días y dos noches algún camión nos dejó en el centro de Mbarara. Ahora sí estábamos en una inmejorable posición para comenzar la conquista de los sitios más interesantes y sobresalientes de Uganda .Parafraseando a Charly: “la entrada fue gratis, la salida vemos...”. Por el momento ya estamos surfeando nuevas y hermosas carreteras. La parada en Mbarara sólo la hicimos para descansar y tomar una cervecita de fin de semana. Nuestro próximo destino en menos de veinticuatro horas. Sepan que estamos brindando a su salud y que restan muchísimas aventuras más... Un beso, un abrazo y enseguida volvemos...

La hermosura de las rutas ugandesas...
Relatos de Uganda (Viaje por África - Capítulos del 082 al 088)

Relatos de Uganda (Viaje por África - Capítulos del 082 al 088)

14 dic 2010
Mwanza, el lago Victoria y la mansión de Trine...

Mwanza, el lago Victoria y la mansión de Trine...

Mwanza y su rústica belleza...
Llegar a Mwanza y particularmente a la casa de Trine, automáticamente invita a un relajo sin precedentes y a una vagancia extrema. Recién llegados a la casa, lo primero que hizo nuestra anfitriona fue mostrarnos los cuartos... mientras se nos caía la baba y nos la limpiábamos a escondidas, le decíamos en nuestro inglés sudaka: “yes, it's more than enough, don't worry, we will be fine”.

Los cuartos eran todos con baño en suite, cada uno el triple de grande de las pocilgas en las que veníamos acostumbrados a dormir los últimos tiempos, y como si fuera poco, con agua caliente, cosa que directamente nos habíamos olvidado que existía. Juan se dió media vuelta y esbozó en español cerrado: “vacaciones”.

Suite nupcial...
Las cartas estaban echadas. A partir de ahora, moverse del sillón y de la cama, debería estar motivado o por urgencias físicas, o extremas necesidades de continuidad del viaje que se pueden resumir en: cómo aproximarnos a Uganda, qué ruta tomar, y cómo íbamos a hacer para no pagar la visa. Todo lo demás fue postergado hasta nuevo aviso. Nos abocamos a seleccionar los libros que leeríamos, las series que miraríamos, y a confeccionar una lista de supermercado que nos habilitara a no salir de la casa por lo menos por un par de días.

A Trine la fuimos conociendo muy rápidamente ya que era bastante inquieta y le muchísimo gustaba hablar. Con todo esto, era la única capaz de generar alguna propuesta para sacarnos de nuestra rutinaria rutina de nada. Trine además es una persona muy relajada y abierta. Diría que no le hubiera importado si corríamos todo y armábamos una fiesta... De todas maneras con el cansancio que teníamos, no llegábamos a colgar ni la primera guirnalda.


Gracias Trine... de corazón...
A veces se le soltaba una tuerca de repente y echaba risas sin razón y super exageradas, hechos que en conjunto terminamos adjudicando a su norueguez. Había llegado desde el frío país nórdico a trabajar en un banco de sangre. Era notorio que se sentía muy sola, aunque no sin razón, ya que batallar Mwanza "alone" supone una gran energía y una muy escueta comunicación con sus habitantes, que como hablan swahili y no practican mucho el inglés, lo único que hacen es mirarte como si fueras un extraterreste jodido, sin parar, sin pestañear, y a cada paso... y aunque te vean todos los días de su vida.

La gran pregunta que me hago desde que llegué a
África: "¿porqué esta gente se sigue sorprendiendo de ver blancos, si los ven todos los días, e incluso conviven con ellos?" ¿Porqué les seguimos pareciendo tan mutantes y extraterrestes? ¿De qué se ríen cuando te ven? ¿Porqué les parece tan gracioso que vayas a comprar algo, o mirarte comer? Todas preguntas a las que todavía no les encontré respuestas convincentes, y no creo que se las vaya a encontrar. Lo más razonables es que, como lo chinos, sepan algo que nosotros no sabemos...

Joyas arquitectónicas...
Las típicas formaciones rocosas del Lago Victoria...
Mwanza es una ciudad perfecta para no hacer nada porque tampoco tiene tanto para ofrecer. Su única virtud reside en estar al borde del lago Victoria, en donde resaltan unas muy llamativas formaciones rocosas, que también se encuentran por algunas esquinas de la ciudad. Son grandes masas de piedras de raras formaciones asimétricas e insertas en medio de casas, en el borde del agua, o en las mismas montañas que rodean la ciudad.

Los mayores atractivos turísticos de Mwanza se encuentran en su mayoría fuera de Mwanza, o en algunas islitas adentro del Lago Victoria que albergan pequeños parques naturales que hacen de las delicias de los pocos turistas que se aventuran por esta parte de Tanzania.


Eligiendo la cena...
La cena propiamente dicha...
Nuestra relación con la ciudad se resumío en largas visitas a los mercados para comprar nuestras verduras, hacer matar algún pollo, o babearnos con un poquito de carne. Como no pensábamos realizar actividades y no estábamos pagando sucuchos mugrientos, nos pudimos permitir subir un poquito de peso con desayunos ricos y sustanciosos, y hasta tomar un vino y algunas cervezas de noche.

Transportando cañas de azúcar...
Por supuesto que hicimos la caminata obligada a la vera de lago, pasamos por el puerto, charlamos con un millón de personas, y fuimos una tarde a una pileta que nos invitaron quien sabe quién y porqué. Participamos del final del Ramadán cenando al frente de una mezquita, e hicimos largas caminatas nocturnas para aceitar las articulaciones que de día dormían la mona por vagancia; y porque además, de noche resulta ser mucho más agradable, fresco y cambalachero para pasear. Muchas calles están iluminadas con velas y se puede ver a la gente vendiendo de todo... aún a altas horas.

Mezquitalandia...
Esa mezcla africana...
Puertas adentro cada uno demostró sus habilidades en la cocina, ya que hacía un montón que no teníamos una que no sea a nafta y que duré más de quince minutos prendida. Le usamos a Trine todo el aceite de oliva, que también nos habíamos olvidado que existía; comimos huevo, tomamos mucho mate, y nos la pasamos matando mosquitos gigantes que nos succionaban la sangre... únicos seres capaces de irritarnos y de hacernos mover del sillón o de la cama.

A la noche se desataban largas guerras mundiales para eliminarlos a todos, y así, las paredes iban quedando manchadas de nuestra propia sangre, que luego de ser robada insistente e impúdicamente, nos encargábamos de ajusticiar. Hay que agregar que Mwanza tiene altos índices de malaria, lo que en cierta forma justifica y acentúa un poco más, la agresividad contra este maldito bicho impune.

Mwanza es en gran parte aburrido como este post, pero gracias a eso nos permitimos ahorrar energías que ciertamente íbamos a necesitar, y sentados en los sillones, pasamos nuestras noches con Trine en charlas que sucumbían en su mayoría en la nada, hablando de a ratos, y de a ratos, prefiriendo callar.


¿Hay joda hoy?...
Logramos poner al día algunas cosas y organizar nuestra partida hacia Uganda, el próximo país que se atravesaría en nuestro camino. Con más de cuarenta y cinco días en Tanzania, pusimos en marcha nuestras espectativas nuevamente, y empezábamos a decirle chau a un lugar del que nos llevamos alguna que otra bronca, pero también un vagón de cosas buenas, lleno de experiencias y de vivencias que serán definitivamente imposibles de olvidar.

Vaya el saludo para todos los que nos dieron una mano al paso y para Trine, nuestra primera couchsurfera que nos atendió como reyes, apareciendo en el momento justo, con el relajo justo y con su perfecta locura jovial... ¡Salud!
13 dic 2010
Mwanza, a puro dedo y a mucha honra... una forma de seguir...

Mwanza, a puro dedo y a mucha honra... una forma de seguir...

Dedos para el recuerdo...
A partir de la más que positiva experiencia en Karatu, presionados por los tres o cuatro meses que quedaban por delante hasta alcanzar Egipto, y en vistas que nuestras cuentas bancarias dicen que es imposible lo que nos estamos proponiendo, decidimos bajo juramento no pagar un sólo transporte más, hacer toda la ruta restante a dedo, dormir a través de la famosa página couchsurfing.org, no pagar visas, e infringir cualquier puerta de entrada hacia los atractivos más sobresalientes de cada uno de los países.

Así fue que pusimos primera hacia el inmenso Lago Victoria, más precisamente hacia la renmobrada ciudad de Mwanza, lugar donde Trine, nuestra primer couchsurfera noruega, nos esperaba dispuesta a albergar a esta triple troup, con los brazos abiertos y los pelos al viento. Más que contentos y espectantes salimos tempranito por la mañana a cubrir la extensa y difícil ruta que nos llevaría a destino, experiencia que nos meteria de lleno a surfear el desconocido mundo del dedo en el África Meridional.

Cajón de camión...
Desde arriba...
De Karatu nos sacaron en un camión gigante de turismo transafricano, que para alegrarnos la mañana nos convidó los restos de alguna comida, que como desayuno iba como trompada. Nos "tiró" en la salida del pueblo más cercano, lugar en dónde empezamos a toparnos con algo que sería una constante: los africanos que no pueden entender que un blanco no tenga dinero, y mucho menos aún, que esté en la ruta pidiendo que lo lleven. Las situaciones surfeaban entre la más pura de las gracias y el más intenso de los tedios. La gente se acumulaba alrededor nuestro en manadas, haciendo preguntas en idiomas inentendibles, y hasta regalándonos comida como naranjas y maníes. Me resultaba paradójico estar en África y que me den comida. Ese momento luminoso en el que uno puede afirmar con gran convicción: ”soy una rata...”

Paisaje Tanzano...
Las combis-colectivos frenaban, se amontonaban, y se desorientaban. Costaba bastante hacerles entender que no íbamos a subir porque no queríamos pagar. Nos agarraban las mochilas y nos miraban tratando de entender qué extraña estupidez poseía a nuestros pobres cuerpos blancos. Cuando finalmente se cansaban de no lograrlo, tiraban la toalla, encendían nuevamente el motor y se iban. Algunos más piolas se reían, otros más resentidos se enojaban, pero nadie era indeferente a nuestra presencia y/o actitud... Lo que por otro lado hacía el viaje más entretenido, pero a la larga, algo más difícil y desgastante.

Nuestro siguiente "lift" fue auspiciado por una camioneta de turismo safari, de estas que van abiertas en la parte de atrás y tienen asientos bien elevados para que la gente obtenga una buena panorámica de los paisajes. Esos kilómetros de viaje fueron una delicia de libertad y puro placer al sol. Hasta tuvimos la suerte de ver un par de animalitos que correteaban por las praderas circundantes. Un viaje relajante lleno de lindos y coloridos detalles.

Dale que vaaaa...
La camioneta nos dejó en el cruce donde llegaría a nuestras vidas el personaje principal de éste tramo del viaje, Nasser, un árabe que nos tuvo algo de pena y nos recogió  en una Land Cruiser muy nuevita. Un tipo con la mirada piadosa, cara de buena persona, y acompañado por dos de sus empleados musulmanes. Entre todos nos darían el aventón más importante de este tramo, atravesando un camino de ripio totalmente destruído , e invadido por chinos que intentaban construir una ruta. Chinos, sí, chinos...

El árabe genio se dirigía hacia un pueblo llamado Singida, ciudad donde vive junto a su familia, pero que queda a una buena cantidad de horas de Mwanza. En un momento frenó en medio de la ruta y nos invitó el almuerzo. El tipo, aunque estábamos en medio del Ramadán comía igual. Sus empleados, musulmanes un cacho más ortodoxos, nos miraban con hambre, pero esperaban resignados la caida del sol. Es un bajón comer o beber delante de personas que no pueden, aunque sea por religión, pero bueno... nosotros no somos devotos de ningún dios represor, así que: "venga el cabrito y lo queremos crocante...".

El tipo terminó siendo de esas personas tremendamente generosas, que se pasan en buenas actitudes y comparten todo con una mirada clara, transparente, humilde y tranquila. Para confirmar cuan groso era, una vez llegados a Singida, ya en horas nocturnas, sin siquiera preguntarnos, nos llevó directo hacia a su casa, en donde nos esperaba una alfombra desplegada en el piso con mucha más comida. Esta vez en compañía de sus empleados degustamos exquisiteces árabes por millón, más té, café, y dos tipos de carne, Sí... dos.

Como si no se hubiera zarpado en anfitrión, cuando terminamos de deglutir como monos, ya teníamos un cuarto asignado para dormir y continuar el viaje a la mañana siguiente. Algo estupefactos, pero infinitamente agradecidos, nos entregamos al mundo del sueño y la modorra, con una sonrisa de satisfacción y de buen humor que nos duró hasta la mañana siguiente. Un saludo muy grande para este árabe buena persona, minero del oro, esmeraldas y diamantes, que le metió ese chorro de confianza a un grupo que definitivamente la necesitaba.

La mañana siguiente, luego de que nos dejara en la estación de bus porque no le podíamos hacer entender que queríamos seguir a dedo, nos despedimos, y volvimos a la ruta a terminar lo empezado. El día entonces nos llevó de auto en auto y de camión en camión por rutas desoladas, pero amables y llenas de gente buena.


Una siestita sobre las bolsas de cemento...
Hay que destacar el primer lift en una camioneta plagada de chinos (los chinos me desatan muecas de risa), en la que todavía no sé como hicimos para caber, ni porqué llevaban a otro chino en la parte de atrás aplastado entre una caja y la puerta, quien no podía casi respirar y cuando bajamos estaba rojo... chinaje groso; y el último, un camión que nos depositó en horas nocturnas en Mwanza, luego de llevarnos de ilegales en la caja, lugar donde nos teníamos que esconder constantemente atrás de unas bolsas de cemento para que la policía no nos viera, y lo dejaran pasar.

El calor un constante enemigo. El cansancio de dos días de ruta y dedo se hacía sentir, pero lo habíamos logrado, y no solamente no habíamos pagado el transporte, sino que además nos habían dado casi todas las comidas gratis. Una linda, alentadora, y barata forma de comenzar.

Muy cansados, pero también muy contentos nos encontramos con Trine, quien le puso la frutilla al postre con su buena onda y con una mogo mansión infectada de todas las comodidades que una persona “normal o media” pudiera desear. Nos había preparado además una comida de bienvenida, y luego de una breve charla introductoria, nos fuimos a bañar, y a descansar...

España llegando a Mwanza...
Entonces y para terminar: vaya este post para reivindicar el dedo, no sólo como una forma de ahorrar dinero, sino también como una forma de darle rienda suelta a situaciones que uno no puede preveer que va a vivir, para conocer gente que uno nunca hubiera conocido, para saber aceptar la generosidad de quien se sensibiliza ante esta situación, para que el viento de una caja te infle de libertad, y para enaltecer a las personas que sin conocerte te abren las puertas de su casa, de su intimidad y te comparten su vida, así, tan al pasar, haciendo de cada momento una vivencia única e irrepetible y dejando una melancolía impresa en el alma: el recuerdo de esa persona que te ayudo y que muy probablemente nunca más te vuelvas a cruzar.

¡Salud! y hasta la próxima...

Un coro de uno de esos pueblitos intermedios...
12 dic 2010
Karatu y las locas aventuras animaladas de ayer y hoy...

Karatu y las locas aventuras animaladas de ayer y hoy...

Lago Manyara...
“Siempre que llovió paró” decía el negro más lindo de todos los tiempos, y para confirmarlo, quizo el destino que nos acerquemos hasta este pequeño pueblito incrustado en unos de los paisajes más refrescantes, ostentosos y lujuriosos de todo el viaje. Karatu es una minicomunidad de gente buena y linda que emerge estratégicamente en medio de las entradas a los parques nacionales más representativos de ÁfricaCuriosamente no es un punto turístico de mayor importancia, sino más bien, un lugar que la mayoría del turismo mira desde las robustas Land Cruisers que constantemente desfilan por la carretera principal para luego adentrarse en alguna de estas costosas esferas de vida animal y alucinaciones naturales.

Encuentro cercano del primer tipo...
Y nosotros llegamos sin un mango, pero con muchas ganas de ver animalitos, pero para eso teníamos que  transformarnos en delincuentes de poca monta y meternos por las puertas de atrás a todos lados, con el alto riesgo de que además, nos hicieran un quilombo continental. Aunque estando acá nos importaba todo bastante poco, y hasta la deportación del país estábamos dispuestos a jugarnos, si a cambio de eso lográbamos quebrantar alguno de los inflexibles y hasta resentidos sistemas de seguridad tanzanos, y robarles visualmente todas la experiencias con sus animalitos. Con esa idea bien clara en la marulo nos fuimos a buscar alternativas, y como preguntando se llega a Roma, obvio que también a la puerta de atrás del Parque Nacional Lago Manyara...

Primer robo visual...
Las orillas del lago salpican los alrededores de un pueblito vecino a Karatu llamado Mosquito River, cuya buena gente nos tendió esa mano amiga absolutamente ajena al negocio del gobierno y de los operadores turísticos, y muy solidaria y sonriente, nos indicó el camino alternativo que es el que usan los pescadores de la zona. También nos advirtieron que era muy probable que nos topáramos con los rangers, pero los rangers se pueden ir al ojete uno por uno, y montados en un par de bicicletas que conseguimos alquilar por dos dólares, fuimos hasta el lago a hacernos los bandoleros...


Primer acercamiento al Lago Manyara...
Y como bandoleros debemos confesar que nos va bastante bien. Con un orgullo muy grande debo decir que en escasos treinta minutos, y luego de atravesar un bosque precioso, se hizo la luz, y el claro nos dejó visualizar a lo lejos la típica camioneta de safari llena de turistas, a los pescadores en su tranquila rutina, y alrededor de ellos un color rosado intenso, que no eran ni más ni menos que una infinidad de flamegos que reposaban en la orilla del lago, que mientras toman agua y comen, de paso lo adornan.

Decidimos hacer las cosas lo más relajados posibles sabiendo que tarde o temprano nos iban a venir a buscar. Nos acercamos hasta la orilla y sacamos el mate para brindar. La situación fue hasta aquí, una de las más adrenalínicas y maravillosas del viaje. Tres atrevidos en bicicleta, tomando mates con los pescadores, rodeados por cebras, jirafas, ñus, flamencos, etc, y las camionetas que pasaban cargadas con miles de dólares en turismo preguntándose... "¿Cuánto sale en bici?"... en fin... un placer...


Ponele marquito a la felicidad boló...
Español argentinizado...
Brindar no cuesta nada...
Consumando el delito...
El lago Manyara es absolutamente maravilloso, y si bien el precio de la entrada es un absoluto disparate, se puede entender que quien tenga la plata lo pague. Tanzania no da alternativas (ya que todo el lago está dentro del parque nacional) y, o soltás los billetes, o te privas de uno de los lugares más impresionantes y hermosos que hemos visitado en nuestras cortas y efímeras existencias.

Imagen mágica...
Botes y pescadores...
¡Dame un abrazo vieja!...
En fin, el primer señor enojado llegó como a los cuarenta y cinco minutos, con un "calenchu calenchu" bastante jodido. Nos trenzamos fuerte a partir de que nos dijo que "cualquier persona que sea blanco de piel tenía que pagar por ver esto". Nos plantamos medio de mala onda y lo mandamos a freir papitas, y ante la mirada incrédula de los pescadores, se retiró prometiendo venganza y destrucción.

Nosotros más que entregadísimos, montamos las bicis y decidimos dar un par de vueltas más por las praderas. Abundaba una cantidad de vida animal que no habíamos tenido nunca la posibilidad de disfrutar tan libremente, así que tentando un poco más a la suerte, decidimos sacar unas cuantas fotos extras y curiosear. La sensación de éxtasis iba de pies a cabeza. Las risas brotaban con atisbos de orgullo malicioso, que iban dedicadas a todo potencial ranger que estuviera por aparecer...

Y aparecieron, claro que sí, a la hora y media que había venido calenchu man, y sólo minutos después de que habíamos decidimos la retirada con los ojos llenos de información imborrable. Nos encontraron sentados en el bosque con una sonrisa incrustada, armando un par de sanguchitos, casi listos para gular.

El equipo de castigo formaba con venita, venón, venancio, y otros que también tenían la sangre aglutinada en el cuello, denotando una sed de venganza maligna y violenta. No caían que tres nabos como nosotros se les hubieran filtrado tan fácilmente por el camino de los pescadores, que además y para nuestra suerte, no tiene ni un misero cartelito que prohiba el paso... "¿te querés matar, no?" era la pregunta que teníamos en los ojos y que adornaba nuestra perversa tranquilidad...

Familia de jirafas...
Ñus al natural...
La cosa se puso un cacho más áspera cuando aparecieron rambito y rambón en una 4x4, con dos ametralladoras medio gigantes y nos dijeron: “vamos a la oficina a arreglar este asunto”"Epaaa... ¿te parece?... y daaleeee..." cuestión que todos montados en las bicis fuimos volviendo para el pueblito con la camioneta de Arnold y Balboa escoltándonos desde atrás, y con todos los venita rodeándonos en círculo, babeándose con su casi palpable venganza. Juraban por sus madres que nos la iban a poner, pero no contaron con nuestra astucia diría el Chapulín. Esta banda de inconscientes tenía una carta aún bajo la manga, y esa carta era la de darse a la fuga...

Si todavía no habían digerido el ultraje al parque, calculo que cuando vieron que llegando al pueblo nos pegamos dos gritos en español, dimos media vuelta y empezamos a pedalear lo más rápido que pudimos, supongo que se indigestaron con la incredulidad, y después les debe haber agarrado úlcera. Tengo en mi memoria la cara del ranger que manejaba, que me miró absolutamente desorientado y atónito, y hasta quizo balbucear algo, pero no tuvo tiempo... ”¡Chau amigo!... yo, al igual que Cartman, me voy para allá...”...

Pedaleando a todo lo que da llegamos abajo de un árbol, dejamos las bicis, le dijimos a la banda de matones venosos que nos venía persiguiendo que si no eran policías se borraran... (por suerte no lo eran); salimos caminando hacia la ruta, hicimos dedo y la primer camioneta que pasó, paró, nos subimos y nos fuimos... así de loco, así de simple. Por si fuera poco, el tano buena onda que manejaba, frenó en el mirador del lago, cosa que nos permitió obtener la foto postal y que rubricó y selló con oro del que no se ve, la emocionante mañana...
Banda y figureti...

En la reserva natural de Ngorongoro...
Todavía nos seguimos descostillando de la risa casi sin poderlo creer... una risa que agradece eternamente a Karatu, a Mosquito River y a su gente, porque además de este precioso parque aventura, nos regaló también una parte de la reserva del Ngoronoro, una inolvidable visita al mágico y atemporal pueblo de Mangola, y amigos y personajes que por razones de tiempo y espacio no podemos detallar.

Esperamos entonces se conformen con las fotos y que las disfruten, ya que hasta el momento son lejos las más valiosas de esta locura continental. Hasta la próxima...

Camino a Mangola...
En Mangola caminando sobre un lago seco...
Gente del barrio...
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