4 ene. 2011

Lago Turkana (tetralogía especial)... Volver al pasado (Tercera parte)... North Horn, Ileret y Quijote y Sancho Panza...

¡Bienvenidos a North Horn!...
Luego de un par de calurosas horas viajando en la super nave espacial de la comuna católica, arribamos a North Horr, un lugar encapsulado en el tiempo, condenado a vivir siempre en la misma era, donde los minutos no pasan, las cosas no cambian, y el silencio es sólo interrumpido por el balido de las cabras, el grito de algún borracho descontento, o el viento caliente que transita una de las atmósferas más estáticas que hemos visitado.

Cualquier mínima cosa que suceda es una novedad, y muchísimo más, la llegada de alieníjenas blancos haciendo turismo en naves espaciales, desembarcando con sus inverosímiles equipajes en el medio de la “calle” principal... Flash Gordon... y también Flacon... cuaracuacuaaa cuaracuacuaaaa...

Gracias al cielo teníamos puestos los anteojos 3D y estábamos estrenando una barrera energética espanta mutantes. Todo ello porque nos teníamos que mover extremadamente rápido, debido a un mito que sentencia que: si uno permanece 
por más de 24 horas dentro del adimensional pueblo, va a quedar condenado a vivir para siempre la misma realidad, y a terminar como el cura alemán que maneja la misión católica, que además de haber quedado para siempre atrapado en North Horn, se le soltaron un par de tornillos, le creció desmedidamente el bigote, y se empezó a tonar un poco pervertido.

Casita en el medio del desierto...
Por suerte, y a pesar de la urgencia, este indescifrable personaje nos recibió con los brazos abiertos, por lo que luego de escuchar pacientemente nuestra aventura, nos puso a disposición una casa que estaba desocupada y la eterna hospitalidad del señor, por el tiempo que necesitemos... (que según el cura podía llegar a ser mucho).

Citando sus palabras: “en este espacio dimensional los viajes en el tiempo son difíciles de encontrar... al ser una dimensión desconocida y estática, no muchos son los que se atreven a transitarla... Además, ya ven mi perverso bigote... hace años que no me lo puedo quitar... Necesitarán de toda su fuerza y una gran dosis de suerte para escapar...”... y concluyó: “la dimensión rastafaraaaa está muy cerca, pero es extremadamente jodido de acceder y mucho más difícil aún de atravesar... Fumaron tanto porro que tuvieron algunos panick attacks y ahora se persiguen por todo... Avancen hasta Ileret, la dimensión vecina, y si logran llegar pregunten por Don Quijote y Sancho Panza... ellos los sabrán ayudar... Dios los bendiga”... Dicho esto, se prendió la mecha y pusieron la música de Misión Imposible...

Y ahí fuimos, a revisar todas las coordenadas de North Horn, aunque luego de rato largo de fracasos y desilusiones abandonamos la búsqueda y nos fuimos a mirar al espejo... el bigote estaba asomando... Nos teníamos que afeitar...

Qué bueno que está, pero... ¿Cómo salgo de acá?...
Una montaña, una casa y la nada misma...
Cuando casi habíamos perdido todas y cada una de las esperanzas y la negra noche ocultaba la silueta de la desierto-ciudad, vimos una luz blanca que entraba en los dominios de la estática dimensión. La esperanza nos eyectó del lecho, nos miramos y... pero... ¿es que... podrán ser ellos?...”. Nos pusimos los calzados intergalácticos y fuimos a chequear.

La emoción no se hizo esperar, no había dudas. Era una nave de la organización del “World Food Program”, unos jinetes interespaciales buena onda que viajan por galaxias y dimensiones lejanas, llevando comida y avances tecnológicos provenientes del futuro. Para nuestra alegría y salvación eterna, se dirigían hacia Ileret. “Los llevaremos en nuestra nave, pero el viaje es largo y difícil... la última vez que lo hicimos estuvimos nueve días parados por un desperfecto en la ruta de viaje”... ”saldremos a las cero seiscientas de la mañana. Prepárense... y que la fuerza los acompañe...”.

Nave  intergaláctica del World Food Program atravesando las dimensiones de lo desconocido...
Por suerte todo salió perfecto. Apenas un par de horas pasado el mediodía, y luego de transitar una ruta muy turbulenta e inhóspita, llegamos a Ileret, una dimensión violenta, villera y dejada, totalmente derretida y distorsionada por el calor. Para colmo, gobernada por un bicho mutante con forma de mujer que digita el único lugar para comer, darse una ducha o conseguir un refresco, y que sólo habla lenguaje de números o dinero. Es desagradable, maleducada y cochina. Por suerte teníamos el dato de la misión de Don Quijote y Sancho Panza, dos luchadores episcopales que manejan un bunker religioso que pretendíamos fuera nuestro próximo hogar.

Los alrededores de ésta indescriptible dimensión están habitados por seres que viven en huevos de chapa antireflex, no portan vestimenta alguna, suelen ir caminando con cabezas de corderos recién degollados en el marulo, y se acercan en manadas a observarte y analizarte en cualquier lugar del territorio que te intercepten. Adornan sus cuerpos llamativa y coloridamente con aros, brazaletes y elementos no identificados. Seres evolucionados que no necesitan de nada para vivir... una raza superior preparada y adaptada para habitar dimensiones calurosas y áridas, y que se la bancan así nomás... como venga.

Panorámica del vecindario de North Horr...
Seres inferiores...
Ya instalados en una burbuja religiosa que alivia todas las penas, y te convida con cenas y desayunos traidos especialmente de alguna dimensión más próspera, nos pusimos a profundizar nuestras pretensiones con ésta llamativa pareja de graciosos personajes del pasado, que luchan contra molinos de viento y dicen que nos pueden ayudar a encontrar la forma de llegar a la dimensión rastafaraaa, e inclusive, a intentar cruzarla. Pero para todo esto pedían algo a cambio, y para nuestra mala suerte no era la colita de Juli Fox, sino la cara de Washington o de algún otro prócer un poco más conocido internacionalmente. Curas coimeros y espaciales, pero graciosos y buena gente. Sancho Panza era el tira bomba y Don Quijote asentía y manejaba los hilos por detrás.

Debido a que estábamos más jugados que el Facha Martel, a que encontrar alguien que cruce por estos mundos es más improbable que Menem vaya en cana, a que se necesita traductor en el paso fronterizo, a que no teníamos un mango ni para comer, y otras desventajas que ni vale la pena nombrar, tuvimos que sentarnos a negociar nuestro back up verdolaga... y aunque se hizo largo y difícil, llegamos a un acuerdo, y las cartas quedaron echadas...

Huevos espaciales antireflex...
Lo pibe'...
Primer plano del huevo antireflex...
Con la comisión episcopal de la galaxia desconocida, los representantes coimeros del señor, y uno de estos extraños seres de la zona que dominan el Amhárico (idioma de Etiopía), la mañana siguiente nos la ibamos a jugar completa, y sin más preámbulos, y luego de este intenso, alucinante, y extremadamente difícil viaje interespacial, nos pensábamos adentrar en suelo Etiope para alcanzar Omorate, la puerta de entrada a la dimensión rastafaraaaa, ubicada a ochenta kilómetros del punto limítrofe, y una de las dimensiones de más difícil acceso que hayamos intentado en nuestras vidas.

Hubo tiempo para una última cena. Pollo, pescado y cabrito que nos fueron convidando. Todo por si nos perdíamos en el limbo y nunca más pudiéramos regresar. En la próxima entrega entonces,
 la resolución a esta loca aventura espacio-temporal. Un abrazo...

Un nene cantando para nosotros...

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