21 ene. 2011

Lago Turkana (tetralogía especial)... Volver al pasado (cuarta y última parte)... Che Omorate... metete la visa, el país y la dimensión rastafaraa en el orto...

Los hermosos habitantes de la dimensión rastafaraiiii...
Y nos levantamos con optimismo, como debe ser, pero también llenos de dudas, mirando los amuletos, pidiéndole ayuda a seres queridos que ya no están, nerviosos porque se jugaban en principio muchas cosas, abrazando la esperanza que habíamos conservado y alimentado por largas noches de este viaje espacio-temporal. Espectantes, confiados, con todos los speechs que teníamos que utilizar repasados y aprendidos... Nos levantamos con la indeclinable motivación y convicción de cruzar...

Todo arrancó según lo convenido. La primera risa del día nos la robó Sancho Panza, que estaba vestido como para vacacionar con un gorro despampanante que tapaba sus oscuras intenciones y su mucho más que cuestionable accionar. Don Quijote, como siempre impávido, tranquilo, oculto tras su sotana virtual, que como a todo servidor del señor, le tapaba su apetito carnal...
Guerreros intergalácticos espaciales a punto de salir a la incursión en tierras Rastafaras...
Arrancó nuestra nave interespacial con dos asistentes extras de unos diez años de edad. Ambos habitantes de este limbótico espacio transitorio, quienes manejan los artilugios de comunicación entre estas recónditas galaxias linderas, y que iban a ser un eslabón fundamental para llegar hasta las puertas de entrada de la dimensión rastafaraiiiiii.

La primer caseta intermilitar la encontramos no más allá de unos diez kilómetros. Parecía deshabitada y abandonada, pero no... En su parte trasera ocultaba seres prácticamente desnudos, llenos de ametralladoras AK-47, seguramente provenientes de alguna galaxia no explorada, y hasta incluso desconocida. Estos seres desnudos y armados eran los responsables de dejarnos pasar. "A la mierda! ¿y ahora?...".

Extremas cantidades de nada con adorno de fondo...
Expedición a la dimensión Omorate...

Salieron a la cancha los chicos esgrimiendo argumentos y chamuyo en Amhárico, y después de vaya a saber uno qué mentira, estos rústicos militares llenos de agujeros en la orejas, polleras de colores y cara de canívales, nos dejaron pasar. Habíamos derribado el primer control...

Ya internados en el limbo y muy de camino a Selassielandia, tuvimos que atravesar un par asentamientos que casi se puede decir que no son parte de ningún país, y que si lo son, al país mucho no le calienta, pero ojo, todos armados con ametralladoras, machetes y dientes muy blancos... Si no teníamos a los traductores, juramos no saber lo que hubiera pasado. Lugares en los que si desaparecés, no te encuentran ni con miles naves del tiempo. Extremo y alucinante. Había que pestañear fuerte para confirmar que lo estábamos viendo. De película, de ciencia ficción, de otro puto mundo...

Llegar hasta Omorate supone internarse en un NO LUGAR muy difícil de relatar, un no lugar que hasta el día de hoy nos seguimos preguntando si realmente existe. Así, atravesando inverosímiles dimensiones, mundos virtuales y espacios atemporales, llegamos a Omorate, lugar donde habitan seres sufridos, acalorados, desabastecidos, de poca paciencia y cuestionable humor. Un lugar que se debería mudar a un clima más amable, a una zona más accesible y a un medio ambiente una pizca más tolerable.

La entrada a migraciones fue muy pacífica. Ahí mismo nos recibió un chupabolas espacial que nos pidió los pasaportes. Ese chupabolas llamó a otro que las chupaba mejor, y este gran mamaverga se sentó a analizar los documentos, y sin anestesia ni preámbulos, salió por la puerta del repugnante despacho y dijo...”no tienen la visa... tienen que volver a Nairobi... no pueden entrar”.

“¿A Nairobi?... ¿vos decís?... ¿No te parece un poco lejos, dificil y complicado?... ¡alieníjena hijo de diez mil putas tragonas!... sin ofender eh...”.

Pensando un plan para matar alieníjenas...
Como no quiero completar dos hojas de puteadas, me voy a limitar y decir que a pesar de haber esgrimido increíbles argumentos, haber rogado, y hasta de habernos rebajado delante de este traganata espacial, no hubo forma de que nos diera vía libre, y como buen atrevido, además nos dió dos horas para dejar el país.

Tragando bronca, mierda, y maldiciendo a todos los descendientes de Selassie, nos pusimos a barajar la opción de entrar sin visa y clandestinear hasta la capital, y una vez allí, declararnos infractores e intentar solucionarlo; pero todas las personas con las que hablamos nos aconsejaron sanamente que no se nos ocurr limar, ya que íbamos derecho a hacernos deportar, y ahí andá a cantarle a Gardél de vuelta en Buenos Aires. Pero más allá de esto, decidimos no continuar no por la deportación, sino porque no teníamos forma de salir de Omorate pasando desapercibidos y burlando a la policía espacial.

Sin plata, abatidos, desilusionados, y sin medios de transporte, ni recursos para abandonar la ciudad, nos vimos inmersos en una de las situaciones más complicadas de este largo viaje al pasado. Para volver teníamos que atravesar una ruta imposible durante ochenta kilómetros (para lo que no había transporte), o conseguir alguien que nos lleve hacia la frontera keniata que está más cerca de Sudán, del otro lado del lago Turkana, para lo que había que tomar un barco o lancha que atraviese el río Omo, y una vez allí, hacer unos veinte kilómetros más en alguna camioneta 4x4. (Tampoco había transporte).


La banda de Omorate...
Mientras movilizábamos a medio pueblo para ver quien nos podía ayudar, con los clérigos implicados, la policía aguardando, y Quijote y Sancho Panza medio en pedo por la cuarta o quinta birra cortejando una adolescente etiope, el cuadro se había puesto denso. Y si no fuera por uno de los curas con más vocación que vi en mi vida, el encargado de la misión de Omorate, que nos dió de comer y nos echó todos los cables que pudo, no sabemos que hubiera pasado.

Cuando ya estábamos más que jugados, resignando nuestras fuerzas y por autocagarnos a trompadas... lo inimaginable, lo inesperable, y lo imposible, sucedió nuevamente... Sonó un estruendo en el cielo y se hizo la luz.... Un destello de luz blanca que brilló en el horizonte y abrió una puerta interestelar desde algún sitio desconocido, y como por arte de magia u obra de nuestro señor... Bob Marley... apareció un astronauta blanco, prístino y puro, montado en su blanco corcél espacial todo terreno, con muchas ganas de cagarnos a trompadas, pero con un tremendo corazón...

Omorate y su espectacularidad...
“Ustedes son unos inconscientes... me tengo que venir desde otra galaxia a salvarles el culo...”...”Sí señor, tiene razón señor, perdón señor... lo que usted diga señor...”... “Acá violaron a una pelotuda que se hizo la hippie la semana pasada y el que la tuvo que sacar fui yo...”... “Entendemos señor, perdón señor, no se enoje señor..."...

Puteada va puteada viene, pero con su giganto corazón al viento, nos subió en su nave, nos llevó a su casa, pasamos la noche, nos despertó, preparó la lancha del tiempo, pasamos el río, bajamos en una casa hippie, montamos la camioneta interestelar, hicimos un paso por un aŕea arqueológica, nos mostró y regaló fósiles de 3 millones de años de antiguedad, pasamos por la frontera a pedir permiso para volver entrar, nos lo permitieron porque la visa todavía tenía validez, y finalmente volvimos al futuro, después de tanto surfear galaxias lejanas luchando por el metal.


Zona arqueológica con fósiles de animales extintos de tres millones de años de antiguedad...
Omorate y su indiscutible perfección paisajística...
Así fue la cosa señores. Hoy ya de vuelta en nuestra era, debo confesar que el último atardecer en el pasado fue una marca letal. Allí, en el medio de un limbo perdido en el tiempo, dentro pero fuera de la dimensión rastafaraiii, bajo la protección de nuestro ángel personal... Allí, en el medio de un valle infinito que limita con el mundo real, bajo los ya ténues rayos de sol que indicaban que aquel triste día llegaba a su fin, dejé las lágrimas de la impotencia por no haber podido entrar a Etiopía... y saboreé la rotunda tristeza de lo que no fue, de lo que ya no está... Todas lágrimas que valieron la pena...

Como siempre mañana sería otro día, y todavía queda mucho por andar, pero el festejo de este viaje, que justamente aquel día cumplía un año, nos lo tuvimos que tragar... y por eso y para descargar una vez más... Etiopía: metete la visa, el país, y la dimensión rastafaraa en el orto. ¡Volveremos por más! ¡Hasta la próxima!. Gracias por acompañar.

 
El atardecer en Omorate...

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