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30 nov. 2011
Cairo Revolucionario (segunda parte). Los espías Israelitas-Argentos hacen tambalear al régimen. (Relato largo)...

Cairo Revolucionario (segunda parte). Los espías Israelitas-Argentos hacen tambalear al régimen. (Relato largo)...

Patriotismo fuerte...
A esta altura de los acontecimientos, el Cairo se había transformado en la sombra de la ciudad que tanto nos había regalado y que tan felices nos había hecho. El estado de sitio estaba absolutamente instalado por tiempo indefinido, se habían cortado los suministros de internet y los teléfonos seguían sin funcionar. 

Para salir a la calle era absolutamente necesario llevar el pasaporte, ya que se había condensado una atmósfera anti-americanista (en representación del occidentalismo) y todo extranjero comenzaba a ser sospechoso de algo. Ese algo no estaba muy bien definido, había un vacío legal que en definitiva era lo que nos iba a condenar. Por último, se sugería abandonar las calles antes de la hora en que empezaba el estado de sitio, que generalmente oscilaba entre las tres y las cinco de la tarde.

Mubarak yacía bajo un manto de silencio impotente y ominoso, el que sólo rompió un par de veces para aparecer en televisión a decir nada de nada, vacío bis que no hacía más que alimentar a unos cuantos medios de comunicación que plantaban un espectáculo caótico, deprimente y servicial. Asco absoluto.

Behind the scenes... Asco absoluto.
El transporte público se había reducido a la nada, y el aeropuerto, para seguir sumando quilombos, estaba absolutamente colapsado, con casi todos los vuelos cancelados porque las tripulaciones no tenían forma de llegar a destino. Las empresas sin respuesta, la gente varada sin comida en un lugar tomado por la incoherencia, la falta de cooperación y la falta de soluciones. Las embajadas lentas o ausentes, con excepción de la China y la Inglesa, que fueron las únicas que estaban realmente asistiendo a sus ciudadanos.

Para sacar a Rachel de Egipto tuvimos que esperar unos cuatro días luego del supuesto día de vuelo, y dormir un par de noches en el aeropuerto, hasta que la embajada sudafricana reaccionó y armó un vuelo charter que nos terminó llenando de alivio a todos. A partir de acá ya nos quedábamos nuevamente soitos los dos, momento en el que agradecí infinitamente a todo ente en el que creo y a muchos más en los que no, que nuestras familias y seres queridos ya estén a salvo en Argentina, en Sudáfrica... donde sea.

Dimos vuelta la página y apareció un buen block de hojas en blanco, que muy rápidamente se iban a teñir de negro... por obra, magia, irracionalidad, miedo, desesperación y un gran bagaje adicional de sentimientos de terror que nos estaban esperando literalmente a la vuelta de alguna esquina.

Para que no te hagas el loco...
Se va enturbiando la cosa...
Algún espía hispano parlante...
Dos o tres días de tranquilidad nos separaban aún del macabro evento, días que aprovechamos para cerrar el tema de visados, sabiendo que la de la India ya estaba adentro, y la de Irán al caer. Justamente, una calurosa mañana de Enero, nos llamaron para avisarnos que la susodicha visa estaba lista para retirar, por lo que partimos instantáneamente, bien tempranito, para evitar los quilombos y toques de queda vespertinos. Caminamos por acá, caminamos por allá, todo raro, todo misterioso, pero en cierta forma tranquilo.

Las protestas en "Tahir Square" ya sumaban el millón de personas (según los medios), por lo que era prudente no acercarse demasiado a los epicentros, ya que a diario se registraban enfrentamientos subidos de tono entre pro y anti Mubarak y también con los militares, por lo que redondeamos una vuelta a la embajada de la India, donde también nos dieron el papelito habilitante, y con todo listo, decidimos volver rápidamente a casa para evitar seguir deambulando.

Arderan en el infierno...
Tanqueta loca y valla humana...
Para ello abordamos el subte que nos dejaría en Nassr City, lugar donde genrealmente combinábamos con un colectivo que nos dejaba a escasos metros de la casa de Mohammed. Aquel día decidimos que antes de realizar dicha combinación, sería conveniente pasar por el mercado a comprar algunas provisiones y dejar de pasar tanto hambre. Así fue que recorrimos por un rato un lindo mercado en Nasr City. Recuerdo que sumados a algunos básicos, compramos un poco de café y algunos yogures, y ya con el botín en mano, nos fuimos silbando bajo, sonrientes y contentos hacia la parada.

Cuando llegamos apareció, como casi solía suceder a diario un egipcio a pedirnos los pasaportes, hecho al que accedimos resignadamente. Sacamos de los bolsillos nuestras libretitas, le mostramos la visa vigente correspondiente y esperamos a que nos las devolviera como siempre con una sonrisa para decir; “chau, gracias... nos vemos la próxima”. Nada de eso. Inmediatamente todo empezó a oler a podrido, cuando en vez de devolverla con la típica sonrisa y dejarnos ir, empezó a llamar a otros señores, que por cierto acudieron muy velozmente. El que parecía más malo, como casi siempre sucede, tenía bigotes.

“Bigote” empezó a ponerse aspirineta, y tanto él como su séquito de limados, se empezaron a cegar por sentimientos de patriotismo: “Antiamericanos” o “Antioccidentales” creo yo. Sentimientos que creo basados en dos de los males más profundos y más penosos del ser humano: la ignorancia y la desconfianza.

Así fue que hicieron sonar las campanas del terror y todos juntos empezaron a empujarnos adentro de una camioneta, que mientras discutíamos, se había estacionado muy rápidamente al costado del quilombo. Nos metieron por la fuerza, momento en que la vida se tiñó de miedo y desesperación. Quise reaccionar por el mismo camino de la fuerza e intentar bajar del vehículo de prepo, momento en que “Bigote” me respondió con un revés ida y vuelta en la cara que, más que un tatequieto, fue un no se te ocurra moverte nunca más.

Se me inundó el alma de bronca mezcla con cagazo monumental y ansias de un mano a mano hasta la muerte contra el ignorante; pero claramente eso no iba a suceder, y si me seguía haciendo el loquito, había diez más que muy seguramente me iban a devolver muy rápidamente la cordura. Primera vez que tuvimos que aceptar el triste destino de que estábamos al horno, en manos de monos mongos, que de aquí en más, podían hacer con nosotros lo que quisieran.

Bigote pronunciado...
Y así fue. Nos intentaron llevar a tres dependencias policiales, que por cierto estaban llenas de ratas ratones que no se hacían cargo de nada y que no querían salir de sus ratoneras... hasta que les terminaron sugiriendo a esta banda de infradotados que nos llevaran con los militares, que ellos eran los que estaban a cargo de todo. Cuando entendimos la sugerencia, automáticamente respiramos, ya que pensamos que los militares iban a chequear los pasaportes, iban a ver que todo estaba normal y rápidamente nos pedirían disculpas y nos dejarían ir. Tremenda equivocación. De los pronósticos más erróneos de los últimos años.

Llegamos a un puesto militar, y no a cualquier puesto, sino directamente al edificio central de inteligencia del Cairo. Desesperadamente empecé a buscar las cámaras de Tinelli... Hubiera firmado aparecer desnudo en un programa de Feinman que me expusiera como ejemplo del hipismo malviviente delante de todo su descerebrado público. Pero nada de esto estaba sucediendo. Volvíamos a pestañear y definitivamente no estábamos dentro de ninguna cámara oculta o programa de TV nefasto: estábamos en el Cairo, en medio de la revolución, en un edificio militar de inteligencia, abandonados a la merced de infinita infinidad de militares. La pucha.

Chequearon los pasaportes y la cosa no cambió. Mandaron a un "zumbito" a realizar un chequeo intensivísimo de todo lo que lleváramos encima. Nos revisaron íntegramente y por todo concepto. Chequearon cada papel que había en la billetera, separaron cosas, nos quitaron el poco dinero que teníamos... al mismo tiempo nos iban arrastrando cada vez con más fuerza hacia un sentimiento enfermo de desposeimiento, clandestinidad, y de lo que ahí en más entiendo como el significado de la palabra "terror".

Pasada esta primera parte, que fue como un leve aperitivo de lo que estábamos por vivir, empezaron a acusarnos de ser espías israelitas (chan), y que sabíamos hablar árabe (chan chan). Fue la primera vez que no supe qué decir en mi vida más que la palabra “No” en todas sus modalidades. “No, te juro que No”, “No, nada que ver”, “No, en serio No”, “No, te lo juro por mi vida”, “No, no y no”, “Por favor officer, No”. Juli me acompañaba con otras variantes muy ingeniosas de las posibles combinaciones del “No”, tratando de poner paños fríos a una situación que se estaba yendo muy lejos de las manos, de los pies, y de toda posible lógica, contemplable o esperable.

Nos empezó a invadir una desesperación agonizante y poco indescriptible que fue minuto a minuto en aumento por el hecho de encontrar nuestros inmaculados seres atados de pies y de manos, tumbados de boca al piso. Esa loca sensación de estar tirados boca abajo rodeados por militares con Ak-47 apuntándonos y diciendo que nos iban a matar, fue lo que desencadenó un estadío humano que todavía no sabíamos que podía suceder: llorar sin lágrimas.

Empezamos a experimentar una forma de llanto que no nos abandonaría casi hasta el final del evento, caracterizado por abruptos movimientos musculares compulsivos, cara y facciones de llanto, pero durante los que no experimentamos una sola lágrima. Si hubiera sucedido en otro contexto creo que hasta hubiera resultado muy gracioso de observar. Una especie de contorsionismo crónico corporal, marcado por una desesperación inentendible que hace muecas para todos lados, con cara de llanto, pero sin lágrimas, suplicando: “por favor, no me maten”. La pucha bis...

Un tanque parecido a este...
Al macabro evento, que sucedía detrás de un tanque de guerra estacionando a un costado del edificio de inteligencia, entre un paredón lateral del mismo y un baldío espantoso en dónde pude visualizar varias veces mi cadáver y hasta alguna fantasía de fusilamiento, se le sumaron dos moles. Armarios egipcios vestidos en Joggineta, que aparecieron de repente vaya uno a saber de dónde, y nos empezaron a cagar a trompadas en el piso al grito de: “vos sos Israelita, yo soy Egipcio”; y como si fuera muy normal, nos pegaron un buen rato para que confesemos porqué queríamos desestabilizar el régimen de Mubarak y para quién estábamos espiando. La imagen la completaban militares círculos de militares apuntándonos y hablándonos despectivamente en árabe, esbozando cínicas sonrisas que querían dar a entender que lo nuestro era asunto terminado. La pucha bis bis.

Luego de golpearnos, y mientras temblábamos suplicando para que no nos maten, gritaron bingo y nos metieron adentro de un tanque de guerra para esperar más resultados de “inteligencia” (la única palabra que no encaja en el relato) sobre nuestros pasaportes. La situación era terrorífica, virtual, agónica. Los militares que estaban a cargo del tanque nos dieron un poco de comida y agua, nos preguntaron si queríamos hacer pis... Bizarro extremo: apareció un "wally" descolgado a querer hacernos probar unos pastelitos que le había hecho la madre para que no extrañara la casa. Si queremos sumar más, puedo recordar charlas morbosas sobre la conductas sexuales en occidente y en los países musulmanes, que se sucedían adentro de un tanque de guerra. Todavía no lo puedo creer.

Apareció "inteligencia" en forma de soldado futurístico, armado hasta los huevos, apuntando directamente a nuestros cuerpos a menos de un metro de distancia, y al grito desesperado y casi cocainómano de “salgan del tanque”, “no se muevan” (como si fuéramos a salir corriendo atados o algo parecido). Este fue definitivamente el peor momento de mi vida. Pensé que nos mataban, primero a Juli y después a mí. Atrás de este enfermo, el más enfermo que vi en mi vida, apareció el siniestro más bigotudo con el que tuve de conversar, contando esta y mis muchas otras anteriores vidas pasadas. Era el supuesto jefe de “inteligencia” militar, que no se porqué tenía que tener un bigote tan pronunciado y tanta cara de mal tipo. 

Me equivoqué de nuevo cuando pensé: “este tiene que ser piola y se tiene que dar cuenta que somos dos perejiles cualquiera que andan turisteando”. La pateé de nuevo a los caños. Nada más lejano a mis esperanzas que un bigotudo hijo de mil puta, que con la cara más enferma y cínica del universo nos decía que íbamos a arder en algún infierno musulmán. En voz baja, mirándonos a los ojos y con una impunidad que todavía me sigue vaciando por completo.

En esa desesperación pensé muchísimas cosas, pero la más marcada fue en mi vieja. Empecé a pedir hablar con mi vieja. Sentí ese sentimiento de necesidad de decir algo antes de que a alguno de estos monigotes se le escapara un tiro. Lloré sin lágrimas como nunca lloré en toda mi vida. Vacío, absolutamente vacío, sin explicaciones, sin poder entender nada, absolutamente ido y desprotegido, absolutamente inconsistente. El cuerpo no lo sentía. Como si me hubiera comido mil hongos alucinógenos juntos. Yo no estaba ahí, de alguna manera y en algún momento dejé de estar en el lugar.

A este bigotudo impune, le siguió nuevamente un rato de espera en el tanque, hasta que llegó un colectivo que frenó al costado y nos bajaron nuevamente. Y si la cosa ya no tenía nada más para agregar en términos de palabras, de ruegos o de súplicas, sí lo tenía en términos de terrorismo psicológico. A nuestra mucho más que psicodélica situación, le agregaron capuchas en nuestras cabezas. Capuchas que no nos dejaban ver absolutamente nada, pero que sí me  permitía escuchar, además de los gritos de terror de Juli, cómo los soldaditos cargaban los fusiles y las pistolas, un “chck, chck” que los militares usaban para divertirse al grito de: “I wanna fuck you, I will kill you”. La pucha man, ¿en serio  sos de este planeta?.

Nos dieron vueltas por el Cairo sin decirnos adonde nos llevaban... y jugando con todas estas variables enfermas, propias de gente enferma que acusa una severa enfermedad, frenamos delante de un edificio, nos bajaron, y nos metieron en un lugar que no pude ver. Luego de unos minutos nos volvieron a subir al colectivo y nos llevaron a otro edificio en el que nos desencapucharon, y sin decirnos nada, primero nos hicieron parar mirando a una pared, y luego nos hicieron entrar a una especie de oficina. Nos trataban literalmente como a terroristas o espías y nos golpeaban, nos ponían el fusil en la cabeza, o nos arrastraban a los empujones.

A todo esto habían pasado once horas desde la compra del café y de los yogures (que curiosamente aún teníamos con nosotros), y por lo menos ocho que constantemente nos decían que “ya no había más embajadas para nosotros”, “ni familia” o “que nos iban a matar en diez minutos” o “que íbamos a arder en la concha del mono”De repente y como parte del reality show más grotesco jamás filmado, mientras observaba la cara de Juli todo moretoneada, con vestigios de sangre desparramados... todavía maniatado, esperando por nuestro destino en alguna parte del Cairo, apareció un tipo bien vestido, que hablaba buen inglés, y con cara y sonrisa de muñeco de torta esbozó las palabras: “sorry, it was a mistake”.

Las puteadas me recorrieron ferozmente cada átomo del cuerpo. Ni siquiera en aquel momento sentí una sensación de alivio, sino más bien una sed de muerte y de venganza, sensación que obviamente tuve que metérmela en el centro de mi orto  todavía contraído, y que en definitiva, es la mierda más nefasta que se puede sentir. Me seguía faltando la aparición de la cámara oculta, o que el bigote del capo de inteligencia haya sido ficticio y apareciera al grito de: “no te calentes, fue una joda para cairomatch”, o que el milico que hacía dos minutos me estaba diciendo que me quería coger y matar pelara un porro del tamaño de las pirámides y me dijera “tomá, para vos, momificate”, pero nada de eso iba a suceder... 

Sólo este muñeco diciendo que todo había sido un error y que por favor escribiéramos los sucesos en una hoja en blanco para que las autoridades sean informadas y se castigue a los responsables. Fue otra parte más de la tomada de pelo que sentí que el muñeco nos estaba propinando... aunque lo único importante era salir de una vez por todas del asqueroso edificio militar y dejar que todo lo vivido empiece a decantar. Nos devolvieron todas nuestras pertenencias, nos pidieron perdón un par de veces más, y nos llevaron a la casa de Mohammed en el mismo colectivo y con los mismos milicos que nos querían coger y matar, pero que ahora nos trataban bien y nos hacían concesiones. Sólo les faltó darnos una palmada en la espalda.

Disconformismo con la irrealidad...
Así llegó este memorable día al final, con una experiencia de esas que todo te lo hacen replantear, enmarcada en una capa de la vida donde todo deja de tener sentido. Un vacío existencial, legal, de vida, de realidad, un vacío infinito de humanidad. Con esa sensación nos empezamos a limpiar el cuerpo y desempastar el corazón, como si nos hubieran violado. Por un par de noches dormir se hizo casi imposible, pero es momento de cortar, ya les contamos bastante y los efectos colaterales y las conclusiones destilarán en el próximo relato de este viaje hacia el centro del alma. Hasta la próxima y gracias por leer...

En Tahir Square... Canto popular...
28 nov. 2011
Cairo Revolucionario (primera parte). "Calentando el ambiente…"

Cairo Revolucionario (primera parte). "Calentando el ambiente…"

Muchedumbre furiosa...
Luego de una despedida familiar que se llevó todos los sentimientos en un avión, el terreno quedó abonado para un renacimiento emocional que tardaría más de lo deseado en llegar. Caminando como autómatas por el Cairo tras las estancadas y necesarias visas para invadir Medio Oriente, intentábamos acostumbrar a nuestros estómagos nuevamente a la nada.

Juli estaba viviendo por unos días en la casa de un ruso que conoció por Couchsurfing, y yo estaba instalado en el eterno Gresham, esperando a que llegue a la ciudad Mohammed (nuestro mejor amigo egipcio), para todos juntos mudarnos al barrio de Abassiya en Nasr City, y ya una vez allí, desarrollar un poco más la paciencia hasta contar con los detestables papelitos en el pasaporte.

Los días transcurrían lentamente sin rumbo fijo, ya que además de los papelitos, estábamos a la espera de la fecha de llegada de otra persona que es como parte de la familia: el inconmensurable Federico Antonio Marcello, quien ya estaba alistando las baterías de la cámara, para salir a la caza de algún documental en tierras judías-musulmanas. la idea era juntarnos en Tel Aviv en el menor plazo posible...

El loco de remate...
Como verán las esperanzas y los motivos nos seguían sobrando, pero eventos ajenos a nuestra voluntad empezaron a complicarnos de a poco, hasta intentar acabar casi por completo con toda la vida que veníamos cargando en las mochilas, enterrando y robándonos impunemente todo lo conseguido. Y eso mis queridos amigos, era un montón de atrevimiento...

Así fue que un buen día Juli me llama y me dice: “según me dice el ruso mañana va a haber quilombo en la ciudad. Van a haber manifestaciones en varias partes, y por lo que me comenta, se puede poner pesuti”. Fue un comentario ligero, porque a juzgar por lo que veníamos viendo y viviendo en Egipto, la violencia literalmente no existía.

Hasta el momento la amabilidad, la simpleza, los modos y las sonrisas de su gente, hacían creer que era uno de los lugares más seguros que habíamos pisado en nuestras vidas. Por otro lado, esa sensación de seguridad no se había apartado de nosotros en todo el viaje por tierras africanas, ni siquiera cuando transitamos la zona sur de Sudán que estaba literalmente en guerra.

Las manifestaciones en sus primeros días...
Y bue... pasó y charlamos otro poco, quedamos en encontrarnos para hacer unos trámites al día siguiente, prometimos cuidarnos, y seguí con mi día que transcurría entre “Tahir Square” (la plaza principal), “Felfela” (el lugar que nos daba de comer rico y baratísimo), y algunas caminatas con Rachel por la ribera del Nilo o por alguna otra parte de la ciudad... En fin: la nada misma. El Cairo para caminar es de lo mejor que a uno le puede pasar, un estímulo ambiental de dimensiones grotescas que nunca deja de sorprender.

Al otro día, lo prometido: congregaciones de gente en la plaza principal y en los alrededores del Gresham (a cuatro cuadras de dicha plaza), algunos policías que empezaban a desplegarse y mucha gente gritando y cantando. Hasta ahí, cuatro gatos locos. Ya más entrada la tarde, desde la ventana del Gresham, vi el primer hecho llamativo... que si bien no me llegó a encender los sensores de peligro, me llamó la atención: una barricada policial estaba siendo literalmente destruida por egipcios, que no sólo pasaban por encima de las vallas de metal, sino también de la policía. “¡Epa! ¡Qué loco!”...

Iba llegando gente al baile...

Patriotismo en Tahir Square...

Hilera de gente fea y espantosa...
Esa misma tarde y también al día siguiente, fuimos con Juli y Rachel a chequear una plaza en la que se escuchaban gritos y se veía mucha gente cortando las calles, algunos otros que se empezaban a trepar sobre los monumentos. Todo en un ambiente muy tranquilo y de cierto y relativo respeto. Inclusive los negocios que rodean la plaza estaban muy activos, vendiendo comida a troche y moche, con gente sonriendo y posando para las fotos. Todos los acontecimientos eran acordes a los de una protesta pacífica. Gente con carteles y reclamos en árabe, y una policía expectante e inactiva, controlando que no se produjera ninguna anormalidad.

Fugazmente, durante la tarde pasaron sobrevolando a muy baja altura, una y otra vez, aviones de la fuerza aérea, llenando de estruendos y de sonidos de documental de guerra la ciudad... de esos sonidos que anuncian bombas y cosas macabras y pestilentes. Aunque tampoco fueron lo suficiente agresivos como para asustar a la gente que estaba en la plaza, tenían una clara intención persuasiva y de demostración de poder, por parte de un gobierno que definitivamente empezaba a ponerse estado en alerta.

Hasta aquí entonces, todo dentro de ciertos parámetros de “normalidad”. Sacamos fotitos y seguimos insistiendo por lsa visas. Algunas estaban encaminadas, como la de la India y la de Irán, y otras agonizantes como la Siria, la de Iraq y la de Pakistán. “Fenómeno, ya veremos que hacemos, alguien proveerá, vamos a la casa de Mohammed que ya está en el Cairo... Así fue que encaramos la mudanza conjunta y nos instalamos en Abassiya, en el principado de nuestro queridísimo amigo musulmán.

Pedro y Pablo enojados con Mubarak...
Visa india buena onda...
Cuarenta y ocho horas después de la mudanza, habíamos quedado con Juli en encontrarnos en la casa a eso de las dos de la tarde. Juli había ido a buscar su mega mochila a la casa del ruso. Ya de vuelta, se tenía que encontrar con un amigo de Mohammed en una de las estaciones de subte, para ser guiado hasta la apacible morada. Mientras tanto, preparábamos los pormenores para que Rachel aborde el vuelo que la llevaría de vuelta a Sudáfrica.

Empezó a dejar de estar todo fenómeno cuando el amigo de Mohammed llegó sin Juli a la casa diciendo que no lo había podido encontrar. Nosotros sin noticias y los teléfonos cortados. La coyuntura se vió agravada por el hecho de que en dicha estación de subte se había armado una de las primeras batallas campales entre los “rebeldes” y la policía, que habían empezado a notar que no era una protesta pasajera, y se lanzó a reprimir con balas de goma y gases lacrimógenos. Se me frunció la vida por la falta de noticias sobre el paradero del nonae.

El famoso humano antihumano...
Humo proveniente de la basura...

Policías protegiendo estructuras de poder...
En la estación de subte...

Pasaron largas horas de mucha angustia e impotencia sin saber qué cornos hacer, hasta que gracias a la santa providencia Juli apareció agitado pero de buen humor, diciendo que se había quedado sacando fotos, y que luego le había costado encontrar la casa. Puteada y abrazo mediante, respiramos y le dimos rienda suelta a la noche. Los sensores de peligro estaban empezando a calentar las chicharras.

A las protestas semi masivas, le siguieron protestas masivas más severas, principalmente en torno a la plaza de Tahir y en diferentes puntos estratégicos del Cairo, que iban sumando constantemente público en general y partidos opositores al gobierno, transformando lentamente una ciudad que hasta el momento había sido de las más místicas que habíamos visitado, y tiñéndola de matices lúgubres y destellos de violencia. Se notaba que algo se condensaba y se condensaba, y que si seguía así, inevitablemente iba a explotar.

Se ve que el gobierno también sintió esta carga en el ambiente, hecho que se confirmó durante la tarde siguiente, cuando sentados en uno de los cuartos de la casa de Mohammed, empezamos a escuchar unos ruidos que se acercaban cada vez un poco más fuertes. Nadie lograba asociarlos con nada, pero lo cierto era que se estaban acercando. En ese momento todos los que estábamos en la casa, corrimos hasta la ventana del departamento.

Ante la desmedida sorpresa, los cuatro pares de ojos empezaron a pestañear al unísono, para reconfirmar una imagen para el recuerdo: un desfile de tanques de guerra, que unos tras otros marcahaban en dirección al centro. Algunos montados en acoplados de camiones, y otros avanzando directamente sobre el pavimento. Una imagen fuertecita, que nos sacó una sonrisa nerviosa, y nos confirmó que las cosas se estaban saliendo del control, no sólo por parte de la gente, sino también por parte del gobierno.
Militares en tanques alrededor de Tahir Square...
Tengo el pito largo...
Esta primera etapa de "calentamiento global", culminó con un hecho que hasta hacía cinco días atrás hubiera apostado mis huevos a que jamás podría suceder en Egipto. Bajando del departamento en horas nocturnas a intentar conseguir algo para comer en un puestito de pollo que había por ahí, y todavía procesando las imágenes de los tanques, nos topamos con un señor con bigotes en la puerta del edificio, que de muy mala manera nos interrogó por nuestras identidades y nos quiso impedir el paso hacia el emplumado frito.

Con mucha buena onda le explicamos que estábamos viviendo ahí y que queríamos ir a comprar algo para comer porque estábamos famélicos. Seguimos caminando como si nada. El tipo automáticamente enloqueció, agarró un palo y nos exigió que le mostremos los pasaportes. Se congeló el cuadro hasta el siguiente pestañeo. No era policía, no lo conocíamos y tenía un palo en la mano, que a juzgar además por la violencia que expresaban sus ojos, estaba decidido a utilizar.

Se armó un quilombo monumental, porque los gritos empezaron a brotar de los dos lados, hasta que salieron todos los vecinos, hasta que también bajó Mohammed, que literalmente nos tuvo que salvar de la mano del trastornado enloquecido junto a una “Mama” muy respetada en el barrio. Peroooo, estábamos empezando a notar que: si sos blanquito, sos extranjero, y que si sos extranjero, mejor que no seas americano. “Mmmhhuuu”. Fue la primera vez que pensé: "estamos a punto de ser tapados por la mierda y lamentablemente no hay escapatoria. Vamos a tener que comerla".

Que no se pare de bailar... que no se pare...

Como broche de oro a tanta situación anormal, tuvimos que esconder a Rachel adentro de un placard por un largo rato, ya que el ala reaccionaria musulmana, no consiente que una mujer viva entre hombres si no está casada legalmente con alguno. A esta altura la situación había pasado por todos los tonos conocidos, y aunque la pasamos como el orto, la noche fue sellada por risas irónicas enfocadas hacia una irracionalidad y una cultura que empezaba a mostrar un lado totalmente opuesto al que veníamos experimentando, y que a juzgar por lo vivido en las últimas veinticuatro horas, había que tenerle mucho respeto y actuar con mucho cuidado.

Chau al canal de televisión...
Gente cansada de vivir en la pobreza...
Así culmina esta primera parte, la más liviana de esta experiencia “revolucionaria” directa. De aquí en más empezamos a sentir un poco la urgencia de escapar del país, por lo que nos centramos y enfocamos en el vuelo de Rachel y en acelerar nuestros visados. Lamentablemente los acontecimientos posteriores irían sellando las salidas hasta involucrarnos directamente en el ojo de la tormenta. La sociedad egipcia estaba absolutamente convulsionada y ya había llegada a una instancia que no tenía vuelta atrás. La policía estaba desapareciendo de las calles, demostrando su veta más cagona, confirmando que cuando pierden el control y se ven superados en número, se meten los palos y los escuditos en el orto y huyen como buenas putas cabareteras que son.

Se estaba abriendo la era militar en las calles del Cairo. Obviamente lo peor estaba por venir. Tanques, grupos pro y anti Mubarak, y un profundo estado de desinformación, inoperancia, e inutilidad de un gobierno que trastabilló en cada respuesta y en cada acción, que no dieron lugar más que a un estado general calamitoso que llenó nuestro viaje de todo tipo de quilombos. Hasta la segunda parte y más trágico capítulo de este viaje espacial. Gracias por leer...

La policía...
La guardia nocturna en Tahir Square...
Relatos de la Revolución de Egipto (Viaje por África - Capítulos del 116 al 122)

Relatos de la Revolución de Egipto (Viaje por África - Capítulos del 116 al 122)

24 nov. 2011
Capítulo de transición y relajación…  Una visita a Sharm el Sheik y Alejandría...

Capítulo de transición y relajación… Una visita a Sharm el Sheik y Alejandría...

Atardecer sobre el Mediterráneo en Alejandría...
Antes de la inevitable vuelta a nuestras respectivas vidas, decidimos frenar un poco y pasar los últimos días de vacaciones familiares en distintos lugares de Egipto. Veníamos cansados (en el buen sentido) de tanto caminar, de tanto conocer, y de tanto registrar, y entonces, como para bajar y entregarnos un poco a la charla, metimos freno de mano, y ya sin presiones y sin agendas, nos entregamos al qué mas da.

Luego del cruce de frontera que marcó el regreso a Egipto, Juli y su familia eligieron como destino una de las playas más tops de Egipto, Sharm el Sheik, famosa por algunos atentados, por ser uno de los lugares donde se lava más guita en el país, y por ser la residencia veraniega de Mubarak. Parecería que también es uno de esos sitios especiales para bucear y otros deportes y recreamientos acuáticos.

La familia Árenzon, según los informes que llegaron vía satélite, casi no salió a la calle y se entregaron de lleno a la relajación, el ocio, y el placer de no hacer absolutamente nada. Estuvieron tan vagos que casi no se sacaron fotos, pero le pusieron un sello más que emotivo al cierre de esta visita internacional, dejando cojo al representante de Viaje por África que sufrió, como es más que lógico, los embates de la despedida y la vuelta a la pobreza franciscana.

Relajación y deporte en las playas traficantes...
Hotel Super Star...
Viaje por África y el infaltable sostén de la familia...
Familia contenta en Sharm el Sheik...
Antes de que me pasara lo mismo, nosotros duplicamos (sin Ferchu que se volvió porque iba a ser Abuelo) con un poquito más de El Cairo y Alexandría, la mítica ciudad mediterránea, famosa por su biblioteca, y algunas históricas de guerra que no vale la pena repasar. Un Cairo en chiquito, sucia, anárquica y con mucha agua salada en vez de dulce.

En fin, acá van los últimos estímulos de tiempos gloriosos que no volverán, pero que definitivamente siempre tendrán ese lugar en el rincón del pasado, en lo que el viento se llevó... Me cago en el viento de mierda y en todas sus excusas. Esperamos amigos nuestros no haberlos aburrido demasiado con la vida familiar.

Los relatos exhaustivos, los análisis pacatos y las aventuras graciosas tardarían en volver. Estábamos sin saberlo al borde del estallido social egipcio, que nos regalaría aventuras con cargas de tipo no conocido, de las que tardaríamos en obtener resultados no teñidos por el miedo y por una intensa sensación de terror a la que no queremos volver. Hasta la próxima y disfrutemos todos juntos de lo bueno que es tener a la familia cerca...

Este relato no se da por terminado si antes felicitar y darle la bienvenida al mundo a una nueva integrante de la familia: Valentina... ¡Besos y salud!...


Con la vieja disfrutando de la citadela en el Cairo...
Cairo virtual...
En los alrededores de la biblioteca de Alejandría...
Edificio bonito con minarete de fondo en Alejandría...
Los nenes pescando en el Mediterráneo...
Arquitectura esquinera...

Biblioteca de Alejandría por dentro...
Una madre feliz a orillas del Mediterráneo...
22 nov. 2011
Especial Vacaciones. Egipto, Jordania, Israel (Tercera parte). De Egipto a Israel, de Israel a Jordania y de Jordania a Egipto… ¿Queré’ má?.. Tenemo’ má’…

Especial Vacaciones. Egipto, Jordania, Israel (Tercera parte). De Egipto a Israel, de Israel a Jordania y de Jordania a Egipto… ¿Queré’ má?.. Tenemo’ má’…

El regalo prometido en el capítulo anterior... Kipá con la David's Star...
Más de cien mentiras que valen la pena tenemos, eso es lo que tenemos... ¡Qué quilombos que tenemos! ¡Y con la frontera de Israel de por medio!. Que tema apasionante: “la frontera de Israel”. Qué frontera difícil de calificar... Aunque asoman vagamente algunas letras debajo del recuerdo de la calentura que aún conservo. Lo más sincero que me sale decir entonces es: ¡Qué frontera de mierda! Y por favor que nadie se ofenda.

No es con el país, que sinceramente es una hermosura, lleno de judíos y de judías preciosas, amables y buena onda, y de palestinos alucinantes que musulmanean por ahí con todo su glamour arabesco. No es con la gente, ya que contamos con muchos, pero muchos amigos con los que nos sentimos hermanados... como casi de la misma familia humana; y no es ni siquiera con la cantidad de armas que se ven por metro cuadrado, que sí nos dieron bastante miedo y por momentos nos inhibieron.


Frontera de Taba (salida de Egipto)...
"Welcome" es una forma de decir...
En esta etapa es sólo con: “La frontera”. Así que no queremos herir sensibilidades religiosas ni raciales, porque sinceramente la religión y las razas nos chupan un reverendo huevo. No creemos en ninguna de las dos como elementos distintivos y preferimos que todas o ninguna se extingan ya. A coger todos con todos que es mucho más divertido y en la variedad está el gusto. Volviendo al tema que me ocupaba, ¡Qué frontera fumona! Nunca hasta aquí habíamos permanecido tanto tiempo en uno de estos extraños espacios, y digo hasta aquí, porque todavía nos quedaba pasar por otra experiencia que a esta la iba a dejar enana.

Pasó que como teníamos la estampa de Sudán (que es uno de los mil países que tienen problemas con Israel, junto con Iran, Iraq, Siria, Pakistán, Líbano y cualquier otro que aunque esté en la loma del orto sea musulmán, inclusive con Jordania y Egipto con quienes comparte pasos fronterizos turísticos), nos pusieron el rótulo de lo que podríamos llamar “culpables hasta demostrar lo contrario”, y nos tuvimos que fumar muy de lleno algunos interrogatorios macabros, los que incluyeron la entrega de toda la información personal internetística y una especie de research de lo que habías hecho los últimos 2011 años de tu vida, inlcuyendo reencarnaciones. Impotencia, bronca y mil resurrecciones.



Visado poco aconsejable para entrar a Israel...
Hasta antes de lograr pasar hacia el otro lado (como Jim Morrison), éramos sospechosos de esconder material bélico (algún forrazo aparecer y mirándote profunda y fijamente a los ojos te pregunta: "¿porta armas de fuego?"), de pertenecer a alguna célula terrorista del Islam (que venía a desestabilizar la “paz” en Medio Oriente), o de ser espías internacionales en busca de información clasificada para enviarla a Sudán antes de que el país se divida en dos y el petróleo pase de manos de los árabes a los Estados Unidos. De algo teníamos que ser culpables.

Si hubiéramos estado solos vaya y pase, porque la facha que tenemos es de por lo menos malvivientes; pero con dos "Familias Ingals" como las nuestras es chiste. “Dejá de perder el tiempo y anda a perseguir chorros soldado futurista”. Si se observan las fotos familiares en forma no tan minuciosa, cualquier papanatas se da cuenta que para sacar un terrorista de cualquiera de las dos familias, nos faltan de mínima cuatro generaciones, y casi seguro que sería un terrorista fracasado. Como siempre la policía perdiendo el tiempo, y no solamente el suyo...



"Comuñes" terroristas, chorros y policías...
Lo malo de las fronteras, que a veces resultan ser espacios muy interesantes para observar y analizar, es que también suelen ser "no lugares" donde se expresa muy claramente el racismo, la desconfianza y la ignorancia del ser humano. Otra de las tantas cosas que ya entrados en el tercer milenio nos deberíamos repreguntar: fronteras, alambrados, muros, y limitaciones espaciales a la movilidad de las personas... por cualquier motivo que la realicen. Tremenda muestra de lo erróneo del concepto de dividir que en estos casos se traduce en manipulación y control por un lado, y egoísmo, miedo, desconfianza y falta de solidaridad por el otro.

Ok, todo fenómeno, “no te queda otra que bancártela por el momento”, así que nos fuimos masticando mucha bronca, pero sabiendo que en un mes la volveríamos a cruzar solos... con la promesa de la oficial encargada de la "investigación" (debería escribir violación de todos los derechos básicos constitucionales de cualquier pelotuda y forra democracia) que en adelante iba a ser sólo un trámite, y que como ya estábamos registrados, el cruce iba a ser más fácil. Así fue que al grito de "¡Inshallah!" nos sumergimos en un mundo israelita que se pasa de chistoso en caro, y que parece formar parte de un mundo completamente distinto del que forman parte el resto de los países de la región.

Luces de colores, rutas impecables, autos cero kilómetro, limpieza y pulcritud... casi podríamos decir un mini primer mundo. Gente amable, pero un poco más ajustada en gestos, y con una simpatía que nunca dejó de parecerme demasiado rígida. Ya tendremos tiempo para desglosar uno de los países más interesantes y más lleno de antagonismos culturales que hemos pisado durante los años de viaje. Dejamos el análisis para cuando volvamos a recorrerlo por nuestra cuenta.

Todavía seguíamos de vacaciones y nos quedaba mucho por caminar. Entramos a Israel en familia con el propósito de conocer Jerusalem
una ciudad de esas que uno se calla, camina, observa, y cada tanto balbucea alguna exclamación monosilábica como: “¡uh!”, “¡ah!”. También sale mucho el “¡uauu!” que es ya un toque más compleja. La ciudad amurallada de Jerusalem es definitivamente uno de los lugares más interesantes que pisamos en nuestras vidas.

Fortísima en estímulos visuales y en carga atmosférica. Absolutamente fuera de la realidad, tanto que termina pareciendo parte de una escenografía medieval cargada de simbolismos, que casi pierde el sentido si uno no tiene la capacidad de creerse dentro de alguna aventura que protagonice el rey David, o de alguna otra parábola bíblica, que cubra el vacío racional de sentido, tradiciones y creencias; y de guerras antiguas, presentes y futuras, que serían absolutamente inentendibles, o que no resultarían sustentables, desde cualquier punto de vista del hoy.

Panorámica de la ciudad amurallada...
Dos religiosos... el "Padre y el Hijo"...
Muro de los lamentos y el Domo de fondo...
Iglesia donde está la tumba de Jesús...
Una bandera, un muro, un árbol (del otro lado del muro)...
Esto era algo importante pero no me acuerdo qué...
Panorámica desde el monte de los Olivos o por ahí...
Arenzon's en su tierra ancestral...
Iglesias... por todos lados iglesias...
Varios judíos ortodoxos...
La madre, el hijo y el espíritu santo... Lugar de nacimiento de María...
El Domo y su belleza...
Por los caminos del señor...
Mucho brillo...
Más edificio religioso...
Jerusalén es una especie de victoria del despotismo simbólico sobre una "realidad fáctica" tergiversada y mentirosa, a la que nunca se le permitió cimentarse sobre algún tipo de racionalidad, sentido común, lógica, o destello de inteligencia; más bien fue sacrificada sobre una acumulación de locura histórica de un ser humano que se supo impotente ante la muerte y piró; y eso que es lo que da miedo, y a su vez le agrega la cuota de dramatismo necesaria a la película.

Jerusalén es un museo de gran parte de la historia humana. Está infectada de sitios históricos. En cierta forma es cuna de la “civilización”. Desde este punto de vista y todos los restantes que uno pueda encontrar, resulta definitivo y mucho más que necesario darse la posibilidad de contemplarla y dejarse inundar por sus infinitos estímulos, y su indiscutible y casi inigualable mística. 
Lugares como la tumba de David, el Muro de los Lamentos, el Domo y las restante joyas arquitectónicas, hacen de la delicia de los sentidos...

Sinagoga en el muro de los lamentos...

Lo importante es contextualizar los movimientos de los “Los Campanelli”, quienes no pararon de rebotar por tanto recoveco histórico. Nos fuimos con la panza llena y los corazones contentos, a seguir nuestro ordenado cronograma de boludeces irrepetibles en la vida, y luego de una pasada más que fugaz por el Mar Muerto, continuamos con este mágico y virtual recorrido, y nos cruzamos para Jordania, para asistir a una aventura final, posiblemente la más lúdica e intransferible de éstas vacaciones de Viaje por África: las mágicas ruinas de la ciudad de Petra; Un oasis turístico en medio del desierto, en el que dan ganas de salir de caravana medieval...

Dejamos las fotos y agradecemos a nuestras familias por la paciencia, la colaboración y el entusiasmo con los que adornaron estos veinte días absolutamente inolvidables, llenos de congoja y delirios. Todavía nos quedaban un par de días para disfrutar, pero cada familia lo haría por su lado... Gracias Sergio, Gracias Feli, Gracias Male, Gracias Ale, Gracias Ferchu, Gracias Rachel, y Gracias a cada uno de los personajes que facilitaron tan bestial recorrido. Siempre los amamos y los seguimos esperando. Hasta el próximo capítulo de transición antes de la irrupción del imponderable... “La Revolución Egipcia”. Ahora más que nunca ¡Salud!...

Un poco de Petra...
Camello y ruinas...
"El tesoro"... lo más conocido de Petra...
Una tarde eterna...
En el monasterio...
Panorámica de la ladera...
Indiana Jones...
Con los Árenzonsss...
Rachel dimensionando las cuevas...
Tremendo como pocas cosas...
Snif... snif... snif...
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