Nuevo Post

Rss

31 may. 2010
Durban Vip... Sosha, Sthe y los allegados al presidente...

Durban Vip... Sosha, Sthe y los allegados al presidente...

La gran familia de Ntuzuma...
La mudanza a la casa de Sosha la completamos muy rápidamente y casi sin trastornos. El desembarco en el township de Ntuzuma se hizo realidad, y con él, un vagón de hechos llamativamente llamativos, valga la redundancia, y por favor créanme que la vale. Para empezar, experimentar un barrio dónde no se ven, ni van los blancos, con una familia tan hermosa como la que nos acogió, era de las pocas cosas que nos faltaban para terminar de quemar fusibles.

Casi no se puede creer que "Sosha" sea el nombre de fantasía que él mismo se había inventaado para evitar "Abdul", nombre que su padre puso a todos y cada uno de los hijos. Tampoco se puede creer que el padre sea musulmán, pero hijo de rastafaris. Menos entonces que Abdul Sosha haya sido subcampeón mundial de karate, deporte que le enseñó el padre. Para rematar estaba Sthe, el hermano mayor de la familia, que llegó a pasar el fin de semana en Durban. Sthe es un músico y actor conocido en Johannesburgo, de esos que tienen sus propios videoclips y etcéteras que se pueden ver a toda hora en el canal Sudafricano.

Preparando la comida...
El robot de Fede y Sosha luciéndo sus tatuajes...
Aunque contenidos por gente increíblemente amable y por demás piola, el township y el trabajo nos habían mantenido muy ocupados por días que por distintos motivos resultaron muy desgastantes. Los ánimos de la banda estaban minados por la carga emocional, el desgaste propio de mezclar viaje y trabajo, y la necesidad grupal de realmente tomarse vacaciones y no prender una computadora, ni una cámara, ni una linterna por una buena cantidad de días. En este contexto es en el que se puede afirmar que Sthe llegó para salvarnos.

Jugando con los más chicos en el patio...
Sthe apareció luego de una comida muy mal gestionda y organizadas por producción, que nos robó el alma, la paciencia y la buena onda, no solamente con el mundo, sino entre nosotros. Del desfortunado evento nos rescató nuestro cantautor estrella, que de a poco nos fue llevando, medio engañados, hacia uno de los pubs más elitistas de Durban. Le habíamos dicho que no queríamos mucho reviente, pero se notó que lo pasó por alto, o que directamente se cagó en ello, porque el lugar era reviente puro.

Sthe, amigo del presidente, Coco Tecno y Vico metal...
Nelson y Pablo...
El mal humor se profundizo aú más por unso segundos, cuando llegamos a la puerta y nos dijeron que no podíamos entrar en bermudas y zapatillas. A partir de aquel momento, tiramos la toalla y nos pusimos en manos de Sthe. La estrella sudafricana hizo una breve intervención, y en algo menos de medio minuto, no sólo estábamos adentro del boliche, sino que estábamos en el medio del vip, rodeados de negros que querían saber todo sobre nosotros, con cervezas gratis en  las manos, y con una larga noche por delante. Lección final para aprender que cualquier situación puede dar un giro abrupto en menos del tiempo que te toma quejarte.

Así fue que la noche nos encontró rodeados de negros piolas, pudientes y acomodados, que nos compraron y nos invitaron todo tipo de alcoholes en alguna zona vip de algún boliche de Durban. En algún momento, sólo luego de sentirnos demasiado observados por toda la gente que estaba fuera del vip, decidimos romper el hielo, y salir de la mano de Sthe, su novia, y dos nuevos amigos, que declaraban trabajar directamente con el presidente Jacob Zuma, a pasear nuestra blanca palidez por las pistas de baile.

Van cambiando las caras...
Ojitos...
Al ritmo de la canción de moda de Black Eye Peas y totalmente eufóricos por la cantidad de alcohol que iba subiendo la pendiente, nos metimos de lleno al medio de la pista a improvisar pasos de bailes, mientras que la gente en los alrededores nos alentaba y iba sumando al maravilloso evento de bailar con argentinos borrachos. Un flash apabullante y poderoso. Vico parecía un resaltador que adornaba la pista a puro baile y descontrol, producción robaba y exigía gin tonics por toda la barra, y el resto de nuestros comensales habían perdido el filtro y ya estaban en cualquiera.

Sodoma 3.0 fue asomando cuando los amigos del presidente cayeron a las cuatro de la mañana con un balde con una cantidad de alcohol interminable y destronaron con repetidas patadas al establishment la poca cordura que quedaba en el ambiente. La nota final la dio alguno de nosotros, cuando a la seis de la mañana tuvo que ser inducido casi de prepo en un auto, mientras se escuchaban sus gritos desconsolados: "¿porqué no me dejan irme con la negra?".

Y daaale... total...
El yin y el yang...
Transparencia y amor...
Así fue que de nuevo tuvimos la posibilidad de meternos en un lugar nuevo (siga valiendo la redundancia), donde de nuevo (idem) éramos los únicos blancos en kilómetros a la redonda. Los chicos se encargaron de todo. La noche fue la más divertida de toda nuestra estadía en DurbanEl minicooper de Sthe arrancó y lo seguimos como pudimos. Nadie sabe realmente cómo. Regresábamos a pasar la última noche al township para hacer un cierre de Durban a todo trapo en el estadio mundialista que había sido recientemente inaugurado. Entonces resta despedirnos y decir que nos encontramos en el próximo post cuando por la copa de leche se enfrente: Amazulus vs. Sundowns.

Bandas lindas si las hay...
Durban, llegadas y primeras experiencias...

Durban, llegadas y primeras experiencias...

El Querubín Torres... ¡Bienvenido!
Luego de vencer el síndrome de “un día más”, logramos abandonar Amapondo con bastante pena, pero con algunos alicientes. En primer lugar: nos invitaron a pasar las fiestas de fin de año, por lo que sabíamos que volveríamos en no más de veinte días. Segundo: Steve venía con nosotros a Durban, por lo que no había de que preocuparse; y tercero: en dos días llegaba el rubio más lindo de todos, nuestro amigo del alma y nueva estrella del blog, el gran Víctor Martín Torres, hijo menor del clan de los Torres, querubín de la familia y alto rock.

Así fue que encaramos la ruta, con el norte al frente, el sur siempre esperando, y una sonrisa que iba del alma a la cara. Llegamos a Durban después de cinco horas de viaje. Aterrizamos derecho en lo de una ex novia de Steve, Rose, tan genia como él, divina, como de la familia. Ahí nos dieron espacio para descansar y dedicarnos a organizar la cantidad de laburo que teníamos atrasado, para luego ver dónde nos íbamos a instalar a trabajar.

Pensando un poco, revisando algunos caminos alternativos, y con una careta de roca tamaño familiar, desembarcamos en el cuartel central de bomberos de Durban al grito de: “¡solamente por dos noches!”. Los bomberos que son tipos tan genios como los camioneros, nos abrieron la puerta del cuartel, de sus casas, y nos llenaron nuevamente la vida de aventuras.

Muerte súbita...
En el cuarto de la estación de bomberos de Durban...
Siempre listos...
Arribo de la persona más rubia que alguna vez piso tierra africana mediante, y otras emociones varias, nos pusimos a laburar y a intentar avanzar con todo al mismo tiempo. Cuando nos quisimos dar cuenta, ya habíamos aprendido todos sobre alarmas y bocinas del cuartel, y nos habíamos interiorizado en todas las internas de los bomberos blancos, con los negros y los indios.

Cliff, uno de los firemen más allegados al clan, luego de la segunda noche, y cuando ya pintaba dead line de retirada del Firedepartment, se apersonó con su impecable ingenuidad y su giganto sonrisa a informarnos que tenía una casita secundaria al fondo de su casa principal, y que la podíamos utilizar por algunos días.

Cliff, además de bombero, es un nuevo modelo de humano que vive en Durban North. Este nuevo modelo viene con novio propio y con moto pistera. Generalmente viven en un pedo cósmico, pero gracias a ello, obtienen felicidad de cualquier cosa, y viven con una sonrisa incrustada en el rostro, incluso en las horas de sueño.

Habla generalmente de sexo "entre líneas" y asiste al entorno de manera impecable y absolutamente conmovedora. Vivir en la casa de un Cliff al lado de su pileta, y tener la primer casa propia sólo para nosotros en África, es el primer recuerdo imborrable que se apunta esta nueva banda de fascinerosos Vico 7.0.

Cliff 2.0...
Cliff... un nuevo modelo de humano...
Los siguientes días transcurrieron entre trabajo y más trabajo, hasta el relax fue decretado en forma de vino y asado por Cliff y su pareja. Aunque presumimos que se querían comer al rubio de entrada, igual aceptamos y nos mandamos. La guarrada de carne que compró nuestro bombero del alma no entraba en la parrilla, y era la primera vez desde Argentina, que íbamos a ingerir tamaños bife de un sólo bocado.

Ni hablar de los chorizos y la ensalada de papa y huevo que acompañaba. Cliff....no te mueras nunca. Ver tanta vaca a la parrilla casi nos roba unas lágrimas. No sabíamos si comerla o mirarla de lo linda que quedaba... chillando... sacando juguito. "¡Faaaa!" diría producción... ¡Qué lindo momento!... con los mil perdones que les pedimos a los vegetarianos.

Sacate un choriiii...
Ambientes dudosos...
No habló nadie en ningún idioma por el tiempo que nos llevó comer la primer tanda. Cuando llegó la segunda, ya el ambiente estaba al ritmo de unas copas de vino tinto, y una Gloria Gaynor que brotaba radiante como Cliff del equipo de música. Siguieron los Bee Gees y afines. Cliff estaba más contento que perro con dos colas... no paraba de servir comida meneando las caderas. Se fue haciendo tarde. No quiero ni recordar lo que teníamos que hacer al otro día, que sí recuerdo, nos impidió tomarnos los dos litros de vino que quedaban. 

Ahhhh, teníamos que mudarnos a la casa de otro bombero, Sosha, que también había hecho honor a su generosidad con esta banda de fascinerosos, y tenía algunas experiencias para regalarnos. Así nos fuimos a dormir, atorados de comida y de vino, pero responsablemente y bien tempranito. Cliff nos había regalado una velada sin igual y nos atendió como todo el mundo quiere que lo atiendan. Un genio total.

Para no perder la costumbre con la rareza de los lugares, el sitio que nos esperaba era el tercer township más grande de Sudáfrica, Ntuzuma, lo que suponía un cambio de mundo blanco a mundo negro en un viaje de no más de media hora. Uno de los tantos movimientos que nos están socabando las bases y acercando un poco más hacia la locura. Lo que nos esperaba allá en la montaña eran más aventuras animadas de ayer y hoy. En el próximo post entonces: una noche vip y varios famosos dando vueltas. Gracias por acompañar.

Trajes intergalácticos apaga incendios...
Fede mirando hacia otro lado...
19 may. 2010
Magwa falls, Steve y la banda de los Sangomas. Una excursión al centro del paraíso...

Magwa falls, Steve y la banda de los Sangomas. Una excursión al centro del paraíso...

Foto histórica en el centro del paraíso...
Magwa falls, o Las Catarátas de Magwa, es algo así como el epicentro del paraíso en el Transkei, por ende, muy probablemente el mejor lugar que uno pueda encontrar en los alrededores. Steve es un antiguo guerrero de la orden de los iluminados, que conoce muy bien el área, ya que fue de los primeros blancos que lograron insertarse en los alrededores en épocas del Apartheid. No mucho más para agregar más que toda esta combinación de belleza y endereza humana es una por demás una pretenciosa manera de pasar el tiempo.

El misterioso mundo de los Sangomas...
Los Sangomas son personajes muy extraños y llamativos, que abundan por toda el área, de los cuales probablemente Chris es el más representativo. Chris, amigo de hace muchos años de Steve, fue quien nos invitó a conocer Mthambalala, su privilegiado hogar a metros de las cataratas de Magwa. La invitación se hacía extensiva para asistir a la experiencia de una ceremonia de iniciación de un nuevo Sangoma. Obviamente la cámara estaba mucho más que invitada al evento. Fue una especie de broche de oro para esta primera experiencia en Port St. Johns(Si alguien quiere saber que es un Sangoma y en que consiste la ceremonia por favor remitirse al link).

La extravagancia de Chris...
En lo que a los hechos específicos se refiere, el fin de semana arrancó con Steve a la cabeza, guiándonos por un sinfín de engañosos caminos que se entremezclan, se cruzan, te marean y te desorientan. Una vez que se encuentra la ecuación correcta, se llega hasta el final del camino, momento en que se debe continuar a pie.

Para meterle más rock a la aventura, llovía a cántaros, y los caminos de tierra se habían transformado en barro y estaban totalmente inundados. De todas formas no había opción, la ceremonia era ese fin de semana, y no se posponía por inclemencias climáticas, así que nos aventuramos, y después de algún que otro estancamiento, logramos llegar a primera base.
Dale que lo sacamo'...
Luego de estacionar los autos en una mini comuna de tres o cuatro casas en el filo de la pequeña montaña, hay que lanzarse de lleno por la ladera en dirección al valle y caminar por aproximadamente una hora. Steve bajó, habló un par de palabras con los jefes comunales, y en un santiamén arregló el estacionamiento para los autos. Antes de lanzarnos a la caminata, tuvimos que improvisar algunos aislantes para no empaparnos y enfermarnos y sacarnos las zapatillas y las medias por haber perdido todo sentido de existencia. Una vez que todas las condiciones estuvieron dadas, arrancamos la travesía. 

El camino serpenteaba pendiente abajo por un sendero bastante angosto, incrustado en una montaña que desemboca directamente en el valle dónde está la aldea de Chris. No se veía nada más que el bosque que nos rodeaba, una especie de pared blanca mezcla de niebla con lluvia de la más fina, y nubes que taponaban casi toda la periferia. La imagen regalaba misticismo y la sensación de que en cualquier momento iba a aparecer algún duende verde con un trébol y un barril lleno de monedas de oro preguntando "¿qué hay de nuevo viejo?".

Armate el impermeable y seguilo a Steve...
Claire en la selva...
Grandes momentos...
Con cierto recelo y algo de miedo por la integridad de la cámara, atravesamos dos ríos algo agitados. Gracias a la suerte todo salió a la perfección, y la aventura de llegar a la casa de Chris estaba casi consumada. Finalmente demoramos un poco más de lo previsto por demoras climáticas, pero llegamos enteros, felices y contentos. Al llegar fuimos recibidos muy cálidamente con un poco de pan casero y café y por un mundo de esos nuevos que hay que empezar a descubrir.

Tirolesas en camino al paraíso...
Christopher versión Hobbit...
La aldea es una especie de planeta aparte. Está situada en el medio de un valle con una vista de 360º de montañas, de entre las cuales asoma la larga caída de agua de las cataratas. El paisaje es de esos vertiginosos, de los que cuestan abarcar y absorber en una mirada. De esos en los que siempre se descubre algo nuevo cuando se lo vuelve a abservar.

En la aldea de Chris, cuando llueve de esta manera, se camina en patas en medio de un barro tipo fondo del río Paraná, rodeado por cabras, gallinas, y mucha gente de los poblados aledaños que se dan cita para estas ocasiones. En esta oportunidad no sumaban más de cuarenta almas, que no hablaban idioma alguno que usted o yo podamos comprender. 

Son personas notablemente amables. Están todo el tiempo intercambiando sonrisas y buena onda, especialmente las mujeres y los niños. Los hombres dedican la mayor parte de su energía a la ingesta de una cerveza de elaboración artesanal llamada Umqombothi, que se prepara en muchos lugares de Sudáfrica y que es una de las vedettes de estas ceremonias.

Solamente el hecho de ocupar un espacio en la ceremonia, resulta una gran experiencia en sí misma. Con sólo observar la forma de vida, los tiempos que se manejan, o la forma de cocinar, se entra en una sensación de contraste cultural inabarcable. Una especie de realidad casi virtual que se manifiesta intensamente en cada uno de los sentidos.


Un lugar en el mundo...
Un lugar en el mundo bis...
Mientras nos acomodábamos y nos amoldábamos a los códigos del lugar, Steve nos iba relatando el significado de las actitudes, de los bailes, y de la interacción en general. Conforme la ceremonia avanzaba, la cosa se ponía más y más interesante, la música y los cantos se intensificaban, la gente estaba más borracha, las gallinas y los cabritos más asustados, hasta que todo terminó en medios de sacrificios, espiritismo y actos afines. Flashazo para la memoria y la cabeza.

Luego de colgar el último animal despellejado en el techo de la choza y de que experimentamos el "nacimiento" de una nueva aprendiz de Sangoma, llegó el tiempo de descansar por algún rato. Algunos se quedaron durmiendo directamente en la choza principal, y otros nos retirábamos a una choza secundaria algo más apartada y silenciosa... La idea era encontrar un pequeño lugar para tirar nuestras bolsas de dormir, sin perturbar a las gallinas que estaban empollando.

Los Sangomas y sus aliados, siguieron toda la noche despiertos bailando y cantando con la gente del pueblo. Luego de un par de horas tirados en el piso y del nacimiento de más o menos cuatro pollito, las gallinas nos vinieron a despertar pisándonos la cara. Decidimos que era un buen momento para espabilar y dar una vuelta por los alrededores... 

Steve...
Christopher y su noble sonrisa...
Cuando volvimos nos estaban esperando con el último sacrificio del día a la parrilla. Así pasó la tarde y la vida, hasta que en algún momento, como muchas veces sucede, se hizo la hora de ir volviendo. Para ese momento Chris, los sangomas amigos y varios aliados, nso tenían preparada una despedida entre bailes y cantos, que le puso el moño al mambete. 

El camino de vuelta fue exactamemte al revés que el de ida. El clima y la visual también había cambiado rotundamente. Sol absoluto, no nubes, no niebla, infinitas tonalidades de verdes, humedad, vida, colores, y absolutamente nada que dificulte la visual en ningún punto de la periferia. El paraíso, ni más ni menos que el paraíso.

Cuando logramos llegar hasta el tope de la ladera de la montaña, asistimos a otra experiencia inolvidable: el día automáticamente dió un vuelco de 180º, y en menos de cinco minutos toda el área se cubrió por comlpeto de nubes y de niebla. Otra vez no podíamos ver nada más allá de diez metros. Como si de un lado y del otro de la ladera de la montaña hubiera una puerta energética de entrada a otro mundo.

Transkai profundo...
Uno de la banda dijo: "¿viste eso?", otro dijo: "¿ése lugar existe realmente?". Subimos a los autos y comenzamos la vuelta hacia Amapondo con la cabeza llena de preguntas, y por cierto, con muy pocas respuestas. Nuestra estadía en Port St. Johns se iba terminando y con cierta pena empezar a mirar nuevamente el mapa. La experiencia de la ceremonia, de los sangomas, y de las cataratas de Magwa, acababan de sellar un nuevo capítulo de este viaje en la memoria. Gracias a todos los que nos abrieron la puerta de tan hermoso evento. Hasta la próxima, cuando pongamos primera hacia Durban.
Port St. Johns, Sodoma after eight, tekila, trance y jarabes para la tos...

Port St. Johns, Sodoma after eight, tekila, trance y jarabes para la tos...

La banda, la cámara y Christopher...
Hablando del equilibrio que maneja Amapondo, debemos decir que por éstas épocas del año, el equilibrio cierra a las 19.59 a más tardar. Increíblemente, antes de esa hora, el lugar mantiene un ritmo de vida inclinado hacia la total productividad, en dónde cada uno cumple su función y realiza o sus tareas, o las tareas asignadas. Los hippies producen, las cosas se limpian, la gente hace yoga, se realizan caminatas, y nosotros trabajamos sin parar.

Curiosa y llamativamente, las transformaciones que se van dando son extremas y muy, pero muy graciosas. Se puede ver a todos los que dos horas atrás parecíamos hombres de bien en busca de un futuro mejor, eliminando absolutamente toda energía extraña que circunde el lugar, mediante danzas, movimientos espasmódicos, y una cantidad abrumadora de tekilas que van regalando caras para la posteridad. Si este párrafo les pareció muy "new hippie" dejen de leer ahora, es el momento.

Eva, Annie y hippies del orto...
La energía y el mambete que se genera en un espacio de 4 x 4 metros es llamativamente invasiva, acogedora y regocigante. (Diría Martín Revoira Lynch) “Miles y miles de borrachos boló...bailando en cuero...”. Definitivamente la noche de Amapondo es la montaña rusa estrella de este inmenso parque de diversiones. Subidas y bajadas por millón, caída libre, rulos, y la constante adrenalina de que cualquier cosa puede pasar. ¡Jodete las bolas man!... La noche de Amapondo es uno de los mejores vicios que adquirí.

Ahora bien, 19.30 cierra la producción, se toma un ligero baño, se come algo rápido (no importa qué), y todos juntos nos metemos dentro del pequeño bar para comenzar la transformación, al ritmo de la primera birra que puede ser una Black Label, o una Castle, y para quienes tienen un paladar más exquisito, una Amstel o una Widhoek.

Se ven girar algunas rondas de Amarula, y algunos pequeños shots llamados Springbocks. De todas formas esto es sólo la primer parte, y sólo sirve de preludio para tomar coraje, y de a poco empezar a meternos sin trabas, sin tapujos y sin vergüenza en el ritmo del trance y su mejor amigo, el tekila. Todas las previas se sirven acompañadas por sesiones de Djembe, ejecutadas alrededor de un respetable fuego justo enfrente del bar.
Simon reparando djembes...
Claire y Chris Sangoma...
Tania bailando es un espectáculo sin igual, impactante y sin mesura. Los negros de la barra son una máquina de emborrachar locos. Hay personajes que aparecen sólo de noche y nunca se sabe de dónde provienen, y está Angus todos los días; pero lo más importante de todo, es que no hay una sola persona que la esté pasando mal. Flash cósmico intergaláctico. Dame mil entradas que de acá no me sacan ni con la guardia civil. Al grito de "More Fire" se sube el volumen de la música, y que no se pare de bailar, que no se pare.
 
Hablando de Angus, que es un "rasta" originario de Ciudad del Cabo de unos treinta años, hay que agregar que no sólo está todas las noches regalando su danza loca, sino que además, si usted tiene suerte y le cae en gracia, le va a convidar un destilado de marihuana muy casero y muy rico, de unos 60º de graduación alcóholica, que si no le avisan que pega muy fuerte, va a cometer como yo, el error de tomarse ocho cucharadas, que lo pueden complicar por un rato bastante largo, al punto de verse en la obligación de salir caminando hacia ningún lado, en busca de vaya uno a saber qué. Angus es un genio.

Manijas en la cocina preparando pizza para todo el mundo...
En fin, la noche de Amapondo regala hermosas experiencias en todos los rubros. Tanto la cabeza, el cuerpo, y corazón, pueden ser afectados sin aviso en este principado de la buena onda. Si usted tiene algo de suerte... y se deja llevar, le puede pasar todo junto en una misma semana, y casi sin darse cuenta se puede encontrar relatándole a sus amigos, los mejores días de su vida, mientras la sonrisa se le clava en el rosto, y una melancolía, pero de la linda, se le va quedando estancada y le roba algunos suspiros.
 
Para terminar y para cerrar, debemos decir que la noche de Amapondo es un delirio sano, el cual dirige muy seguido Jandre, acompañado de su laptop y su intenso repertorio Trance, chequeando estados de ánimo y metiendo una pista tras otra de diversión y movimiento al ambiente. Irse a dormir es un placer que suele suceder a eso de las tres o cuatro de la mañana. Puede haber una previa pasada por la cocina a robar alguna feta de queso y tomar un traguito de agua, o uno se puede despertar en un sillón preguntándose "¿porqué o qué hice anoche?". Es lo mismo, al final todos quedan con la panza llena y el corazón contento.

Mañana entonces será otro día mis pequeños hippies, plagado de trabajo y diversión. Hasta entonces y hasta la próxima.

Chris y aprendiz...
Las extrañas energías de Clint y Figureti...
18 may. 2010
Port St. Johns, Amapondo backpacker's... Un parque de diversiones para adultos...

Port St. Johns, Amapondo backpacker's... Un parque de diversiones para adultos...

Frená, pará y olvidate de todo...
Port St. Johns es la mejor mezcla que vi de lo mejor del cielo con lo mejor del infierno. Viendo que usé tres veces la palabra mejor en la misma frase, supongo que es uno de los mejores lugar que pisé. Me corrigen acá y me dicen que hable en plural... que pisamos. Por un lado y de día, es el dibujito del paraíso sin Adán y Eva desnudos, y sin manzanas prohibidas: verde, montañas, ríos, océano, aire puro, y mucha paz. En el otro lado, y de noche, aparecen las mujeres hermosas y un Sodoma gigante que abre sus puertas alrededor de las 20.00 horas, y que se termina cuando no queda nadie.

Se puede ver al diablo echando más leña al fuego, más tekila en los vasos, y poniendo un "trance" extremadamente estimulador para que no se pare de menear, menear, menear... Si usted no se quiere perder en la perdición, recomendamos una temprana huída a la camucha, y al otro día no habrá sentido nada, ya que el lugar es tan amplio, que se puede estar en el estado que uno quiera y no enterarse de lo que pasa alrededor. Es sinceramente increíble el balance entre el bien y el mal que se ha logrado en este hermoso parador del Transkei.

El ala fiestera...
Amapondo nos recibió con los brazos abiertos. Para nuestra sorpresa, Tim, nuestro gran anfitrión nos invitó a quedarnos gratis por tiempo indefinido, hecho que motivó el primer: "no te la puedo creer" de los mil quinientos que repetimos durante la estadía. En eso apareció Ani, esposa de nuestro benefactor, irradiando belleza, sonrisa y buen humor, a decirnos que durante las mañanas podemos hacer yoga con ella, gratis, y al frente del mar o en la colina más próxima. Nunca hice yoga en mi vida Ani, pero ya que sos un ángel... te la considero.

Todavía estábamos buscando la forma de gastar un poco de plata cuando apareció Clint, un loquito de unos 32 años, ex heroinómano (adicción por la cual había tenido un infarto y había perdido la movilidad en el brazo derecho), a contarnos ésta historia, y decirnos que se había venido a vivir para siempre a este lugar, no sólo para no recaer nunca más en la droguita, sino que también para hacer de guía hacia las reservas más cercanas... todos los días después de las sesiones de yoga. Y ¿adivinen que?... gratis.

Clint izando el brazo que aún le funciona...
Como le pasó a un amigo mío, cuando apenas te levantas, te podés encontrar también con Toto o con Stevie, dos negros divinos que trabajan en tareas varias de mantenimiento, desparramando toneles de onda, al ritmo de la frase que más utilizan por estas latitudes: "more fire". Luego se prenden no uno, sino dos tronchos enormes, que no solamente son tronchos, sino que son ricos y además te los convidan... no vaya a ser que tengas una mañana estresada. ¡Ah! me olvida de comentarlo: es gratis también.

Toto con toda la onda a cuestas...
Luego de quedar tirando patadas voladoras por la primer hora, ya sin saber si tomar un café o empezar a gritar: ¡¡¡La puta que vale la pena estar vivo!!! se te puede cruzar por delante una rubia de unos 40 años, que se puede llamar Tania, que al tiempo que se va acercando, uno ve como se va rajando levemente la tierra, y se te empiezan a trabar las primeras palabras.

Ese es el exacto momento en el que uno se reprocha: “¿para que fumé? si ya sé que quedo muy loco tan temprano”. La pregunta pierde el sentido cuando te das cuenta que la piba se fumó cuatro más que vos, y todo se vuelve nuevamente paz, armonía, belleza, y tranquilidad. ¡Armate otro Cacho! Sí, armate otro... ya fue, ya está... después vemos...

No vaya a ser que se te cruce Angus a regalarte un jugo que sobró, o Kate a rebalsar de energía y buena onda la mañana de todos, y en todos los idiomas. No vaya a ser que te cruces con Simon, el mejor artesano que hayas conocido, o con Claire, la más hippie de las hippies, o con Dean, del que mejor no digo nada, o con Shane con su aura magnánima, sentado, sin hacer nada, y sonriendo.

Claire y la gallega hipponeando a lo loco...
Y por sobre todas las cosas y sólo para nombrar a quienes pueden ser considerados "de la casa", que no te vaya a pasar que además de que te den todo gratis, te traten infinitamente bien, y conozcas a todos los del párrafo anterior, te cruces con STEVE. STEVE se escribe con mayúsculas, más aún cuando decide no sé porque motivo, apadrinarte y guiarte por toda tu estadía en Port St. Johns, cuidarte y mostrarte  los detalles y las cosas que por uno mismo llevarían mucho más tiempo de ver. STEVE llega con un free pass bajo el brazo de las puertas del Edén rockero, en el que todos nos queremos quedar a pasar la eternidad. Algo así como un San Pedro, pero no tan careta y exigente, y con un muchísima más onda.

Steve...
Decía que no te pase porque la estadía que planeaste por tres días se puede convertir en una de doce, y si uno tuviera que trabajar, las cosas se pueden poner un poco dificultosas y lentas. Nosotros todavía estamos tratando de encontrar la solución a ésta ecuación de tercer grado, y para resolverla, nos vamos a pensar a una playa acá a 200 metros, a tocar el agua que nos dijeron que está calentita. En el camino nos quieren venden langosta y mejillones... que por lo que cuestan, diría que también son gratis...

En fin... Bienvenidos ustedes también al mejor parque de diversiones para adultos, bienvenidos a la Wild Coast y bienvenidos a Port St. Johns y Amapondo Backpacker's. ¡Enjoy and More fire!.

Un pedacito del paraíso...
Hippilandia...
Copyright © 2012 Viaje por África All Right Reserved