18 may. 2010

Port St. Johns, Amapondo backpacker's... Un parque de diversiones para adultos...

Frená, pará y olvidate de todo...
Port St. Johns es la mejor mezcla que vi de lo mejor del cielo con lo mejor del infierno. Viendo que usé tres veces la palabra mejor en la misma frase, supongo que es uno de los mejores lugar que pisé. Me corrigen acá y me dicen que hable en plural... que pisamos. Por un lado y de día, es el dibujito del paraíso sin Adán y Eva desnudos, y sin manzanas prohibidas: verde, montañas, ríos, océano, aire puro, y mucha paz. En el otro lado, y de noche, aparecen las mujeres hermosas y un Sodoma gigante que abre sus puertas alrededor de las 20.00 horas, y que se termina cuando no queda nadie.

Se puede ver al diablo echando más leña al fuego, más tekila en los vasos, y poniendo un "trance" extremadamente estimulador para que no se pare de menear, menear, menear... Si usted no se quiere perder en la perdición, recomendamos una temprana huída a la camucha, y al otro día no habrá sentido nada, ya que el lugar es tan amplio, que se puede estar en el estado que uno quiera y no enterarse de lo que pasa alrededor. Es sinceramente increíble el balance entre el bien y el mal que se ha logrado en este hermoso parador del Transkei.

El ala fiestera...
Amapondo nos recibió con los brazos abiertos. Para nuestra sorpresa, Tim, nuestro gran anfitrión nos invitó a quedarnos gratis por tiempo indefinido, hecho que motivó el primer: "no te la puedo creer" de los mil quinientos que repetimos durante la estadía. En eso apareció Ani, esposa de nuestro benefactor, irradiando belleza, sonrisa y buen humor, a decirnos que durante las mañanas podemos hacer yoga con ella, gratis, y al frente del mar o en la colina más próxima. Nunca hice yoga en mi vida Ani, pero ya que sos un ángel... te la considero.

Todavía estábamos buscando la forma de gastar un poco de plata cuando apareció Clint, un loquito de unos 32 años, ex heroinómano (adicción por la cual había tenido un infarto y había perdido la movilidad en el brazo derecho), a contarnos ésta historia, y decirnos que se había venido a vivir para siempre a este lugar, no sólo para no recaer nunca más en la droguita, sino que también para hacer de guía hacia las reservas más cercanas... todos los días después de las sesiones de yoga. Y ¿adivinen que?... gratis.

Clint izando el brazo que aún le funciona...
Como le pasó a un amigo mío, cuando apenas te levantas, te podés encontrar también con Toto o con Stevie, dos negros divinos que trabajan en tareas varias de mantenimiento, desparramando toneles de onda, al ritmo de la frase que más utilizan por estas latitudes: "more fire". Luego se prenden no uno, sino dos tronchos enormes, que no solamente son tronchos, sino que son ricos y además te los convidan... no vaya a ser que tengas una mañana estresada. ¡Ah! me olvida de comentarlo: es gratis también.

Toto con toda la onda a cuestas...
Luego de quedar tirando patadas voladoras por la primer hora, ya sin saber si tomar un café o empezar a gritar: ¡¡¡La puta que vale la pena estar vivo!!! se te puede cruzar por delante una rubia de unos 40 años, que se puede llamar Tania, que al tiempo que se va acercando, uno ve como se va rajando levemente la tierra, y se te empiezan a trabar las primeras palabras.

Ese es el exacto momento en el que uno se reprocha: “¿para que fumé? si ya sé que quedo muy loco tan temprano”. La pregunta pierde el sentido cuando te das cuenta que la piba se fumó cuatro más que vos, y todo se vuelve nuevamente paz, armonía, belleza, y tranquilidad. ¡Armate otro Cacho! Sí, armate otro... ya fue, ya está... después vemos...

No vaya a ser que se te cruce Angus a regalarte un jugo que sobró, o Kate a rebalsar de energía y buena onda la mañana de todos, y en todos los idiomas. No vaya a ser que te cruces con Simon, el mejor artesano que hayas conocido, o con Claire, la más hippie de las hippies, o con Dean, del que mejor no digo nada, o con Shane con su aura magnánima, sentado, sin hacer nada, y sonriendo.

Claire y la gallega hipponeando a lo loco...
Y por sobre todas las cosas y sólo para nombrar a quienes pueden ser considerados "de la casa", que no te vaya a pasar que además de que te den todo gratis, te traten infinitamente bien, y conozcas a todos los del párrafo anterior, te cruces con STEVE. STEVE se escribe con mayúsculas, más aún cuando decide no sé porque motivo, apadrinarte y guiarte por toda tu estadía en Port St. Johns, cuidarte y mostrarte  los detalles y las cosas que por uno mismo llevarían mucho más tiempo de ver. STEVE llega con un free pass bajo el brazo de las puertas del Edén rockero, en el que todos nos queremos quedar a pasar la eternidad. Algo así como un San Pedro, pero no tan careta y exigente, y con un muchísima más onda.

Steve...
Decía que no te pase porque la estadía que planeaste por tres días se puede convertir en una de doce, y si uno tuviera que trabajar, las cosas se pueden poner un poco dificultosas y lentas. Nosotros todavía estamos tratando de encontrar la solución a ésta ecuación de tercer grado, y para resolverla, nos vamos a pensar a una playa acá a 200 metros, a tocar el agua que nos dijeron que está calentita. En el camino nos quieren venden langosta y mejillones... que por lo que cuestan, diría que también son gratis...

En fin... Bienvenidos ustedes también al mejor parque de diversiones para adultos, bienvenidos a la Wild Coast y bienvenidos a Port St. Johns y Amapondo Backpacker's. ¡Enjoy and More fire!.

Un pedacito del paraíso...
Hippilandia...

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