19 may. 2010

Magwa falls, Steve y la banda de los Sangomas. Una excursión al centro del paraíso...

Foto histórica en el centro del paraíso...
Magwa falls, o Las Catarátas de Magwa, es algo así como el epicentro del paraíso en el Transkei, por ende, muy probablemente el mejor lugar que uno pueda encontrar en los alrededores. Steve es un antiguo guerrero de la orden de los iluminados, que conoce muy bien el área, ya que fue de los primeros blancos que lograron insertarse en los alrededores en épocas del Apartheid. No mucho más para agregar más que toda esta combinación de belleza y endereza humana es una por demás una pretenciosa manera de pasar el tiempo.

El misterioso mundo de los Sangomas...
Los Sangomas son personajes muy extraños y llamativos, que abundan por toda el área, de los cuales probablemente Chris es el más representativo. Chris, amigo de hace muchos años de Steve, fue quien nos invitó a conocer Mthambalala, su privilegiado hogar a metros de las cataratas de Magwa. La invitación se hacía extensiva para asistir a la experiencia de una ceremonia de iniciación de un nuevo Sangoma. Obviamente la cámara estaba mucho más que invitada al evento. Fue una especie de broche de oro para esta primera experiencia en Port St. Johns(Si alguien quiere saber que es un Sangoma y en que consiste la ceremonia por favor remitirse al link).

La extravagancia de Chris...
En lo que a los hechos específicos se refiere, el fin de semana arrancó con Steve a la cabeza, guiándonos por un sinfín de engañosos caminos que se entremezclan, se cruzan, te marean y te desorientan. Una vez que se encuentra la ecuación correcta, se llega hasta el final del camino, momento en que se debe continuar a pie.

Para meterle más rock a la aventura, llovía a cántaros, y los caminos de tierra se habían transformado en barro y estaban totalmente inundados. De todas formas no había opción, la ceremonia era ese fin de semana, y no se posponía por inclemencias climáticas, así que nos aventuramos, y después de algún que otro estancamiento, logramos llegar a primera base.
Dale que lo sacamo'...
Luego de estacionar los autos en una mini comuna de tres o cuatro casas en el filo de la pequeña montaña, hay que lanzarse de lleno por la ladera en dirección al valle y caminar por aproximadamente una hora. Steve bajó, habló un par de palabras con los jefes comunales, y en un santiamén arregló el estacionamiento para los autos. Antes de lanzarnos a la caminata, tuvimos que improvisar algunos aislantes para no empaparnos y enfermarnos y sacarnos las zapatillas y las medias por haber perdido todo sentido de existencia. Una vez que todas las condiciones estuvieron dadas, arrancamos la travesía. 

El camino serpenteaba pendiente abajo por un sendero bastante angosto, incrustado en una montaña que desemboca directamente en el valle dónde está la aldea de Chris. No se veía nada más que el bosque que nos rodeaba, una especie de pared blanca mezcla de niebla con lluvia de la más fina, y nubes que taponaban casi toda la periferia. La imagen regalaba misticismo y la sensación de que en cualquier momento iba a aparecer algún duende verde con un trébol y un barril lleno de monedas de oro preguntando "¿qué hay de nuevo viejo?".

Armate el impermeable y seguilo a Steve...
Claire en la selva...
Grandes momentos...
Con cierto recelo y algo de miedo por la integridad de la cámara, atravesamos dos ríos algo agitados. Gracias a la suerte todo salió a la perfección, y la aventura de llegar a la casa de Chris estaba casi consumada. Finalmente demoramos un poco más de lo previsto por demoras climáticas, pero llegamos enteros, felices y contentos. Al llegar fuimos recibidos muy cálidamente con un poco de pan casero y café y por un mundo de esos nuevos que hay que empezar a descubrir.

Tirolesas en camino al paraíso...
Christopher versión Hobbit...
La aldea es una especie de planeta aparte. Está situada en el medio de un valle con una vista de 360º de montañas, de entre las cuales asoma la larga caída de agua de las cataratas. El paisaje es de esos vertiginosos, de los que cuestan abarcar y absorber en una mirada. De esos en los que siempre se descubre algo nuevo cuando se lo vuelve a abservar.

En la aldea de Chris, cuando llueve de esta manera, se camina en patas en medio de un barro tipo fondo del río Paraná, rodeado por cabras, gallinas, y mucha gente de los poblados aledaños que se dan cita para estas ocasiones. En esta oportunidad no sumaban más de cuarenta almas, que no hablaban idioma alguno que usted o yo podamos comprender. 

Son personas notablemente amables. Están todo el tiempo intercambiando sonrisas y buena onda, especialmente las mujeres y los niños. Los hombres dedican la mayor parte de su energía a la ingesta de una cerveza de elaboración artesanal llamada Umqombothi, que se prepara en muchos lugares de Sudáfrica y que es una de las vedettes de estas ceremonias.

Solamente el hecho de ocupar un espacio en la ceremonia, resulta una gran experiencia en sí misma. Con sólo observar la forma de vida, los tiempos que se manejan, o la forma de cocinar, se entra en una sensación de contraste cultural inabarcable. Una especie de realidad casi virtual que se manifiesta intensamente en cada uno de los sentidos.


Un lugar en el mundo...
Un lugar en el mundo bis...
Mientras nos acomodábamos y nos amoldábamos a los códigos del lugar, Steve nos iba relatando el significado de las actitudes, de los bailes, y de la interacción en general. Conforme la ceremonia avanzaba, la cosa se ponía más y más interesante, la música y los cantos se intensificaban, la gente estaba más borracha, las gallinas y los cabritos más asustados, hasta que todo terminó en medios de sacrificios, espiritismo y actos afines. Flashazo para la memoria y la cabeza.

Luego de colgar el último animal despellejado en el techo de la choza y de que experimentamos el "nacimiento" de una nueva aprendiz de Sangoma, llegó el tiempo de descansar por algún rato. Algunos se quedaron durmiendo directamente en la choza principal, y otros nos retirábamos a una choza secundaria algo más apartada y silenciosa... La idea era encontrar un pequeño lugar para tirar nuestras bolsas de dormir, sin perturbar a las gallinas que estaban empollando.

Los Sangomas y sus aliados, siguieron toda la noche despiertos bailando y cantando con la gente del pueblo. Luego de un par de horas tirados en el piso y del nacimiento de más o menos cuatro pollito, las gallinas nos vinieron a despertar pisándonos la cara. Decidimos que era un buen momento para espabilar y dar una vuelta por los alrededores... 

Steve...
Christopher y su noble sonrisa...
Cuando volvimos nos estaban esperando con el último sacrificio del día a la parrilla. Así pasó la tarde y la vida, hasta que en algún momento, como muchas veces sucede, se hizo la hora de ir volviendo. Para ese momento Chris, los sangomas amigos y varios aliados, nso tenían preparada una despedida entre bailes y cantos, que le puso el moño al mambete. 

El camino de vuelta fue exactamemte al revés que el de ida. El clima y la visual también había cambiado rotundamente. Sol absoluto, no nubes, no niebla, infinitas tonalidades de verdes, humedad, vida, colores, y absolutamente nada que dificulte la visual en ningún punto de la periferia. El paraíso, ni más ni menos que el paraíso.

Cuando logramos llegar hasta el tope de la ladera de la montaña, asistimos a otra experiencia inolvidable: el día automáticamente dió un vuelco de 180º, y en menos de cinco minutos toda el área se cubrió por comlpeto de nubes y de niebla. Otra vez no podíamos ver nada más allá de diez metros. Como si de un lado y del otro de la ladera de la montaña hubiera una puerta energética de entrada a otro mundo.

Transkai profundo...
Uno de la banda dijo: "¿viste eso?", otro dijo: "¿ése lugar existe realmente?". Subimos a los autos y comenzamos la vuelta hacia Amapondo con la cabeza llena de preguntas, y por cierto, con muy pocas respuestas. Nuestra estadía en Port St. Johns se iba terminando y con cierta pena empezar a mirar nuevamente el mapa. La experiencia de la ceremonia, de los sangomas, y de las cataratas de Magwa, acababan de sellar un nuevo capítulo de este viaje en la memoria. Gracias a todos los que nos abrieron la puerta de tan hermoso evento. Hasta la próxima, cuando pongamos primera hacia Durban.

2 comentarios:

  1. ALTAS fotografías muchachos! se los digo yo que tengo buen ojo! jajaja che me gustan mucho! metanle arte que con arte todo se puede!

    Avisen cuando les llegan los notukis, les puse un logo poco sutil muy exagerado por el apuro... y porque quiero fotos!!!

    SAYONARA GOOD TRIPY!

    ;)!

    DVD

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  2. increíble!!! muero por conocer este lugar!!! tendria qe ver como llegar desde Ciudad del Cabo... no voy a contar con tanto tiempo como estedes seguramente! jaj
    qe genios!
    AMO VIAJE X AFRICA

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