19 may. 2010

Port St. Johns, Sodoma after eight, tekila, trance y jarabes para la tos...

La banda, la cámara y Christopher...
Hablando del equilibrio que maneja Amapondo, debemos decir que por éstas épocas del año, el equilibrio cierra a las 19.59 a más tardar. Increíblemente, antes de esa hora, el lugar mantiene un ritmo de vida inclinado hacia la total productividad, en dónde cada uno cumple su función y realiza o sus tareas, o las tareas asignadas. Los hippies producen, las cosas se limpian, la gente hace yoga, se realizan caminatas, y nosotros trabajamos sin parar.

Curiosa y llamativamente, las transformaciones que se van dando son extremas y muy, pero muy graciosas. Se puede ver a todos los que dos horas atrás parecíamos hombres de bien en busca de un futuro mejor, eliminando absolutamente toda energía extraña que circunde el lugar, mediante danzas, movimientos espasmódicos, y una cantidad abrumadora de tekilas que van regalando caras para la posteridad. Si este párrafo les pareció muy "new hippie" dejen de leer ahora, es el momento.

Eva, Annie y hippies del orto...
La energía y el mambete que se genera en un espacio de 4 x 4 metros es llamativamente invasiva, acogedora y regocigante. (Diría Martín Revoira Lynch) “Miles y miles de borrachos boló...bailando en cuero...”. Definitivamente la noche de Amapondo es la montaña rusa estrella de este inmenso parque de diversiones. Subidas y bajadas por millón, caída libre, rulos, y la constante adrenalina de que cualquier cosa puede pasar. ¡Jodete las bolas man!... La noche de Amapondo es uno de los mejores vicios que adquirí.

Ahora bien, 19.30 cierra la producción, se toma un ligero baño, se come algo rápido (no importa qué), y todos juntos nos metemos dentro del pequeño bar para comenzar la transformación, al ritmo de la primera birra que puede ser una Black Label, o una Castle, y para quienes tienen un paladar más exquisito, una Amstel o una Widhoek.

Se ven girar algunas rondas de Amarula, y algunos pequeños shots llamados Springbocks. De todas formas esto es sólo la primer parte, y sólo sirve de preludio para tomar coraje, y de a poco empezar a meternos sin trabas, sin tapujos y sin vergüenza en el ritmo del trance y su mejor amigo, el tekila. Todas las previas se sirven acompañadas por sesiones de Djembe, ejecutadas alrededor de un respetable fuego justo enfrente del bar.
Simon reparando djembes...
Claire y Chris Sangoma...
Tania bailando es un espectáculo sin igual, impactante y sin mesura. Los negros de la barra son una máquina de emborrachar locos. Hay personajes que aparecen sólo de noche y nunca se sabe de dónde provienen, y está Angus todos los días; pero lo más importante de todo, es que no hay una sola persona que la esté pasando mal. Flash cósmico intergaláctico. Dame mil entradas que de acá no me sacan ni con la guardia civil. Al grito de "More Fire" se sube el volumen de la música, y que no se pare de bailar, que no se pare.
 
Hablando de Angus, que es un "rasta" originario de Ciudad del Cabo de unos treinta años, hay que agregar que no sólo está todas las noches regalando su danza loca, sino que además, si usted tiene suerte y le cae en gracia, le va a convidar un destilado de marihuana muy casero y muy rico, de unos 60º de graduación alcóholica, que si no le avisan que pega muy fuerte, va a cometer como yo, el error de tomarse ocho cucharadas, que lo pueden complicar por un rato bastante largo, al punto de verse en la obligación de salir caminando hacia ningún lado, en busca de vaya uno a saber qué. Angus es un genio.

Manijas en la cocina preparando pizza para todo el mundo...
En fin, la noche de Amapondo regala hermosas experiencias en todos los rubros. Tanto la cabeza, el cuerpo, y corazón, pueden ser afectados sin aviso en este principado de la buena onda. Si usted tiene algo de suerte... y se deja llevar, le puede pasar todo junto en una misma semana, y casi sin darse cuenta se puede encontrar relatándole a sus amigos, los mejores días de su vida, mientras la sonrisa se le clava en el rosto, y una melancolía, pero de la linda, se le va quedando estancada y le roba algunos suspiros.
 
Para terminar y para cerrar, debemos decir que la noche de Amapondo es un delirio sano, el cual dirige muy seguido Jandre, acompañado de su laptop y su intenso repertorio Trance, chequeando estados de ánimo y metiendo una pista tras otra de diversión y movimiento al ambiente. Irse a dormir es un placer que suele suceder a eso de las tres o cuatro de la mañana. Puede haber una previa pasada por la cocina a robar alguna feta de queso y tomar un traguito de agua, o uno se puede despertar en un sillón preguntándose "¿porqué o qué hice anoche?". Es lo mismo, al final todos quedan con la panza llena y el corazón contento.

Mañana entonces será otro día mis pequeños hippies, plagado de trabajo y diversión. Hasta entonces y hasta la próxima.

Chris y aprendiz...
Las extrañas energías de Clint y Figureti...

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