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26 jun. 2012
Especial Grahamstown segundo hogar, Una recorrida diurna por el centro de la ciudad...

Especial Grahamstown segundo hogar, Una recorrida diurna por el centro de la ciudad...

El edificio principal de Rhodes University...
Este especial de la ciudad de Grahamstown que les vamos a hacer llegar en tres capítulos tiene como objetivo principal realizar una recorrida conjunta por el lugar en que elegimos reposar nuestras maltratadas humanidades luego del intenso recorrido bicontinental, y que poco a poco se fue transformando en nuestro segundo hogar.
 
Para empezar con este recorrido más bien fotográfico, los introduciremos a la parte más urbana de la ciudad en horas diurnas, lugares en dónde se mueven mayoría de blancos, y la economía es alimentada casi en un cien por cien por la existencia de la Universidad de Rhodes, institución que es definitoria para la prosperidad de  Grahamstown.

Tuvimos la oportunidad de ser parte de la institución desde varios puntos de vista. Casi todas las comodidades y recursos con los que fue factible la entrega de los últimos cuarenta post de Viaje por África, fueron puestos a disposición por personas relacionadas con la facultad a las que les debemos un eterno agradecimiento.
La puerta del búnker...
En fin, para no demorarlos mucho más, les contamos que la caminata empieza en nuestro búnker, el Arts lounge, ese lugar al que todavía no le encontramos calificativo de lo hermoso y reconfortante que es. Desde aquí empezaremos a recorrer los hitos más importantes que definen la belleza exquisita de este pueblo colonial inglés, su pulcritud absoluta, y sus mucho más que amables modos de dejarnos subsistir.
 
Sólo para sacarnos de encima dos de las principales insignias de la ciudad, caminaremos primeramente hacia el “arco” que marca la entrada al campus universitario, y desde ahí nos iremos hasta la catedral de San Jorge. Luego nos acercaremos a los barrios, museos, centros comerciales, y otros eventos un poco más naturales como el “Dam” y los puntos panorámicos, todos lugares que son parte de nuestra película de vida, y que nos contextualizaron los días, mientras nos estabilizábamos y nos purificábamos de tanta carga emocional...


El Arco...
Albany Museum...
Beaufort Street...
Saint George Cathedral...
Bathurst Street...
Para que no te pierdas...
Edificios coloniales por doquier...
Centro comercial Shoprite...

¿Dónde está la nerca?...
Observatory Museum...
Iglesia Anglicana y Monumento Albany...
Complejo del Pick and Pay...
En el medio de la recorrida nos detendremos a conocer a uno de los personajes más perseverantes de Grahamstown, el eterno e infinito guitarrista callejero (quién a nuestro criterio debería ser considerado ciudadano ilustre y embajador vitalicio) y continuaremos caminando para concluir observando una de las indescriptibles puestas de sol que adornan nuestras tardes desde hace ya algunos meses.
 
Bienvenidos entonces a nuestro amable énclave sudafricano, y a la jovialidad, vitalidad y hermosura de la ciudad más linda del Eastern Cape... Bienvenidos a esta relajante caminata por la ciudad de Grahamstown... Gracias y hasta la próxima...


Vista aérea de Grahamstown...
Atardecer de un día concurrido...
Los jardines de Rhodes University...
Grey Dam...
video
Grahamstown VIP...
19 jun. 2012
Party at the tunnels (Grahamstown) y Boat Races (Port Alfred)... Dos eventos dos...

Party at the tunnels (Grahamstown) y Boat Races (Port Alfred)... Dos eventos dos...

Remen chicos remen...
Grahamstown y Port Alfred son dos ciudades que pertenecen al mismo circuito de vida. No solamente porque están separadas por menos de una hora de viaje, sino también porque de alguna u otra manera se complementan.

Grahamstown, debido a que es una ciudad meramente universitaria, durante lo que se puede considerar el “año lectivo” (Febrero a fines de Noviembre) cuenta con un movimiento diurno y nocturno sin igual para sus dimensiones. Eventos, bares, festivales, muchísima variedad de gente... En fin, de esos lugares en donde la vida social roba una buena cantidad de horas al día. A cualquier trámite que uno vaya a hacer, hay que sumarle el tiempo que uno va a invertir saludando y charlando con gente y charlando en el camino.

Port Alfred es todo lo contrario. Al ser una ciudad casi exclusivamente de veraneo (especialmente para gnete de Johannesburgo) no tiene demasiado movimiento, y es bastante más desoladora, bastante más chata, y porque no decirlo, huele un poco bastante a perfume de vieja, ese típico olor que algunas señoras de avanzada edad desparraman por los espacios públicos. Esto hace que unos (Grahamstown) y los otros (Port Alfred), busquen escaparse tanto de la soledad como del hastío en opuestas direcciones, y en diferentes épocas del año.

La ribera de Port Alfred...
El río que desemboca en el mar...
La segunda “complementaridad” que podemos acusar entre estos dos lugares, se da por razones meramente geográficas, pero que en cierta manera son el fundamento de lo anteriormente expuesto. Grahamstown es una ciudad que reposa en un pequeño valle entre montañas, con paisajes increíbles que sumergen a las personas en una burbuja en la que todo parece estar más allá, lejos del mundo real. Una especie de búnker emocional donde todo es “seguro”, donde nada distorsiona demasiado la vida, y en donde uno se puede desenvolver lejos de los embates ambientales y amenazantes del mundo exterior. Esa sensación que dan las montañas de estar aislado, pero seguro.
 
Port Alfred es una ciudad que se sitúa sobre las costas del océano Indico, que sufre los embates del viento, de la lluvia y del clima a campo abierto. Es totalmente llana, y claramente no cuenta con los mil recovecos, ni en definitiva con la contención espacial que la primera es capaz de proveer. Para redondear, si uno tuviera que elegir uno de estos dos sitios para tener una casa o ir de veraneo, seguramente sería Port Alfred, y si uno tuviera que elegir un lugar para montar una ciudad universitaria, claramente sería Grahamstown. Entonces, nuevamente podemos encontrar factores que hacen a la unión y meten a estas dos ciudades que distan 60 kilómetros una de la otra, en un mismo circuito.


Estudiantes de joda en Grahamstown...
Un argentino perdido en Port Alfred...
Uno se puede escapar de la intelectualidad y la intensidad de una ciudad estudiantil-artística situada en el medio de las montañas y entregarse a un espacio abierto, liberador y lleno de agua, rodeado por la amabilidad del océano Indico, que mientras tira sonido olita, limpia la resaca informativa; o bien uno puede escaparse de la chatura, del viento y de un espacio muy abierto, y venir a sentir la cordialidad de la vida sucediendo constante e intensamente a nuestro amable y amado pueblo burbuja come libro. En fin, acabo de escribir un montón de gilada, pero que amenaza con cierta coherencia. Prosigo porque estoy perdiendo el rumbo cada vez más...
 
Creo que me dejé llevar por el tema del complemento porque en definitiva las dos ciudades nos sirvieron para mezclar joda y trabajo de una manera impúdica en un mismo espacio y en un mismo momento, condensación a través de la que experimentamos al unísono todas estas sensaciones y percepciones anteriormente expuestas, por lo que me veo obligado, además de dejar de divagar, a presentar formalmente dos eventos que nos competen y que nos entregaron a la inigualable sensación de divertirnos haciendo plata: las fiestas de los túneles en Grahamstown y la competencia anual de remo en la ciudad de Port Alfred.


Estudiantes haciendo el aguante a los remeros...
¡Vamo' Kevin, vamo!...
El túnel propiamente dicho...
Party at Tunnels...
El primero se realiza en un lugar que se podría denominar "alejado" del centro de Grahamstown, en una granja que formalmente funciona como alojamiento para muchos de los estudiantes residentes, y en donde antiguamente se dedicaban a la fabricación de ladrillos para la construcción. Muchas de las estructuras en forma de túneles que fueron quedando en desuso de la fábrica, son las que hoy se utilizan como predio para bailar al ritmo de un exuberante trance, drum & base, dub step... lalala...
 
El segundo es un evento anual que reúne a universidades de todo el país durante un fin semana, en una competencia que se realiza en el río Kowie, que consiste ni más ni menos que en remo por equipos, y en dónde el evento principal no es de ninguna manera el deporte, sino la entrega deliberada de los cuerpos al consumo de alcohol y la socialización con el sexo opuesto.
 
A los dos eventos acudimos por todos los motivos expuestos anteriormente, pero también para hacer provecho del negocio de comidas, que ya un poco más asentado, era requerido por sus organizadores para alimentar a la vagancia que iba decayendo por el alcohol y las drogas, y necesitaban un punch energético para no derrapar bruscamente y poder continuar en las pistas.


Argentos tránfugas vende-comida en la Tunnel's Party...
Sale pescadito a la parrilla con Tim...
Así fue como en más de una oportunidad se vieron nuestras famosas tartas, tortas, sándwiches y perritos calientes, salvándole la vida a más de uno que ya no podía ni llevárselos a la boca... a la vez que aprendíamos la sabia lección que al menos en Sudáfrica, los borrachos suelen dar más propina que lo que gastan en comer. También debemos decir que nosotros mismos a determinada hora terminábamos más jugados que el Facha Martel, por lo que en alguna ocasión tuvimos que procurarnos la ayuda de nuestros más cercanos borrachos, para ver si entre todos lográbamos cortar dos pedazos de tartas iguales, o evitar que se nos cayera toda la comida al piso.
 
También debemos acotar que a la gente le resulta todo un gesto que alguien en medio de estas fiestas rutilantes, se dedique a la noble empresa de ponerse a vender comida, hecho que motivó también la obtención de todos los beneficios con que los chicos se castigan... de manera totalmente gratis, y finalmente, asistencias tanto para armar los puestos como para desarmarlos, hecho que ya totalmente en pedo y endrogrado, se agradece con el corazón en la mano.
 
Hubieron muchos personajes interesantes junto a los que compartimos estos maravillosos momentos de bailes sónicos al grito de: “carrot cake... chocolate cake, chicken pie... the last one...” de los que tenemos que destacar a nuestra pareja de zimbawenses favorita, Tim y Cassie. Además, y no menos importantes, Christie y su padre, dos hermosuras psicotrópicas, Ed, que en más de una oportunidad literalmente obligó a la gente a que nos compre, Catherine, que no nos ayudó demasiado, pero que adornó el ambiente con su hongueada cara al viento, y por último cuatro muy especiales...


Bron, Catherine, Rachel y Juli emocionados de más por el atardecer...
Christie y Cassie a la vera del Kowie...
Christie's father, un gran personaje...
Rachel por hacer todo viable y manejar la energía de la gente, Bronwen, no solamente por proveer su camioneta para llevar todo lo necesario para vender la comida, sino también por darnos en préstamo por todo el año el beetle más guerrero de Sudáfrica. Robby: por abrirnos las puertas al evento que más réditos nos trajo en nuestro negocios de comida, y Kevin, quien luego de batallar y batallar logró para la universidad de Rhodes un enorme segundo puesto, perdiendo en la final con el equipo más profesionalizado de Sudáfrica. A todos ellos gracias por todos los momentos, por el apoyo, por las invitaciones, y por la actitud más relajada y abierta del mundo.
 
Las fiestas de los túneles y las carreras de remo pasaron al cuadro de honor de nuestras experiencias de viaje y serán recordadas eternamente como aquellos momentos en que mientras bailábamos y nos divertíamos con nuestros queridos sudafricanitos, la plata se hacía prácticamente sola en algún punto del limbo... Como tener la chancha y la máquina de hacer chorizo aunque sea algunas pocas veces por año... Un abrazo para todos y nos reencontramos prontamente... ¡Salud!


Aplausos para el Rhodes' Team...
Aplausos para Robby también...
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 Rhodes en plena acción...
12 jun. 2012
Travelling Trolly 2.0 en Grahamstown, Sudáfrica, una idea 100% argenta...

Travelling Trolly 2.0 en Grahamstown, Sudáfrica, una idea 100% argenta...

El "Trolly" posando en la entrada de la universidad...
Luego de un fin de festival brillante, con los pies muchísimo más apoyados en nuestra ciudad granjita sudafricana, paramos la bocha y nos sentamos a hacer el ejercicio más lindo que hacen algunas personas: pensar. Los vericuetos del cerebro, y los infinitos y laberínticos caminos de las neuronas, parecieran ser el arma fundamental para cualquier fin que el ser humano se proponga. Si uno no se sienta a pensar, o no tiene incorporado este ejercicio, en general: o hace idioteces, o no hace nada, y lamentablemente nosotros no nos podíamos dar el lujo de ninguna de las dos.
 
El aliento principal era que la comida había tenido un éxito interesante durante los días del festival, por lo que una buena cantidad de personas expresaron su interés en seguir adquiriendo productos frescos y distintos a los que comían todos los días en el town. Todo muy lindo, pero antes de tomar decisiones teníamos que solucionar un bonito problema: necesitábamos encontrar un lugar desde donde seguir vendiendo la comida.
 
Así fue que resucitamos la idea de los típicos carritos cafeteros que se pueden ver en muchos de los barrios de Capital Federal e interior del país, idea que habíamos utilizado por unos días cuando estuvimos en Sudáfrica para presenciar el mundial de fútbol 2010, pero a la que había que ponerle mucho más punch y un fuerte "reloaded", para intentar no ser igual de berretas que antes.

Así fue entonces queridos amigos, que nació el famoso titán del asfalto solventa problemas estomacales, el represor del hambre, el económico, el único carrito que no se cansa de vagar ni de pelotudear por las calles, el más rodante de todos, el magnánimo, el que te persigue para que le compres... Démosle una calurosa bienvenida por favor entonces a nuestro nuevo mejor amigo: “El carrrriiiitoooooo viajerooooooo”... clap, clap, clap, pitos y cornetas.


¡Cha-chan!...
¡Cha-chan!...
Nuestro “Travelling Trolly 2.0” básicamente es una versión muy mejorada del “Travelling Trolly 1.0” (lógicamente). Este nuevo modelo 2011 adquirió mucha más capacidad, más estantes, y un menú mucho más interesante que su antecesor. Como si fuera poco, está pintado de colores sobrios no invasivos, y su madera ultra resistente garantiza que al rodar va a hacer mucho ruido, pero jamás se va a romper...
 
Por suerte el lugar para cocinar resultó casi un trámite, ya que Ruth, muy contenta con la performance del barcito durante las funciones del Arts Lounge, nos ofreció guardar las cosas en el jardín y utilizar el espacio durante la mañana para cocinar. Ese fue uno de los pasos más importantes que dimos en nuestra vida en Grahamstown, ya que no sólo nos dio el acceso a una casa tremenda con un patio increíble en el centro de la ciudad, sino también la posibilidad de continuar el negocio de comida, y como si todo esto pareciera poco, acceso a las computadoras de la universidad cuando fuera necesario.

Sólo un pequeño y tácito pacto de que a cambio nos hacíamos cargo de que esté siempre todo en orden e impecable fue lo único que contrapuso en la mesa, por lo que a Ruth entonces, antes de irnos de Grahamstown, le tenemos que hacer un monumento tamaño natural en la parte más vistosa de la ciudad.


Vista del jardín a la cocina...
Cocina con vista al jardín...
Los Ramones en pleno proceso de modernización...
La oficina...
Más instalados que el Indio Solari en Parque Leloir, nos dedicamos a darle rienda suelta a nuestra inventiva para cocinar, para escribir, para hacer asados, fiestas, meetings, holgazanería, y por sobre todo, para tratar de hacer el dinero necesario para vivir y ahorrar para el próximo viaje, que si todo sale bien será Asia 2.0, segunda mitad del 2012... con otro proyecto fílmico (que se rumorea que puede ser una película), con más proyectos de escritura y relatos, y con mucho, pero mucho más rock y punch a la vida.
 
Y como nada de lo que uno hace en la vida viene sin las naturales consecuencias, y como que todo lo que uno hace con esfuerzo y dedicación en general sólo trae cosas buenas, el hecho de que el Travelling Trolly 2.0 hay salido al ruedo por la ciudad de Grahamstown, amplio nuestras sonrisas, nuestros círculos de vida, y nuestro afianzamiento con una ciudad de la que definitivamente nos empezamos a sentir parte.
 
Especialmente Juli, quien era el piloto diario de tan llamativo carcacho rodante, fue quien sirvió de nexo con todos los sectores del town con los que no habíamos tenido contacto hasta el momento, y su inmaculada figura empezó a tomar tan llamativa relevancia, que casi podríamos decir que fue directamente catapultado a la fama y se transformó en objeto fetiche para algunas personas.


El afamado arco...
Apaciguando el hambre en las colas bancarias...
¿Carrot cake doña?...
Para empezar debemos decir que salió tres veces en el diario local y que dos estudiantes de la escuela de periodismo (entre quienes se destaca la inocencia de Candi) de la Universidad de Rhodes le hicieron un seguimiento intensivo sobre sus días en Grahamstown, intentando inclusive indagar sobre sus más íntimos secretos personales, asuntos que por filosofía nunca develamos a terceros (ya que tenemos claro que luego se quieren aprovechar de su carismática imagen para entregarse al tráfico compulsivo de información paga).
 
El carrito circulaba y la fama de Juli aumentaba. Nuestro Travelling Trolly 2.0 ya tenía recorrido fijo, clientela asegurada, y reposaba impasible las últimas tres horas de la tarde debajo del sitio más representativo de Grahamstown: el “arco” que marca la entrada al campus universitario. En ése mágico lugar fue que nos terminamos de familiarizar con la hija de la dueña de “Transfussion” (el único lugar de ropa alternativa de Grahamstown), Lee, quien varias veces repitió, y cada vez con mayor énfasis, que éramos muy bienvenidos a dejar nuestra ropa en su negocio, detalles que cerramos con su empleada,“Nono”, quien se hizo cargo de la venta de muchas prendas.
 
Por otro lado, nos hicimos compinches con una banda de semi hippies que atienden el único kiosquito que vimos en todo Sudáfrica, llamado “Under the arch”, cuya formación es la siguiente: Jane, Tracy, Debra y Nadine, unas afrikaneers buena onda pro-modelo 2011, que se encargaron de suministrarle a Juli té y pasatiempos varios durante las horas que vigilaba las ventas de nuestro titán.


Nono y la ropita colgada...
Tracy y Jane atendiendo el kiosquito grahamstoniano...
Para ponerle más color al color, también queremos hacer referencia a la sonrisa entrañable de las “mamas” que venden sus collares y artesanías al costado del arco. Entes supremos con corazones de oro, que vagan en la atemporalidad de lo sublime y lo permanente. Postales del alma de Grahamstown... necesarias, elocuentes y muchas veces olvidadas. Absolutamente especiales.
 
Y aunque sabemos que puede ser aburrido para quien lee, les pedimos mil disculpas por extendernos, pero nobleza obliga el repaso de un par de personajes que se consolidaron en la calle: Noizee, la presentadora más hermosa del mundo, Byron, siempre confundido, siempre a la deriva, Gareth, que habla español y dirige una escuela de música en el township, y una pareja de colombianos de Bucaramanga, Jesús y Paola, quienes están trabajando por un par de años para la universidad y que ayudaron muchas veces a Juli acompañándolo y haciéndole sentir que las horas volaban.


Las mamas cubriéndose del sol...
La mama más longeva cuidando el rancho...
Paola y Jesús, los bucaramenios...
Además de la semana, nuestro Travelling Trolly 2.0 salía también de joda los sábados por la mañana, a imponer su vagabunda estampa en el mercado más careta de Grahamstown. El “Old Gaol” era el escenario que observaba arribar a nuestro querubín 50% argento 50% sudafricano y posar con su blanca estampa en terrenos inundados por comidas artesanales, para dar lecciones de carrot cake, chocolate cake, y/o a provocar con sus tartas y sus sándwiches de pollo, atún y jamón y queso. En estas salidas matinales nos hicimos amigos de Virgina y Shane (quiene venden todo tipo de quesos) y Clint y Jaco (mucho pescado fresco). Gente que estuvo siempre atenta a dar las dos manos...


Travelling Trolly de sábado a la mañana...
Para ir terminando de una vez y ya sin más, debo hacer los honores a nuestro Travelling Trolly 2.0 y compartirles sus más íntimos secretos y ventajas. La primera: comer, más que una necesidad básica es un placer, motivo por que si uno le da a la gente comida que le produce placer, ese placer lo terminan asociando a quien la vende, y eso a la larga o a la corta trae muchísimas ventajas. Segundo: se tiene la ventaja de tener siempre comida a disposición y de gastar muchísimo menos dinero por mes en pelotudeces, por lo que resulta un gran alivio para la economía. Tercero: si hay restos de comida, siempre se puede alimentar a gente que lo necesita y que no tiene el dinero para comprarla. En fin...
 
Un abrazo para todos y gloria y honor para el Travelling Trolly 2.0. Hasta la próxima cuando nos traslademos a las fiestas electrónicas de Grahamstown y su cambalache globalizado... ¡Salud!

Cuesta arriba por las calles de Grahamstown...
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Manifestación en el centro de Grahamstown...
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