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31 oct. 2011
Luxor, Seven Heaven, Mohammed y psicotropías varias…

Luxor, Seven Heaven, Mohammed y psicotropías varias…

La banda con Mohammed en el Seaven Heaven (el nombre ya había cambiado)...
Lo bueno de viajar es que te puede suceder que luego de que hayas sentido la frustración de una salida fallida a dedo de Aswan, de una demora y letargo de casi un día, y de que no te dejen abordar en tercera clase del tren porque sos “turista”; del otro lado de la estación, que siempre es un lugar de esperanza e intriga, estos sentimientos culminen y se aúnen bajo el aura y la fisionomía de Mohammed. Y mucho más, si la primera frase que esboza este egipcio modelo dice que tiene lugar para dormir por un dólar y medio por noche. Así nos recibió Luxor, y así fue que fuimos a parar a este principado de la locura llamado “Seven Heaven”, antro que hizo de las delicias, enojos, incógnitas, e incomodidades varias de esta troop continental.

Estación de trenes de Luxor... Segundo hogar de Mohammed...
Mohammed es una persona que encarna el espíritu, la conducta, la idiosincrasia, y lo mejor y lo peor del comportamiento egipcio. Una persona por momentos oscura, por momentos brillante, por momentos amable, por momentos parca, a veces generosa, a veces asombrosamente ventajera. Fumando su eterno cigarrillo nos recibió y nos guió casi de la mano hasta nuestra nueva morada; un lugar algo escondido, pero ciertamente bien ubicado, rodeado de tranquilidad barrial, y abrazado por mezquitas que desde sus varios minaretes taladran constantemente en las horas de rezo, emanando un incansable Corán hacia los cuatro puntos cardinales.


El rioba I...
El rioba II...
El rioba III...
Dos mezquitas anunciando la hora del rezo al mismo tiempo...

Mohammed primero te convida té, después te invita a jugar dominó, luego te quiere vender un tour berreta, y por último, te quiere comprometer para que le compres marihuana. Mientras tanto te dice que podés usar internet gratis, y que si lo llegaras a necesitar, te fabrica un carnet de estudiante trucho, para pagar todo la mitad de precio. Después de este cóctel todo depende de vos.

Mohammed es de esas personas que pueden ser tu salvación o tu condena, cuestión que sólo depende de que nunca quedes totalmente a su merced. Uno de esos personajes que requieren cintura permanente, una cintura que evite todo compromiso formal, pero que se mueva con la suficiente soltura como para no herirlo en sus sentimientos, y que por sobre todo, no confunda negocio con placer, que no confunda lo que te da, con lo que quiere obtener.

Mohammed absorbe mucha energía y trabaja en base a eso como todos los egipcios. Juega con los restos energéticos de los que viajan, o con la vergüenza de quienes turistean, con lo “no acostumbrado” en cada una de las personas, y con lo que las pone en situaciones indeseables. Es un personaje al que no se lo puede arreglar con plata, ya que si uno se lo quiere sacar de encima por algún concepto, lo único que pide a cambio, es que no pierdas ni la paciencia, ni la elegancia. Tiene esa ambigua forma de decir “soy tu amigo, pero también estoy laburando”. Puede ser tan odioso como amable y tan divertido como intimidante.

Bajo las Mohammed’s rules se desarrolló nuestra estancia en la maravillosa ciudad de Luxor, lugar donde por cierto, es mucho más fácil experimentar un Egipto desnudo y genuino. Fue aquí donde realmente empezamos a descubrir todo el cambalache del país, y donde nos introdujimos a las comidas típicas, entre las que podemos destacar el Koyari (una mezcla de granos, fideos, salsa, etc.), una complicada mezcla de sabores que se jacta de cubrir todas las necesidades energéticas necesarias, pero que a la tercera vez que uno lo come, termina de mal humor.


Street Art egipcio...
Dos nenes egipcios y un sudaca con cara de boludo...

Koyari... barato, nutritivo, pero cansador...
Descubrimos un Egipto sin tanta fachada turística, mucha más pobreza, pero teñido de bellos matices de bienvenida, de gente abierta y solidaria, que a pesar de no tener mucho, siempre esboza una sonrisa para decir “hola” y un té para recibirte.

Fuimos invitados a un casamiento de gente “rica”, en el que terminamos disfrutando de las bondades y derroches del día de gracia, incorporados en la mesa que más fumanchus y borrachines había. Los festejos matrimoniales se realizan generalmente en el medio de la calle, dentro de una carpa que se arma para la ocasión, o dentro de alguna casa a puertas abiertas. Es un evento que se termina transformando en un espacio común para cualquiera que quiera asistir, hecho además que se fomenta invitando a beber una “gaseosa” a toda persona que camine por los alrededores.


Audio largo de la banda que tocaba en el casamiento con puchos en la mano...

Presenciamos un show musical en vivo de impactante calidad interpretativa e instrumental, con un coro a dos voces que parecía provenir de algún pacto con el demonio y alguna de sus empresas tabacaleras, de las cuales hacía publicidad un séquito de músicos delirantes y desposeídos, que tocaban sus instrumentos sin soltar los cigarrillos. Difícil de imaginar, pero verdaderamente llamativo.

En suma, respiramos elementos genuinos provenientes de gente genuina, que no titubeó en integrarnos y abrir sus puertas a nuestro berreta despliegue de occidentalidad, y porqué no también, a alguno de nuestros pocos encantos. En los tiempos libres y en compañía de Flavio, un nuevo amigo Italiano que se unió por unos días a la banda, coqueteamos con algunas de las ruinas más renmobradas del circuito Egipcio... como el templo de Luxor y Karnak. Lamentablemente, Juan cayó en las manos de Mohammed para hacer el famoso recorrido por el West Bank y el templo de Hatshepsut, paseo que se podría decir que se cobró la relación.

Templo de Luxor desde otra ángulo y de día...
Detalle de un muro en las afuera de Karnak...
Puerta trasera del Templo de Karnak...
Templo de Luxor desde afuera... Iluminación nocturna...
Más allá de esta pequeña mancha para el olvido, lo más interesante y rescatable fue la sensación de calidez que no habíamos obtenido tan nítidamente en Aswan, y la sensación de integridad que nos brindaron algunos de los "luxorianos"; la comodidad y la pulcritud del Seven Heaven, que no solamente nos brindó un lugar para descansar correctamente, sino también memorables mañanas, tardes, y noches, que en mi cabeza resuenan una y otra vez en esa terraza clandestina, llena de colchones, llenas de simpleza, que todavía albergan las risas de Flavio, Juli, y Juan, al término de algún comentario esotérico sobre los egipcios, o sobre alguna pelotudez gigante que se nos ocurría.

Fue allí que a mi entender rebalsó el espíritu de lo permanente, y por ende sufrí del mal del despojo de partes de mi ser; y en algún momento de esa felicidad, miré a la gente que me rodeaba y me emocioné, y aunque intenté mirar para adelante, sólo encontré el paisaje transitado, ese doloroso y dulce humo del pasado que condena ciertos sueños estampados, y que relucen constantemente en la vitrina de un alma tatuada... con fuego, como debe ser...

Turismo rata en la terraza...  perdiendo la forma humana...
Flavio contando una de ovnis...
En esa terraza dejé otro pedazo de vida, justo antes de la partida de mi hermano de viaje, justo antes del dolor y la satisfacción eterna, entre los labios de la risa enredada por juegos mentales sin solución, totalmente escoltado por los dedos de Mohammed, que prendiendo un porro me llenaba siempre de su mejor parte... exhalando ese humo que todo lo nubla y tiñe la atmósfera de punto final...

Lo bueno de viajar es que a veces, en vez de algún manojo de fotos, uno se lleva la esencia del lugar. Entonces por eso brindo, y digo: gracias Luxor, y por sobre todo, gracias Juli y gracias Juan. Hasta la próxima, cuando este blog se mude hacia la playa, a intentar descansar, a pensar, a reflexionar y a seguir dándole forma a un viaje que por enésima vez, en alguna otra parte del mundo, empezaba a murmurar la palabra “adiós”.

Todavía quedaba un poco de agua bajo el puente para disfrutar... Hacia eso encararemos y hacia allí correremos. Un abrazo...

Luxor: Flavio, Mohammed, Pablito y Juancito... 
La banda continental...
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Pablo tratando de explicar a dos niños como se hace un tatuaje...
26 oct. 2011
Aswan nos abraza, nos reanima y nos despide en paz...

Aswan nos abraza, nos reanima y nos despide en paz...

La foto más bufarra del año, del viaje y de nuestras vidas...
Luego de un par de días pateando latas por Aswan, las cosas se empezaron a componer. Con movimientos tibios y lentos fuimos logrando armar, además del rompecabezas físico y emocional de nuestras existencias, el económico del país. Un elemento que contribuyó en este proceso fue aceptar e internalizar que Juan estaba muy pronto a partir, hecho que además de inevitable, resultó un gran motivador para sacar a flote la reserva, y hacer que los últimos días del grupo fueran más que memorables, y no acarrearan la densidad y la angustia de las despedidas, sino más bien la esperanza y la satisfacción de lo vivido.

Por otro lado, recibimos la confirmación definitiva de que nuestras familias nos vendrían a visitar en cuarenta y cinco días, suceso que provocó una satisfactoria sensación de desahogo emocional. Un gran “¡sí!” interno a una esperanza que veníamos macerando por largo tiempo; y que proponía un nuevo contexto, que fijaba tiempos, alimentaba ilusiones y un rumbo para calentar motores.

Puro color en el mercado...
El pintoresco cementerio de Aswan...
Esa futura visita aliviaba a su vez la pesadez mental y física de tener que ver y hacer todo por nuestra cuenta, de batallar cada entrada, de pelear cada precio, de desgastarnos con las mil opciones que Egipto tiene para disfrutar. En definitiva: era esperanza emocional, estomacal y una sensación de liviandad que cambiaba las reglas de juego.

En lo cotidiano, por suerte se empezó a sumar la solidaridad y el ojo de los egipcios, que notaron que definitivamente no les íbamos a comprar nada, que arribamos a estas tierras por otros motivos, y que finalmente se abrieron a nuestras existencias, y nos hicieron parte del cambalache de Aswan. Esto se tradujo en asistencia para encontrar los precios adecuados, en recomendaciones de cómo viajar, y en inolvidables momentos en los que nos invitaban a su mesa, casi obligándonos a ocupar un lugar, para luego incitarnos a degustar algunos bocaditos acompañados por exquisitas tazas de té.

La calidez de lo humano, sumada a algunos buenos descansos y a la paciencia invertida, empezaron a mellar los estados de ánimos machacados, y le fueron dando de a poco un nuevo aire a la situación, la que dio el lugar para pensamientos más enfocados, acciones más precisas y sentimientos más claros.

Lancheros a la espera de alguien para trasladar...
Con ese caudal empezamos a movernos por la ciudad para ver qué hacíamos, decisiones que fueron atravesadas por una ecuación simple y clara: “Lo barato lo hacemos por nuestra cuenta, lo caro y más interesante lo dejamos para hacerlo con la familia”. Esto no solamente suponía una ecuación puramente monetaria (que siempre puede ser solventada por ocurrencias y atrevimientos varios), sino también de esfuerzo, ya que no valía la pena un gran desgaste para ver dos veces lo mismo.

Así fue que la turisteada en Aswan la limitamos a intentar visitar la Isla Elefantina, lugar donde las atracciones principales son la villa Nubia, algunos paisajes que se obtienen de la costa de Aswan (que resultan particularmente épicos), y un punto de vista panorámico que ostenta un hotel bufarra, que no tiene absolutamente nada que ver que esté ahí.

Además, en el combo, y por un sólo un viajecito más, podíamos sumar los jardines botánicos, lugar que se sitúa al lado de la Isla Elefantina, en otra isla algo menor que introduce a una pequeña selva abarrotada de plantas y árboles de varias partes del mundo, y que sirve de campo de distracción tanto para Nubios, como para quienes hacen turismo interno y externo.

Callejón...
Caminando la isla...
En suma: salimos de nuevo a la cancha, lo que siempre se siente bien. Dejamos de lado nuestras convalecencias y volvimos a sintonizar con el entorno para ganar un partido ajustado en el último cuarto de hora. A pura lengua fuimos encarando a lancheros y otros intermediarios, que nos terminaron cobrando el precio justo, extremadamente más barato que el injusto. Egipto resultó ser finalmente el país más barato del viaje hasta el momento, y aunque Malawi y Uganda le pelean cabeza a cabeza, el país faraónico cuenta con un entorno muchísimo menos rústico, y hoteles que hasta tienen baño, y si te descuidas, jabón.

Asumimos entonces todos los riesgos, y le pusimos un punch de marihuana berreta al paseo, no solo para colmar el panorama de colores e inquietudes mentales, sino también para soltar la risa fácil, pero prístina del disfrute. Y así fue que nos sorprendimos de una villa Nubia que empezaba a destapar los baches culturales de Egipto. Basura y mugre en estado acentuado de naturalización, gente muy pobre, casas que hacen equilibrio para no desmantelarse, marginalidad total, muy poco alimento y ninguna visualización de posible mejora. Olor a olvido gubernamental y a desidia educativa.

Cabritas comiendo lo que dé...
Patio trasero de alguna parte de la villa nubia...
Nosotros: mutantes inter-espaciales que provienen de Europa o de alguna otra galaxia, porque Latinoamérica definitivamente no esta en el mapa de aquellos nubios. A su vez, una profunda sensación de tranquilidad, nada de ruido, naturaleza, y un Nilo que podría adornar la montaña de mierda más grande del universo.

Personas reservadas, poco sonrientes, pero nada hostiles, contemplando seres que vienen de un mundo negado e inconsiderable para ellos; navegando los límites del tiempo, culturalmente sumidos en un bache sistemático repetido y desesperante de lo quedado, despreocupado y deshumanizado. Escuché a algunas personas decir que el lugar es pintoresco, yo me lo ahorro, pero digo que es interesante para sentirlo, caminarlo y observar.

Fuera de la villa nubia, pero exactamente al lado, se eleva un inexplicable hotel mega-mogólico lleno de luces de colores, nada para ofrecer, pero mucho para criticar. ¿Qué carajo hace esa mierda de colores al lado de gente que se esta muriendo de hambre y sin recursos? El horror en estructura de cemento, una imagen de la estupidez dejada y ridícula en la que vivimos y lo natural que nos parece. Tremendo.

Al lado de la Villa Nubia...
Villa Nubia desde el hotel...
Panorámica de Aswan desde el hotel...
Al margen, para llegar a sacar esta última conclusión, primero tuvimos que subir hasta el último piso de la obsenidad a intentar rescatar unas panorámicas de Aswan; ahí sucedió que además de no poder tomar nada porque era escandalosamente caro (y luego de robar manteca y mermelada), nos dimos cuenta que desde aquella altitud, la visual del bizarro y contrastante espectáculo, era privilegiada. Un buen spot para meterse hongos, merca y poxi-ran, todo junto, a ver si realmente las drogas pueden cambiar la precepción de la “realidad”.

Pero no teníamos nada de eso, por lo que decidimos una rápida huída hacia los jardines a ver pajaritos, arbolitos y musulmanitas tapadas... aunque como siempre, no queríamos pagar los casi cuatro dólares la entrada. Por este simple motivo fue que salió a la cancha Juancito y metió un pique que nos dejó a todos mirando, la agarró de aire y calzó un chiflón que la tuvieron que ir a buscar al Cairo, haciéndose responsable del no pago de la entrada, a puro grito de gol y a pura charla. Irreproducible, y la prueba de que con seguridad y convencimiento, en este mundo se puede conseguir cualquier cosa. Aplausos para el Español.

Llegando a los jardines botánicos...
Turismo egipcio en los jardines...
Caminamos y caminamos, nos sacamos muchas fotos con egipcios que nos daban vuelta la ecuación del turisteo, y alistaban sus celulares a nuestro paso, nos daban charla, y nos inmortalizaban al ritmo de esa amable, pícara y genuina risa musulmana. Se hizo de noche, momento en que decidimos brindar por un cumpleaños atrasado. Tuvimos la suerte de estar acompañados por dos argentinas y una chilena españolizadas, que supieron adornar y darle brillo a una reunión que marcó la vuelta al alcohol; que en esta ocasión se selló con cerveza “Stella”, de elaboración egipcia, pero que la consumen mayormente los extranjeros, ya que los musulmanes no lo tienen tan permitido por la religión. Es increíble lo que una cerveza puede hacer, pero como es costumbre de este blog, nos seguimos ahorrando los detalles...


La isla Elefantina, un oasis en el desierto...
Messi está en todos lados...
Salud...
Mientras brindamos estonces por el cumple, este blog se despide hasta nuevo post. Luego de este comienzo peleón, pero victorioso en Egipto, la troop haría su penúltimo movimiento conjunto hacia otro de los puntos de mayor interés del recorrido faraónico, la mítica ciudad de LuxorHasta entonces y gracias por seguir leyendo estas aventuras animadas de ayer y hoy...

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Niños andando en bici por el mercado de Aswan...
21 oct. 2011
Aswan, entrando a Egipto por la puerta de atrás...

Aswan, entrando a Egipto por la puerta de atrás...

Bienvenidos a Egipto...
La noche sobre el barco transcurrió en medio de sueños lisérgicos, navegando bajo un cielo abundante en estrellas, entre ruidos estomacales urgentes e imágenes itinerantes de lo que habíamos soñado que iba a ser... Estábamos arribando a la otra punta de África, lo que significaba que uno de los objetivos propuestos del viaje estaba casi cumplido. Con ello, cerramos en la cabeza la preocupación por llegar, nos tachamos la doble, y abrimos una gigante puerta de bienvenida a la ilusión de lo que estaba por venir.

Tenía olor a vida vivida, a sueño cumplido. El alma escupía satisfacción, orgullo, vacío, cansancio y hambre; el alma anunciaba que seguía y que seguirá tan hambrienta o más que antes... sensación non stop, rock and roll, quilombo, lo que venga...

Volvimos a la realidad a eso de las cinco de la mañana, cuando los altoparlantes de la nave espacial acuática, anunciaron que era el momento del primer rezo del día, instante en el que una multitud de exquisitos musulmanes dieron el presente en el casquete superior del barco, aglutinándose alrededor de nuestras bolsas de dormir, para cumplir con el inquebrantable ritual diario de comulgación con Alá.

Desde la calle principal de Aswan...
Finalizado el momento sagrado, el capitán aparentemente escuchó el gruñido de nuestras tripas a lo lejos, y nos acercó todos los restos de comida que habían sobrado de un goloso desayuno de la tripulación; y ahí nomás, entre bocado y bocado, Nilo, agua, dunas, y desiertos circundantes, vimos como se dibujaba la línea de llegada a Aswan, y a su precario puerto plagado de hoteles-barcos turísticos, anclados en una inmensa y llamativa clandestinidad.

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La tripulación festeja la llegada a Aswan...
 
Una imagen de alto contraste que en cierta manera presagiaba la esencia de un Egipto del que todavía éramos inocentes, del que nos iríamos heridos, pero mucho más fuertes, y más conscientes de que la vida se puede acabar en cualquier suspiro. Las ganas de vivir mucho más a tope que antes, y la convicción de que haber abandonado los estándares de vida preestablecidos fue lo mejor que habíamos hecho en nuestra existencia. ¡Pero todavía no habíamos pisado tierra! por lo que entonces antes de todo esto, hay muchas aventuras por relatar.

Así fue que luego de explicarles a los señores de migraciones que no teníamos plata para pagar el visado, y de bancarnos las primeras discusiones fuertes en árabe egipcio, nos dejaron desembarcar con “Puchito” a la cabeza (gracias Puchito, eternas gracias), seguidos por otros compañeros de abordo y gente que venía desde Sudán a probar suerte laboral, o a visitar a algún familiar, o simplemente a traficar algún bien o mal que entrara en alguna valija de esas super extrañas que salían del barco.

Es que Egipto empezaba a dar para todo y dejarlo al desnudo iba a requerir de un esfuerzo descomunal, de una batalla campal contra un turismo enfermo, de un constante machaque a lo establecido, y de una búsqueda de circuitos alternativos para moverse; pero lo más importante y alucinante de toodo, es que iba a depender de hurgar y encontrar la mejor faceta del musulmán: la integridad, la honra, la transparencia, y el amor, que sólo un "proper" musulmán puede regalar.

Nilo con vistas al desierto...
Bazaar de Aswan...
Aswan se desplegaba frenética ante nuestros estupefactos y cansados ojos, que aún seguían recorriendo de memoria todas las rutas transitadas, que miraban ese pedazo de asfalto que nos conducía hacia el centro de la ciudad, intercalándose con cachos de memoria en las arenas movedizas de un continente transitado de Sur a Norte en toda su extensión. Luego de algunos minutos, el movimiento que el freno produjo en el auto, ajustó los sentidos al unísono y balbuceó: “abajo, saquen la guita, paguen la visa y váyanse a turistear”...

Después de pagar la visa y evitar un desembolso extra al señor migración, nos compramos la gaseosa que tuviera la mayor cantidad de azúcar por litro, y con el aliento de la glucosa en sangre, nos dedicamos a buscar algún sucucho para tirar las mochilas y parar a reflexionar de dónde veníamos y hacia dónde seguiríamos. Corrían por las venas bombas de sangre excitada que exigían empezar a “¡recorrer ya!” este mundo que todos tenemos inundado por un imaginario lleno de pirámides, faraones, esfinges, Nilo, desiertos, y un sinfín de mitos y habladurías.

Aunque... para empezar a recorrer hay que comer y descansar, y en esa búsqueda del sueño y alimento perdido, fue que nos llevamos una primera y muy mala impresión de Aswan. Más allá que conseguimos relativamente rápido un lugar para tirar los bártulos, aparéntemente digno, muy bien ubicado, y por un precio más que conveniente, salir a buscar comida e integrarse al medio ambiente fue un laburo chino, pero para chino persistente y cabeza dura.

Mezquita coqueta...
Fuera de circuito...
Definitivamente mis niveles energéticos en Aswan eran tan bajos, que cuando vi y oí la primer discusión por el precio de un “falafel”, decidí que no me importaba más comer, que me reservaba ese lujo para cuando encontrara por alguna providencia energética, alguien que me quisiera dar el precio justo, y me evitara además de la discusión, la erogación inútil de dinero.

Así empezamos, rebotando de lugar a lugar, quejosos, frustrados, puteando a los cinco vientos por el abuso que se hace del turismo, mas otro sinfín de forradas de las que hoy nos reímos, pero que en ese momento demostraron y acentuaron la acumulación de cansancio, hambre, y agotamiento mental, para enfrentar un medio ambiente que se encubría tras una terrible y fantasmagórica fachada creada para el turista. Nada tan nuevo, pero algo más chocante y difícil de penetrar.

La calle principal, que se extiende persiguiendo de costado la ribera del Nilo, lugar desde el que se cuentan una infinita cantidad de barcos-hoteles cinco estrellas, es la primer imagen que se obtiene de Aswan, que para ser justos y realistas, en horas nocturnas regala un espectáculo visual de alto impacto, que parece anclado fuera de la realidad. 

Al mismo tiempo se pueden ver algunos “edificios-fachada” parecidos a los de la iglesia universal. Estructuras levantadas con cartón de mala calidad, pero bien adornadas e iluminadas, y que se entremezclan con algunas cadenas mundiales de comida, que también ofrecen menúes de cartón adornado de mala calidad, pero que para ser sincero una vez más, me los hubiera comido con muchas ganas y una gigantesca promiscuidad.

El Nilo, como en toda ciudad que hemos tenido el honor de experimentar, es el constante y eterno atractivo principal. Imponente, romántico, misterioso, gigantesco, admirable, sugestivo. Es definitivamente magia, abundancia y tranquilidad. Es el espectáculo más escandaloso y definitivo de la ciudad. Barcos y veleros que desafían el tiempo, que embellecen el entorno, y desatan viajes imaginarios.. principalmente para quienes no los pueden pagar.

Iglesia Copta...
Sin comer y abatido...
El Nilo, su belleza y movimiento...
Cortando esta calle principal, se encuentra la entrada al mercado de Aswan. Unas diez cuadras en donde se pueden contar una variedad de artículos pocas veces vista, pero también uno de los lugares en donde me sentí más abrumado e hinchado las pelotas en toda mi vida. Imposible caminar sin toparse cada medio paso con alguien que te quiere vender algo de prepo. También imposible comprar algo a un precio “real”, por lo menos en el primer intento. Imposible mirar tranquilo. Imposible no tener una discusión con alguien, y casi imposible no perder la paciencia y querer meter una bomba y desaparecerlos a todos.

Desquiciante, con métodos de venta que sobrepasan por muchísimo el mal gusto. En algunos casos inclusive con falta de respeto, con despectividad y con mala intención. Es increíble la cantidad de veces que una misma persona puede querer venderte un té a cinco veces el costo, o comida de rata como si fuera caviar. Aswan no se quería abrir y nos probaba, nos probaba incansablemente hasta comprobar que realmente fuéramos viajeros sin dinero. Nos desgastaba cada pequeña reserva energética, y aunque con el correr de los días nos fuimos habituando, las primeras impresiones fueron muy desalentadoras y provocativas.

Ya habíamos atravesado variadas experiencias de aclimatación en diferentes países, y sabíamos que a pesar de todo, era una cuestión de tiempo y de encontrarle el yeite al lugar. Esa búsqueda nos robó largas horas, durante las que nos dedicamos a espantar moscas, a intentar dormir, y a prepararnos para ver cual de todas las atracciones íbamos a intentar conquistar. Pero esto quedará para el próximo capítulo.. Lo único que resta avivar en este relato, es la llama de lo conseguido... que hasta aquí por suerte fue mucho...


Pablo y Juancito poniéndole cara al quilombo...
Mañana en el mercado... la mejor hora...
Agrandando la mezquita...

Estábamos al tope de nuestros sueños, recorriendo a la deriva las épicas calles de nuestra verdad, llenas de vida, con todos los sentimientos positivos y negativos que la componen... aceptando la realidad, trabajándola, intentando copar el rancho en una nueva ciudad, que en este caso era también un nuevo paísEgipto y su magia, Egipto y su dualidad, Egipto y su infinita riqueza y pobreza, se plantaba enfrente nuestro diciéndonos que lo que estuviéramos buscando se lo teníamos que robar. Aceptamos el desafío y nos pusimos a laburar, tanto, o más obstinadamente que hace más de un año atrás...

Bienvenidos al doceavo país de este Viaje por África. Prometemos que una vez que nos recuperemos, no los vamos a defraudar. Un abrazo y hasta la próxima...


Típica venta de especias egipcias en el mercado...
Relatos de Egipto (Viaje por África - Capítulos 106 al 111)

Relatos de Egipto (Viaje por África - Capítulos 106 al 111)

11 oct. 2011
Wadi Halfa, cae la última frontera del continente... (y por supuesto también un lagrimón)...

Wadi Halfa, cae la última frontera del continente... (y por supuesto también un lagrimón)...

Wadi Halfa, cae la última frontera del continente...
No se porqué, ni cómo, ni casi cuándo, pero llegamos a Wadi Halfa. Y no me refiero a esto de que nos llevaron unos sudaneses graciosos que fumaban marihuana (los únicos que conocimos en Sudán), ni a que estuvimos tirados por varias horas en el desierto esperando que alguien se digne a rescatarnos...

Me refiero al hueco espacio temporal que habíamos abierto trece meses atrás, cuando nos tomamos el avión desde Ezeiza a Cape Town, no entendiendo en dónde carajo nos estábamos por meter, y que hoy, aquí y ahora... o mejor dicho: en aquel día memorable, en aquella tremenda ciudad, en ese preciso instante, tocaba comenzar a cerrar.

Me refiero también a esa sensación de que alguien te mete un hondazo, y de repente toca bajar a tierra y vivir ese mágico, pero a su vez invasivo y siniestro hecho de ver tu vida en cuadros, en sentimientos, en sensaciones, o en grabaciones que la memoria hizo de las infinitas situaciones, amigos, personas, y lugares que uno tuvo la suerte de transitar.

Una ciudad rutera en el desierto... El Nilo de fondo...
Bedford corazón...
El sólo hecho de poner un pie en la despampanante ciudad, sin duda la más linda y coqueta de todas las que transitamos en el desierto, nos llenó el día de preguntas, los nervios de ansiedad, y el alma de quilombo.

A Wadi Halfa llegamos con lo justo, con las dos manos atrás y saltando en una pata. Sólo restaba un día para que la visa expire. Contábamos con suficientes pounds sudaneses para comer una vez, y sólo nos restaba un billete viejo de cien dólares que Juan arrastró por todo el continente sin conseguir cambiar.

Además, teníamos que pagar la visa de entrada a Egipto y el pasaje en barco hasta Aswan, al que no le podíamos hacer dedo, y que ajusticia treinta dólares por cabeza. Estábamos definitivamente al horno, pero con una mística tranquilidad de que lo íbamos a resolver, como sea...

La rusticidad de los pueblos desérticos...
Puerta al más allá...
Morrito en Wadi Halfa...
Antes de tomar el camino fácil, decidimos adentrarnos un poco en las terrosas e impactantes calles de Halfa y ver qué onda la vida. Y como muchas veces pasa, las soluciones empezaron a llegar solas y rápidas, y no lo digo sólo porque "Hamdy" estaba montado en su moto avión encendida...

“El coordinador” (de ahora en más), personaje que estaba como esperándonos al lado de una de las mezquitas principales de la desértica ciudad, nos interceptó cuando pasamos caminando con nuestro mil kilos de equipaje, no sólo para preguntarnos qué carajo llevábamos en él, sino porque también nos vió la cara llena de dudas, y ahí nomás nos ametralló, como todo buen extremista musulmán sudanés, con increíbles respuestas buena onda:

“La visa de Egipto la pueden hacer arriba del barco o cuando lleguen a Aswan... “Mañana llega un barco al mediodía”... “El pasaje lo pueden comprar a la mañana en esa ofician" (señaló con los dedos)... “Yo conozco alguien que les puede cambiar los dólares”. Nos dió su tarjeta personal y desapareció en el inconmensurable desierto, dejando en el camino una estela sagrada de luz y de verdad.

Admirando Wadi Halfa...
Sin mucho árbol...
¡Pero qué pedazo de capo interespacial! Nos congelamos mirándonos con la sensación de vacío que nos produjo la disolución de todos nuestros problemas, y por ello, nos fuimos a llenar la panza con lo que alcanzara por los pounds que nos quedaban en el bolsillo. El tipo nos había dado solución a todo, y aunque todavía no sabíamos si lograríamos cambiar el billete berreta, teníamos toda la mañana para rogarle a quien fuera necesario. Luego de comer y de compartir un largo rato con los sudaneses que miraban tele y fumaban shisha, decidimos retirarnos a torrar.

Nos armamos la cama con vista al cielo, y acobijados por la relajante y amable brisa desértica, le dimos rienda suelta al cansancio. Los sueños invadieron una última noche sudanesa ridículamente agradable y llena de melancolía; una noche especial, teñida principalmente por ese sentimiento de estar al borde de conseguir algo que por mucho tiempo se estuvo luchando.

Ya repuestos y renovados, arrancamos el día livianitos, y encaramos directo hacia ticketeck a ver qué pasaba con el pasaje y el billete trucho. La oficina todavía estaba cerrada. Mientras esperábamos que abriera tomamos un té, y mientras tomábamos té conocimos a un personaje fundamental de esta inolvidable cruzada por el Nilo: “Puchito”.

Adios amigos... Los esperamos nuevamente...
Wadi Halfa... tremenda y altiva...
Capo sudanés...
Puchito es parecido a Lionel Richie y se pone mucho gel en los rulos. Habla un inglés muy árabe, hace tremendos esfuerzos por comunicarse, y está todo el día de buen humor y convidando puchos. Como todo buen árabe pop, interpreta que si no tenés puchos es porque perdiste todos tus bienes, o estás en severos e irreparables problemas, así que ante el ocasional: “perdón, ¿no me convidas un pucho?”, reaccionó como el guardián de nuestro vicio, y no nos abandonó hasta ver que tuviéramos un atado en las manos (cosa que sucedió 24 horas más tarde), momento en que se quedó tranquilo sabiendo que no moriríamos por falta de nicotina.

Encuentro mediante abrió la oficina, y haciendo la cola para comprar el pasaje, me entraron nervios de todo y de nada a la vez, sentía que debía estar nervioso y que no al mismo tiempo... una sensación propia de mi maraka estado interior. Había demasiado en juego y muy pocas ganas de complicaciones, y llegó nuestro turno... y toda la situación de pasaportes, nombres, nacionalidades, tal y cual... hasta que: ”el pasaje cuesta (el equivalente a 33 exactos dólares) por persona”.

“Ok, pero tenemos un problemita... no tenemos un mango y queríamos ver si lo podíamos pagar en Egipto que hay cajeros automáticos y esas cosas”. “Claro que no, lo tienen que pagar acá, pero... ¿no tienen aunque sea dólares o euros?”. “Sí claro, tenemos esto...” (billete serie vieja arrugado, roto y marcado). La mina lo miró, y automaticamente y como nos venía sucediendo, nos mandó a que lo cambiemos a algún otro lado... desilusión total...

Ahí mismo en la ventanilla nos miramos con cara de: ”¿y ahora quién podrá defendernos?”... y cómo hay preguntas que son mágicas, apareció de atrás de la reja con una notoria mística mexicana: “¡Yo, El coordinador!”... Mas capo no puede ser el capo máximo de Wadi Halfa, que hizo la más memorable y perfecta de las intervenciones, pasó por encima de todos, agarró el billete hecho torta, y dijo que después él lo cambiaba. Entre puchito y el coordinador nos estaban regalando una mañana brillante.


¡Feliz cumpleaños Juancito!...
El Capitán...
Las banderas de Sudán y Egipto flameando en lo alto...
Por lo demás, sólo restó poner la estampa de salida antes de embarcar, escalar una montaña con vistas al Nilo, sacar las fotos correspondientes, cargar el mp3, pilas para los parlantes, y hacer dedo a cualquier camioneta que nos deje en las puertas de todas las emociones acumuladas durante los últimos trece meses.

Y enfrentarme a las emociones acumuladas de tanto viaje con dos guerreros del asfalto como Juli y Juan, me robó un lagrimón. Acompañaban Puchito y un par de locos lindos, quienes también se vinieron a sentar en la baranda del barco, a mirar el atardecer rojo despampanante que regaló el Nilo aquel memorable 14 de Noviembre de 2010.

Tenía olor a empacho con sueño cumplido... y para festejarlo nada mejor que el punch extra que le ponía el cumpleaños de nuestro hermano de viaje y de vida. Juancito cumplía veintisiete años, y lo festejaría luego de las doce, cuando el calendario indicara el día 15, y la falta de champagne se empezara a notar.

Atardecer eterno...
Saliendo de Wadi Halfa...
Con la banda del barco a punto de clavarnos un expreso...
El barco zarpó, y ese simple movimiento de amarras repercutió en cuerpo, mente y alma de esta troop continental. Suspiro-alivio fusión de personas que nos sentimos orgullosas de tanto batallar, que nos llenamos de aire fresco, de alivio, de melancolía, y finalmente de cierta soledad. Minutos antes de las doce de la noche pasamos frente a Abu Simbel... Sus imponentes esfinges iluminaron la noche, casi como un simbólico regalo que Egipto le estaba haciendo a Juan. Selló nuestra entrada al último país de este recorrido africano, y anunció que en escasas diez horas, desembarcaríamos en el puerto de Aswan.

Montones de estrellas fugaces se pusieron a disposición de nuestro agasajado comensal... No quedaban muchos deseos que cumplir... Fue una noche tranquila, serena y llena de paz... una noche irrepetible navegando en el infinito recuerdo de lo que no volverá. Gracias July, Gracias Juancito... Y ¡FELIZ CUMPLEAÑOS HERMANO! Que sean muchos más...

Las esfinges de Abu simbel a la izquierda...
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Panorámica de Wadi Halfa y el Nilo...
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