31 oct. 2011

Luxor, Seven Heaven, Mohammed y psicotropías varias…

La banda con Mohammed en el Seaven Heaven (el nombre ya había cambiado)...
Lo bueno de viajar es que te puede suceder que luego de que hayas sentido la frustración de una salida fallida a dedo de Aswan, de una demora y letargo de casi un día, y de que no te dejen abordar en tercera clase del tren porque sos “turista”; del otro lado de la estación, que siempre es un lugar de esperanza e intriga, estos sentimientos culminen y se aúnen bajo el aura y la fisionomía de Mohammed. Y mucho más, si la primera frase que esboza este egipcio modelo dice que tiene lugar para dormir por un dólar y medio por noche. Así nos recibió Luxor, y así fue que fuimos a parar a este principado de la locura llamado “Seven Heaven”, antro que hizo de las delicias, enojos, incógnitas, e incomodidades varias de esta troop continental.

Estación de trenes de Luxor... Segundo hogar de Mohammed...
Mohammed es una persona que encarna el espíritu, la conducta, la idiosincrasia, y lo mejor y lo peor del comportamiento egipcio. Una persona por momentos oscura, por momentos brillante, por momentos amable, por momentos parca, a veces generosa, a veces asombrosamente ventajera. Fumando su eterno cigarrillo nos recibió y nos guió casi de la mano hasta nuestra nueva morada; un lugar algo escondido, pero ciertamente bien ubicado, rodeado de tranquilidad barrial, y abrazado por mezquitas que desde sus varios minaretes taladran constantemente en las horas de rezo, emanando un incansable Corán hacia los cuatro puntos cardinales.


El rioba I...
El rioba II...
El rioba III...
Dos mezquitas anunciando la hora del rezo al mismo tiempo...

Mohammed primero te convida té, después te invita a jugar dominó, luego te quiere vender un tour berreta, y por último, te quiere comprometer para que le compres marihuana. Mientras tanto te dice que podés usar internet gratis, y que si lo llegaras a necesitar, te fabrica un carnet de estudiante trucho, para pagar todo la mitad de precio. Después de este cóctel todo depende de vos.

Mohammed es de esas personas que pueden ser tu salvación o tu condena, cuestión que sólo depende de que nunca quedes totalmente a su merced. Uno de esos personajes que requieren cintura permanente, una cintura que evite todo compromiso formal, pero que se mueva con la suficiente soltura como para no herirlo en sus sentimientos, y que por sobre todo, no confunda negocio con placer, que no confunda lo que te da, con lo que quiere obtener.

Mohammed absorbe mucha energía y trabaja en base a eso como todos los egipcios. Juega con los restos energéticos de los que viajan, o con la vergüenza de quienes turistean, con lo “no acostumbrado” en cada una de las personas, y con lo que las pone en situaciones indeseables. Es un personaje al que no se lo puede arreglar con plata, ya que si uno se lo quiere sacar de encima por algún concepto, lo único que pide a cambio, es que no pierdas ni la paciencia, ni la elegancia. Tiene esa ambigua forma de decir “soy tu amigo, pero también estoy laburando”. Puede ser tan odioso como amable y tan divertido como intimidante.

Bajo las Mohammed’s rules se desarrolló nuestra estancia en la maravillosa ciudad de Luxor, lugar donde por cierto, es mucho más fácil experimentar un Egipto desnudo y genuino. Fue aquí donde realmente empezamos a descubrir todo el cambalache del país, y donde nos introdujimos a las comidas típicas, entre las que podemos destacar el Koyari (una mezcla de granos, fideos, salsa, etc.), una complicada mezcla de sabores que se jacta de cubrir todas las necesidades energéticas necesarias, pero que a la tercera vez que uno lo come, termina de mal humor.


Street Art egipcio...
Dos nenes egipcios y un sudaca con cara de boludo...

Koyari... barato, nutritivo, pero cansador...
Descubrimos un Egipto sin tanta fachada turística, mucha más pobreza, pero teñido de bellos matices de bienvenida, de gente abierta y solidaria, que a pesar de no tener mucho, siempre esboza una sonrisa para decir “hola” y un té para recibirte.

Fuimos invitados a un casamiento de gente “rica”, en el que terminamos disfrutando de las bondades y derroches del día de gracia, incorporados en la mesa que más fumanchus y borrachines había. Los festejos matrimoniales se realizan generalmente en el medio de la calle, dentro de una carpa que se arma para la ocasión, o dentro de alguna casa a puertas abiertas. Es un evento que se termina transformando en un espacio común para cualquiera que quiera asistir, hecho además que se fomenta invitando a beber una “gaseosa” a toda persona que camine por los alrededores.


Audio largo de la banda que tocaba en el casamiento con puchos en la mano...

Presenciamos un show musical en vivo de impactante calidad interpretativa e instrumental, con un coro a dos voces que parecía provenir de algún pacto con el demonio y alguna de sus empresas tabacaleras, de las cuales hacía publicidad un séquito de músicos delirantes y desposeídos, que tocaban sus instrumentos sin soltar los cigarrillos. Difícil de imaginar, pero verdaderamente llamativo.

En suma, respiramos elementos genuinos provenientes de gente genuina, que no titubeó en integrarnos y abrir sus puertas a nuestro berreta despliegue de occidentalidad, y porqué no también, a alguno de nuestros pocos encantos. En los tiempos libres y en compañía de Flavio, un nuevo amigo Italiano que se unió por unos días a la banda, coqueteamos con algunas de las ruinas más renmobradas del circuito Egipcio... como el templo de Luxor y Karnak. Lamentablemente, Juan cayó en las manos de Mohammed para hacer el famoso recorrido por el West Bank y el templo de Hatshepsut, paseo que se podría decir que se cobró la relación.

Templo de Luxor desde otra ángulo y de día...
Detalle de un muro en las afuera de Karnak...
Puerta trasera del Templo de Karnak...
Templo de Luxor desde afuera... Iluminación nocturna...
Más allá de esta pequeña mancha para el olvido, lo más interesante y rescatable fue la sensación de calidez que no habíamos obtenido tan nítidamente en Aswan, y la sensación de integridad que nos brindaron algunos de los "luxorianos"; la comodidad y la pulcritud del Seven Heaven, que no solamente nos brindó un lugar para descansar correctamente, sino también memorables mañanas, tardes, y noches, que en mi cabeza resuenan una y otra vez en esa terraza clandestina, llena de colchones, llenas de simpleza, que todavía albergan las risas de Flavio, Juli, y Juan, al término de algún comentario esotérico sobre los egipcios, o sobre alguna pelotudez gigante que se nos ocurría.

Fue allí que a mi entender rebalsó el espíritu de lo permanente, y por ende sufrí del mal del despojo de partes de mi ser; y en algún momento de esa felicidad, miré a la gente que me rodeaba y me emocioné, y aunque intenté mirar para adelante, sólo encontré el paisaje transitado, ese doloroso y dulce humo del pasado que condena ciertos sueños estampados, y que relucen constantemente en la vitrina de un alma tatuada... con fuego, como debe ser...

Turismo rata en la terraza...  perdiendo la forma humana...
Flavio contando una de ovnis...
En esa terraza dejé otro pedazo de vida, justo antes de la partida de mi hermano de viaje, justo antes del dolor y la satisfacción eterna, entre los labios de la risa enredada por juegos mentales sin solución, totalmente escoltado por los dedos de Mohammed, que prendiendo un porro me llenaba siempre de su mejor parte... exhalando ese humo que todo lo nubla y tiñe la atmósfera de punto final...

Lo bueno de viajar es que a veces, en vez de algún manojo de fotos, uno se lleva la esencia del lugar. Entonces por eso brindo, y digo: gracias Luxor, y por sobre todo, gracias Juli y gracias Juan. Hasta la próxima, cuando este blog se mude hacia la playa, a intentar descansar, a pensar, a reflexionar y a seguir dándole forma a un viaje que por enésima vez, en alguna otra parte del mundo, empezaba a murmurar la palabra “adiós”.

Todavía quedaba un poco de agua bajo el puente para disfrutar... Hacia eso encararemos y hacia allí correremos. Un abrazo...

Luxor: Flavio, Mohammed, Pablito y Juancito... 
La banda continental...
Pablo tratando de explicar a dos niños como se hace un tatuaje...

5 comentarios:

  1. huys si los felicito que chevere viajar

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  2. genial chicosss!
    no queremos qe Juan deje la troop!!! :(

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  3. Qué vuelo en el tiempo, he vuelto a sentir lo mismo que en esa terraza, relajado y con la mejor de las compañías!!

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