14 nov. 2011

Hurgada, su tranquilidad extrema y su muy poco sentido de la aventura…

Lo pibe' y Papá Noel...
No era Hurgada en sí misma. Como siempre lo que define un lugar no es el lugar en sí mismo, sino lo que de él se desprende en términos de experiencias, aventuras, energía y nuevos aportes. Hurgada definitivamente no es un lugar estimulante. En Hurgada sólo se pueden encontrar rusas que son un infierno de lindas, pero también un infierno de frívolas, pacatas y descerebradas. Salir dos noches a alguno de los pubs que abren continuamente las puertas sin propuestas consistentes, son más que suficientes para caer en cuentas de que a la gente de Hurgada le gusta repetirse indefinidamente, y que con cualquier tipo de innovación se corre el riesgo de una corrida bancaria o un éxodo masivo de turismo.

Uno no sabe si está en Egipto o en Europa. Al lugar le falta personalidad, onda, propuestas, y un poco más de salvajismo y relajación (de las formas y las apariencias). Las mujeres están luqueadas como si estuvieran asistiendo al casamiento de alguna reina pelotuda, y toman cerveza en los bares como si la lata o las botellas vinieran con algún tipo de impedimento para hacerlo fluidamente. 

Es caro, ridículamente caro para estar en Egipto, lo que limita el público a extranjeros. Los pocos egipcios que merodean la zona están alzadísimos, intentando conquistar algún corazón rubio que los saque de acá y se los lleve para allá. La misma y repetida historia de algunos lugares de veraneo, invadidos por turismo chato pero millonario, en un sitio pobre y sin esperanzas. Esta es la ecuación que lo define.

Si hablamos de la playa, tenemos que decir que no solamente son pagas, sino que son aburridas. La mejor opción parecería ser gastarse cien dólares por día para hacer algún tipo de excursión acuática que te muestre cosas que deberían ser un poco más accesibles para todo el mundo, y de ahí, volverse a un hotel de esos que siempre hay una mucama que te dice que sí a todas las boludeces que se te ocurren. En suma, es un lugar para tener mucha plata y poco cerebro, fórmula que en definitiva parece deslumbrar a un público bastante amplio.

Complejo poco aventurero...
Lo bueno de todo esto de no tener estímulos, es que es la mejor forma de concentrarse en lo que uno debe hacer. Juli decidió ponerse a laburar en un bar, mientras yo me sumergí en la computadora a escribir, a ordenar cosas, y armar las presentaciones de visados y del itinerario para la llegada de los viejos. Los días se hacían cada vez más iguales, y salir a la calle se terminó restringiendo a la búsqueda de alimentos, o a alguna vuelta por el muelle que ayudara a despejar la chatura extrema de este islote pendejo.

Cada tanto alguien llegaba con algo pa’ fumá, que con el nivel de emoción que se maneja en el town, convertía el momento en casi un deporte extremo, desatando ataques musicales dentro del departamento, un abuso gigante de la teína, y quizás la fumata de más de un pucho seguido. Con eso ya teníamos suficiente para irnos a la cama, ya que el corazón se había desacostumbrado a las emociones, y si pasaba algo más, se corrían severos riesgos de un paro cardíaco o algún extraño ataque muscular.


Juli laburando en el bar de las mil y una noches...
Bajo los efectos de la teína...
Mientras estaba en la casa escribiendo, Mohammed mr resultaba una compañía amena. Siempre se lo veía mezclando música en su computadora o mirando alguna peli, esperando a que Khatty saliera de trabajar... única razón que lo descolgaba o movilizaba. Estaba enamorado fanáticamente, y quizás y gracias a ello, me trataba con modos más que amables y una personalidad extra equilibrada para sus veinte años. 

Se la pasaba alabando la comida que le preparaba. Cuando se cansaba de comer sano se iba a comprar pollo frito y me convidaba, y juntos contemplábamos nuestras infinitas diferencias de vida, pero en un ambiente de mutuo respeto, camaradería y buenos modales. La pasábamos muy bien, y aunque muy lentamente y de a poco, terminamos desarrollando un aprecio mutuo muy grande y muy sano.


El túnel del amor...
Mohammed... nuestro egipcio favorito...
Khatty siempre me resultó la más difícil de abordar. Es una persona muy reservada. Por momentos parecía constantemente de mal humor, aunque no particularmente con nosotros. Era como algo con la vida misma, o quizás o tal vez, sólo una manifestación de su ser. Aunque nuestra relación fue siempre armoniosa y muy buena, nunca pude profundizar demasiado. Quizás la culpa fuera mía o quizás de ella, aunque más probablemente y como en toda relación, seguramente fueran compartidas. De todas maneras siempre se comportó muy amable y respetuosamente conmigo, aunque los límites nunca dejaron de bien claros.

La banda y la madre de Khatty en el fondo... ¡Salud!
La cosa cambiaba bastante con la presencia de Thereza en la casa. Con ella el ambiente se relajaba. Una especie de contracarga a los modos más rígidos de Khatty. Por sobre todo Thereza era la que introducía la variable “música”, quien venía a corromper la opacidad del silencio en un lugar donde el Corán suena por altoparlantes cuatro veces al día, y donde el sonido del viento desértico te puede llenar a veces de sensación de muerte deshidratada.

Así pasaba que con There poníamos los Die Toten Hosen, y como su lengua madre es el alemán, me traducía letras y nos cantábamos largos ratos para combatir la chatura. There es transparente, muy buena persona, inteligente y compañera, y aunque al principio resultaba algo tímida, con el tiempo se fue soltando y desarrollamos una amistad sólida y duradera.

Con estos tres personajes principales, más Rachel y la madre de Khatty que vinieron a pasar las fiestas, se desarrolló este período de nuestras vidas, más marcados por el letargo y el vacío de no moverse, que por la excitación de estar en uno de los mares más interesantes del mundo. Después de todo, los deportes acuáticos nunca fueron nuestro fuerte, y luego de ver pececitos de colores un par de veces, mojarnos nos empieza a dar paja, mucho más si tenemos que pagar.

La aventura extrema de esta etapa fue ir a renovar el visado por dos meses más, y otra aventura extrema, pero un poco más divertida, fue salir a comprar los regalos de navidad. A mí me regalaron un calzoncillo porque decían que el que tenía daba vergüenza, y al gordo directamente no me acuerdo. Navidad acá no lo festeja ni el loro, ya que todos son musulmanes y sólo algún puñado de rubiecitos hizo sentir un mínimo movimiento extra en el town.

Dándole de morfar a la mascota...
Calzón impresentable...
Hurgada se excitó un poco más en el día de año nuevo, fiesta que se hizo multitudinaria y que presentó música en vivo medianamente decente, que fue la encargada de multiplicar los estímulos extras que llevábamos en sangre, y de meterle mucho punch a una noche que terminaría con nuestras humanidades caminando por las calles de una ciudad fantasma, pero en la que por obra y gracia de los ángeles, encontramos a un pibe que se había pudrido de pelear con una tuca y nos la regaló. Justo nos habíamos quedado sin estimulantes naturales, así que gracias al señor providencia por regalarnos media hora más de diversión.

Pre...
En algún momento nos dimos cuenta que porque a nosotros nos gusten las fiestas callejeras, la gente no iba a salir de los boliches a compartir birras en el muelle; e iban a seguir prefiriendo pagar algún astronómico monto de dinero para lograrg entrar en uno de los tres antros electrónicos... para escuchar las canciones que venían escuchando desde verano del 98’. Así fue que recontamos las birras que teníamos, y contentos y felices de estar juntos poniéndole la cara a un año más que empezaba, nos fuimos a terminar la noche en el balcón del departamento, sin rencores, y con el cuerpo lleno de estímulos descontrolados, que eran los únicos que efectivamente se quejaban de todo esto de que la noche termine.


Julian Presley extra estimulado...
Abriendo los regalitos...
Nosotros una pinturita, un cuadro de la risa, “respeto y honor” al año nuevo del 2011, un año que dejaba atrás otro de los mejores años de nuestras vidas. Brindé internamente porque la vida siga así, con vacíos de quince días y años llenos de quilombos emocionales de todo tipo. El deseo ya había empezando a cumplirse, y después de casi quince meses que no nos veíamos, en cinco días llegaban nada más y nada menos que las familias a visitarnos. La gente que amamos estaba con nosotros de una u otra manera, y el balance fue de los más positivos de la vida.

Gracias Khatty, gracias Momo Loco, gracias There y gracias Rachel y Juli... Feliz Año Nuevo, Feliz todo... De por medio quedaba sólo una triste despedida de los chicos aquel tres de Enero de 2011, que por motivos no tan felices no sería por largo tiempo... ¡Salud!

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