18 may. 2012

El viaje más largo de nuestras vidas... (Rewalsar – Dheli – Mumbai – Johannesburgo – Port Elizabeth – Grahamstown) y veintipico de meses más...

Tomando unos mates en las ruinas Gran Zimbabwe, Masvingo, Zimbabwe...
Desde que salimos de Rewalsar hasta que llegamos a Grahamstown pasaron tres días. Tres días que por momentos parecieron más largos que los casi dos años que habíamos estado dando vueltas por quince países. Tres días que demostraron que el tiempo es absolutamente relativo, y porque no, una gran ilusión. Por momentos veinte y pico de meses pueden parecer cincuenta años, y por momentos, cuando uno se para desde el presente, pueden haber sido solamente un par de suspiros. Todo depende del día, de los estados de ánimos, de lo que fue y de lo que vendrá.

Si me pongo a pensar que desde aquel primer día del viaje escribimos ciento cuarenta y cinco post que hablan de una gran parte, pero no de todos los lugares donde estuvimos, me empiezo a volver loco, y no hay forma que no piense que desde aquel primer momento hasta hoy, pasaron ciento cuarenta y cinco vidas, con sus respectivas casas, su gente, sus paisajes, sus aventuras, ilusiones y desilusiones. Si pienso fuera de esta lógica, me cuesta darme cuenta que fuimos efectivamente nosotros quienes estuvimos ahí. Una sensación de observador absoluto de los hechos, como si fuera uno de ustedes que están leyendo del otro lado, como si me costara verme caminando en el desierto, comiendo infinita cantidad de bananas o tomando agua de los charcos con una pequeña píldora.

Más aún, me cuesta entender que estuvimos en eventos tan importantes como los treinta años de independencia de Zimbabwe, o en la reforma constitucional de Kenia, o el mundial del fútbol de Sudáfrica, o en todo el proceso de la revolución egipcia. Me cuesta entender que compartimos ramadán con un sinfín de musulmanes, que participamos de infinitas fiestas culturales, o que conocimos mucha más gente que la habíamos conocido en nuestros treinta años de vida. Me resulta absolutamente raro darme cuenta que estuvimos en Sudán haciendo dedo en medio de los campamentos armados y desarmados, que vimos todo el proceso plebiscitario de la división del país, que nos ofrecieron participar del negocio de las minas de esmeraldas, o que nos metimos de fugitivos en barcos y hasta casi en un avión.

A nosotros nos gusta viajar... ¿En qué vehículo?... El que pase primero...
Mundial de Fútbol 2010, JohanesburgoSudáfrica...
Proceso de revolución egipcia...
Con la familia de Gift, Chilobwe, Blantyre, Malawi...
Me cuesta entender sinceramente el proceso de atravesar un continente como África de sur a norte de la forma en que lo hicimos, y casi sin saber dónde sucedió, haber terminado dando vueltas por Medio Oriente o La India. Mucho más aún, me cuesta internalizar que mis amigos más cercanos en Buenos Aires compartieron (algunos más de una vez) todo este recorrido. Me cuesta entender que filmamos dos documentales con ellos, que a su vez nos llenaron de historias de infinito valor cultural y humano. Atravesamos un sinfín de lenguas, costumbres, y quilombos culturales de todo tipo, que no hicieron más que mostrarnos a cada minuto lo ignorantes que somos, y lo poco que sabemos y entendemos del mundo.

Sin extenderme más, creo que el motivo más inmediato (además del monetario), que nos hizo tomar esta decisión de parar un poco, es justamente todo esto, intentar internalizar y entender todo lo que tuvimos la suerte de vivir. Estudiar, clarificar dudas, organizar la cabeza, el espíritu, el cuerpo y el alma. Intentar dar un orden a todo esto, materializarlo y complementarlo con todos los elementos que tengamos a nuestro alcance.


La familia visitándonos en El Cairo, Egipto...
Con Fede y la Rubia en esa maravilla del mundo...
Tratar de salir un poco más de la ignorancia en todo sentido. Hablo de la emocional, de la mental, de la espiritual, pero principalmente de la del ser humano en relación con lo humano, de lo que creemos que son las cosas y de lo que realmente son, de aglutinar capas de conocimiento que muestren a la “realidad” un poco más acabada, en todo su conjunto, en todas las dimensiones a las que tengamos acceso. 

Atravesar los procesos de desconstrucción de lo aprehendido, despojarse, tirarlo a la basura, y entender de una vez por todas, que habíamos estado viviendo en una lata de tomate de poco contenido sustancial durante larga parte de nuestras vidas. Todos los libros que leí de África, y todo lo que escuché sobre el continente antes de venir, me lo fui metiendo en el culo durante el viaje; y en lo que a mí respecta, es una prueba absoluta que desde el texto, sin la experiencia, lo único que logramos hacer es convalidar nuestra ignorancia. Con la experiencia al menos tenemos un puntapié inicial con lo que dar forma a la realidad.

Pero todo esto no lo deduje sólo, sino que me lo dijo nuestro gurú personal, Jota Eme, quien nos estaba esperando en Dheli luego de unas doce horas de viaje en bus, para redondear este viaje de encuentros perpetuos que en aquel momento se sellaba. Y junto a él nos fuimos a dar unas últimas vueltitas, compramos un anafe para nuestro futuro negocios de comida en Sudáfrica y alistamos los últimos gestos de llegada para quienes allí nos estaban esperando. 

Conocimos a su divina hermana personal, desayunamos en alguna plaza y también vimos como le robaron un celular, hecho absolutamente material, que no fue capaz de inmutar a este alto personaje espiritual que sigue los caminos de la luz. Un titán comprometido con lo que no se ve, con aquello que llega sólo por las vías del crecimiento interno y de la visualización. En un momento, como es de esperar, desapareció ante nuestros incrédulos ojos, dejando su estela sagrada de luz y de verdad.


Nuestro gurú con hermana de yapa...
Ordeñando cabras con Daniel en una granja cerca de Yodfat, Israel...
Antes de subirnos al barco que nos llevó hasta Egipto por el Nilo. (Wadi Halfa, Sudán).
No nos cuestionamos mucho, pasamos a buscar nuestros quinientos mil kilos de equipaje, al que tuvimos que agregar el anafe y los regalitos de último momento, y nos fuimos gateando hasta la estación de trenes que nos prometía dejarnos en Mumbai, luego de alguna estúpida cantidad de horas. 

Entrar al tren con todas las cosas requirió de la buena voluntad de mucha gente y de joderle la vida a otra buena cantidad de ellos. Lograr sentarnos y ubicar las cosas fue como jugar al tetris en la vida real, pero en vez de piezas con formitas, usamos asientos, equipajes de otra gente, ventanas, piernas, brazos, cabezas, bebés, nigerianos, camas rebatibles, y algunos otros elementos menores del entorno. Finalmente lo logramos, y totalmente atontados por un calor volcánico, empezamos y concluimos este viaje que no representaba aún ni el 33% del recorrido.

Una vez que llegamos a Mumbai, sin dinero, sin comida, absolutamente desorientados, y aún a unas veinte horas del vuelo, decidimos que la única opción era intentar alcanzar de primeras el aeropuerto, y ver si ahí nos daban de comer alguna bazofia que se pudiera pagar con tarjeta de crédito... y ya que estamos, una botellita de agua, de pis, o de cualquier tipo de líquido.

Conseguir alguien que nos llevara hasta el avión por las monedas que teníamos en el bolsillo fue una tarea bastante engorrosa, difícil y desgastante, pero como bien nos dijeron el día que arribamos: “In India everything is possible”, y vaya que lo es... La puta madre que lo pario... qué lindo país...

Con Vico y Rachel recorriendo las calles de Stown Town, Zanzibar, Tanzania...
Los tres mosqueteros de la cámara confusa en el Domo, Old City of Jerusalem, Israel...
Viviendo entre elefantes, hipopótamos y mandriles, South Luangwa NP, Zambia...
Cuando llegamos nos dieron la buenísima noticia que no podíamos entrar ni al aeropuerto, ni a la zona de espera, hasta cuatro horas antes del vuelo, lo que significaba que teníamos que aguantar dieciséis horas sentados en el interminable calor mombeño, y tratar de no suicidarnos si empezábamos a desesperar. “Hacé de cuenta que estas en el desierto Juli... Pensá que morir... no te vas a morir...”.

Faltó poco, pero cuando se fue haciendo la hora, y luego de conseguir un par de tartas, de guches, de garronear puchos y de tomarnos las botellitas de agua que dejaba la gente, finalmente nos vimos casi con un pie dentro del avión. Teníamos olor feito de día y medio, con 45º de calor húmedo encima, así que le garroneamos el baño al personal de limpieza, quienes muy gustosos accedieron a dejarnos enjuagar la cola y los pelos, para con esa nueva presencia, ir a encarar al bendito señor migración...

Migraciones trabaja para el mal, coquetea con el mal, y casi se podría decir, que es el mal en sí mismo. La gente que está para controlar siempre funciona del lado del mal. Pero la gente que trabaja para el mal no es mala, porque ni para eso les da. Son más bien rígidos, estructurados, ignorantes y faltos de imaginación. Casi que no llegan ni a personas porque la maquinaria en la que están metidos los transforma en autómatas programables.

Buscando a los gorilas de montaña, Bwindi Impenetrable Forest, Uganda...

Aldedeando en el desierto, Norte de Kenia...
Este señor entonces, que podríamos denominar una obsecuente del diablo, nos dijo a buenas y primeras que directamente no podíamos volar. “¿A vos te parece che?”... “¿No te parece que sos un sorete y que tu abuela coge monos, o en tal caso, que me lo podrías haber advertido cuando compré el pasaje?”

“El sistema dice: (frase archiconocida a nivel mundial “El sistema dice”, ¡Cuánto vacío detrás de una frase!) que tienen que tener el visado antes de volar, y si los rebotan, los van a deportar y los van a traer acá nuevamente y... ¿quién se hace cargo?"

“Ya entramos dos veces a Sudáfrica “my friend” y para argentinos no hace falta visado previo, nos los dan en el aeropuerto en el momento de la llegada. El visado además es gratis por tres meses”.

“Pero el sistema dice...”. “Sí, ya leemos que el sistema dice, pero a nosotros el sistema además de parecernos errado, nos chupa los dos huevos al unísono, por favor, danos una solución porque sabemos que entramos”.

“Bueno firmen este papel que deslindan al aeropuerto de toda responsabilidad, y que si los hacen volver, tienen que pagar 1500 dólares más una multa”. 

Firmamos, no nos chequearon la valija por falta de tiempo (me lamenté de no haber traficado veinte kilos de hachís) y nos fuimos. El aeropuerto además se hizo cargo del embolsado de las cosas, ya que nosotros no teníamos un mango y la política de Ethiopian Airlines no permite las valijas sin precintos y tales. Reforcé fuertemente la dosis de pastela atonta boludos con miedo al avión, y Juli se hizo cargo de mi drogada persona, durante las trece horas que duró el vuelo.

Llegamos a Johannerburgo y se nos salió el pecho de lugar de lo canchero que estábamos. Íbamos bailando cuatro tipos de baile en la cabeza y otros tres con el cuerpo, y aunque personalmente me quería cortar las dos piernas pensando que no íbamos a salir de viaje por un tiempo, por el otro una etapa concluía, y la palabra "exitosamente" (que también esta del lado del mal) es más que vulgar para definir lo radiante, inverosímil, extramundano, virtual, alucinante y llenador de este Viaje por África.


En el nacimiento del Nilo, Jinja, Uganda...
Con Juancito y las chicas a la orilla del Lago Turkana, Norte de Kenia...
Estábamos de vuelta en el punto de partida, en un lugar que conocíamos que devendría en un segundo hogar, y por empezar una experiencia de acomodamiento y subsistencia, en un país amabilísimo como es Sudáfrica. ¿Qué significaba esto? Que en realidad el viaje no terminaba, que empezaba otro, de distintas características, sedentario, pero igual de importante que el que habíamos estado realizando. 

Feliz de no volver a Argentina, tengo que decirlo... Feliz de no volver... empecé a imaginarme las diez mil cosas que teníamos que enfrentar para lograr ubicarnos y ponernos cómodos. No teníamos nada, y lo más lindo de no tener nada, es que aún todo está por hacer. Es un block de hojas en blanco iguales a los que te da tu vieja cuando estás por empezar primer grado, con ese olor, con esa magia, con todo lisito y lindo para ver qué onda el nuevo mundo.

Nos tomamos un bondi a Port Elizabeth. El viaje duró otras doce horas, bajamos, y aún nos quedaba hora y media para arribar a nuestro futuro hogar: Grahamstown. El más acá estaba cerca, y con la mayor mezcla de sentimientos buenos y malos que tuvimos en nuestras vidas, desembarcamos en el pequeño y entrañable pueblo. Nuestros cuerpos habían llegado... nuestras cabezas aún estaban viajando. Quedaba superar ese bache, ponerse en sincronía con el mundo y surfear las resacas de la mejor etapa de nuestras vidas. Hacia eso nos estábamos aplicando, hacia allí se dirigirían nuestros pasos durante los meses siguientes. Aunque ya teníamos agendadas algunas aventuras que les iremos contando.

Grahamstown es parte del viaje, y desde aquí, lo seguiremos relatando... Gracias por estar y por apoyar una aventura de vida que esperamos dure para siempre... Hasta la próxima.

Petra, Wadi Musa, Jordania...

10 comentarios:

  1. Un placer leerlos! Me devoré el texto y viajé hasta Sudáfrica con ustedes.

    Les deseo lo mejor en esta nueva etapa del viaje (o "no-viaje"). No hay nada más lindo que la hoja en blanco... ya que las posibilidades son infinitas.

    Besos a todos!

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    1. Muchas gracias linda... Por suerte todo anduvo de mil maravillas... Nos cruzaremos por ahi... Besote

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  2. Excelente relato, me mueve las entrañas, el relato, las fotos, los amigos...todo, como decimos en Colombia, !me quito el sombrero en su honor¡

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    1. Colombia... que lindos recuerdos!!!... muchas gracias por la buena onda loco... Un abrazo gigante...

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  3. Espectacular! y q' envidia de la buena o mejor un empujon mas para algun dia hacer algo por el estilo asi sea de fin de semana, un abrazo estan haciendo patria y haciendo vida.

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    1. Vamos loco!!! Animo entonces y mandate apenas puedas... te deseamos lo mejor!... Gracias por la onda...

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  4. hago maletas ya mismo.

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    1. Que sea chica, despues las cosas se te pierden!!!.. Abrazote y gracias!...

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