7 ene. 2010

East London, arribo y otros menesteres...

Entrando a East London...
No se puede creer que hayamos dejado a nuestro amigo e integrante del equipo a la mañana, recorrido un parque nacional gratis durante la tarde, y finalmente hayamos arribado a las once de la noche a la ciudad de East London, provincia de Eastern Cape, Sudáfrica, African Continent. Tampoco se puede creer lo tarde que significa las once de la noche en este país para cualquier algo que uno tenga que hacer, como por ejemplo, encontrar un lugar para dormir.

Luego de atravesar algunas montañas que se nos interpusieron en el camino, descender por peligrosas laderas hasta el valle en donde se asienta la ciudad, y perdernos por una buena cantidad de minutos, logramos llegar hasta la calle donde se encuentra el "Hostal Niki Nana", un sitio recomendado oportunamente por Daphne en nuestro encuentro en la ciudad de Port Elizabeth, y ubicado a sólo cuatro casas de la suya.

Esas llamativas construcciones...
Esas llamativas construcciones bis...
Para ello tuvimos que recurrir a la más que odiosa, pero a la vez muy necesaria guía Coast to Coast, que muestra un circuito algo limitado, pero que se ajusta a las necesidades de todos los bolsillos, y a la hora de agilizar eventos resulta una buena herramienta. Guía en mano entonces, ventanilla del auto baja, y varias personas respondiendo preguntas que no entienden, es la escena que se tienen que tratar de imaginar. “Do you know where is tal cosa?” y “We are looking for tal otra” están en el top five de preguntas más utilizadas. Las respuestas pueden llegar tanto en inglés entendible, en inglés algo cerrado, en pará que no entiendo, speak slowly, y por último, apartate de mi camino que no me estarías ayudando.

Luego de un rato persiguiéndonos la cola como ratones, finalmente logramos encontrar el hostal al final de una calle que serpenteaba al costado de la rambla. Se veía algo desolada, pero llena de mar a un costado y de hostales para extranjeros en el otro. Para nuestra infinita decepción el hostal estaba lleno. Sólo para abrirnos tardaron unos cinco minutos. De repente apareció una mujer semi dormida con muy buena onda, a decirnos que ni en pedo nos dejaba entrar. Nos pegó un despacho terrible señalando otro hostal que había a media cuadra. Mucha sonrisa, mucho “thanks for your help”, pero por dentro las puteadas se sucedían.

Decidimos en principio acudir a la lección de respirar, y de no apurarnos para encontrar el lugar más apropiado. Recorrimos diez hostales en el lapso de algo así como dos horas. No encontramos absolutamente nada más que un rancho maltratado por noventa rands por persona... precio que no pensábamos pagar nunca más en la vida, motivo por lo que mandamos a tomar por culo a la opción y nos sentamos a pensar nuevas alternativas. El día se había extendido más allá de lo pensado. Veníamos de dormir mal y poco. Llegó el momento de apagar un rato la película y ver qué disparate pasaba después.

En el próximo capítulo damos una vuelta por la ciudad, nos intentan timar como perejiles, y empezamos un documental político. ¡Lo esperamos!...
Caminata y alrededores...
Barrios y tranquilidad...

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