20 abr. 2010

Hole in the Wall, otro agujero en la pared...

Pink Floyd acuático...
“No sé qué hacemos todavía en Coffee Bay fue lo primero que pensé cuando me levanté. Exterioricé la pregunta sin muchas expectativas de respuestas sólidas ni coherentes, pero buscando al menos alguna tentativa, alguna punta, algo... Bueno, nada. Alguien dijo: “no tenemos plata para pagar...”. Otro dijo: “¿Como vamos a pagar las birras que nos tomamos?”. Abrí y cerré el telón de las preguntas por todo el día. En estas situaciones es mejor no intervenir y dejar que todo suceda sólo. Es algo más vertiginoso, pero si uno logra olvidarse, no pasa nada. Infinita solución para casi todo, esa de olvidarse de todo.

Bueno, la forma de olvidarse de todo el día de la fecha, fue observar pajaritos construyendo nidos en los árboles y organizar una salida hacia un famoso lugar intitulado "Hole in the wall", o su traducción, agujero en la pared, ubicado en los remansos costeros de un pueblo del que jamás supimos el nombre, y que personalmente creo que no tenía. El lugar sin nombre quedaba a unos treinta minutos manejando, pero la ruta que nos llevaría no era la mejor, sino la peor.

Foto va, foto viene... se larga a llover...
Nos acompañaban las inconmensurables presencias de Storm y la Gallega. Aunque la ruta era paupérrima, el camino casi instantaneamente despertaba y ponía en alerta a los sentidos. El paisaje se fue agudizando muy rápidamente hasta tornarse prácticamente vertiginoso.... De esos momentos en que si uno se queda medio moco exclamando estupideces al volante, el auto puede caer en un pozo bien profundo, del que salen en trencito las puteadas de todos los que están alrededor.

En fin, luego del desbarajuste, y de un viaje algo accidentado, llegamos hasta el pueblo de Hole in the Wall. Un sitio muy bonito, lleno de vegetación, rústico, sin pavimento y con una cantidad de nada asombrosa. Todo el mundo nos miraba muy fijamente, momemto en fue posible detectar cierta hostilidad en los ojos de algunas personas. Mientras unos te saludan con una sonrisa gigante y efusiva, otros directamente no gesticulan, o emiten algún inentendible grito, que roza los límites de la intimidación.

Llegamos literalmente hasta el final del camino, y ahí mismo, dejamos el auto estacionado. Aún nos faltaba caminar unos quince minutos para llegar a hasta este "fenómeno natural medio pelo". Antes de bajar ya teníamos acumuladas alrededor del auto unas diez personas ofreciendo servicio de guía, mientras los más impúdicos, pedían directamente “cambiooo, cambioo” por algún concepto.

Ya que estamos...
"¿Como vamos a pagarte para que me lleves acá a dos cuadras?" pensé. “We don´t need nothing”, “we don´t want nothing”, y resultó ser una buena combinación de frases para espantar a la gente. Los amigos abrieron paso con cara de: “capaz te lo rayo, capaz te lo meo”, pero juntamos fuerzas y decidimos que no tenía nada que ver ceder a ese universalizado argumento de chantaje.

El caminito era un poquito hippon. Comenzaba serpenteando por pequeñas malezas, para luego meterse de lleno dentro de una especie de mini-bosque, que divide a la playa de la montaña. Una hermosa y variada mezcla de ecosistemas. Al tiempo que disfrutábamos del paisaje, aparecieron por el sendero, de regreso y cuesta arriba de la montaña, las ocho bombas apocalípticas de Durban. Tan' tan buenas que me duele. Todas juntas y a los gritos saludando. Casi nos volvemos sin ver el agujero en la pared, ni sacar fotos, ni un carajo.

Mirá... una viborita...
Hole in the wall entonces y sin más preámbulos es una extraña formación adentrada en la costa del océano, en donde se observa un curioso fenómeno natural: una especie de mini-montaña o morro cuadrado, totalmente desubicado, que en su parte central ostenta un túnel con forma de arco por donde pasa el agua, regalando de esta manera, una llamativa y fotografiable imagen. Las pibas de Durban nos seguían pareciendo un espectáculo natural mucho más llamativo.

Una vez que sacamos una cierta cantidad de fotos pedorras e hicimos algunas monerías, se sumó a la excursión una lluvia muy intermitente y molesta. Decidimos no darle demasiada pelota, y muy rápido encaramos un mini paseo por la costa de un río que nos encontramos, en el que para nuestra sorpresa, había mucha gente nadando. Resultó ser el mismísimo escuadrón de guardavidas. Había un señor en la orilla que los arengaba y los cagaba a pedos a todos, y otros quince temblando en zunga, esperando su turno para entrar al agua.

Muy de repente y sin aviso, vimos que todos los enzungados empezaban a correr hacia nosotros, observando algo. Una imagen que de mínima me llenó de mucho miedo... Gracias a dios no nos estaban viniendo a empomar en grupo, sino que cuando nos dimos vuelta para correr, vimos que una pobre vaca se estaba ahogando en una de las orillas. Ya un poco más aliviados, me sonreí de los nervios y me empecé a preguntar: "¿Cómo se hace para salvar una vaca que se ahoga?". Difícil no.
 
Vaca al borde de la muerte...
Todos se acomodaron alrededor, mientras la vaca trataba de desencallar el cuerpo de la orilla. La imagen subsiguiente fue la de un montón de personas sin saber qué hacer, haciendo hinchada para que la vaca no se muera. Bueno... vaya a saber uno que onda, pero de un momento a otro, la vaca logró pararse y salir airosa. Aunque se le notaba el mal momento en la cara, no dijo ni Mu... cuac! y se escapó caminando. Si una vaca se ahoga le hacés hinchada y se salva... mirá vos cuánta mística. En fin...

A Hole in the Wall lo podemos poner dentro de la bolsa de esas cosas que están buenas, pero sólo por un rato. No tiene mucho sentido quedarse mirando un agujero de piedra, durante mucho más que una hora. Cuando volvimos, nos dimos cuenta (por fin y de una buena vez por todas) que el lugar se había agotado por completo. A la mañana siguiente resolveríamos cómo pagar y fijaríamos como siguiente lugar a visitar: Port St. Johns. Saludos y muchas gracias por llegar hasta acá. Hasta la próxima.

Vaca indecisa...
Pueblito de Hole in the Wall...

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