30 ene. 2012

Petra, Wadi Musa, Jordania...

Maravilla del mundo... La ciudad de Petra...
Cuando se cruza la frontera de Israel hacia Jordania, se experimenta una cierta sensación de quedarse en pelotas. Es que a buenas y primeras, se pasa de un país semi futurista a un desierto implacable, sin transporte público, ni tránsito, ni vida, y en dónde cinco o seis taxistas, estan esperando muy ansiosamente empomar, en este caso específico, a tres argentinos con mochilas y bastante cara de boludos.

La ciudad más cercana está a un poco más de diez kilómetros, pero sólo tiene sentido la visita si se tiene planeado incursionar en un lugar llamado Wadi Rum, una de las atracciones de Jordania, que según se comenta es un despliegue de paisaje sin igual, donde la jodita radica en acampar en el medio del desierto, cosa a nosotros nos llamaba la atención, pero tampoco tanto.

Por un lado, ya veníamos de espectaculares días desérticos, extasiados por la experiencia de Heart Beat, y por el otro, se acercaba la fecha de mi cumpleaños, motivo por el que habíamos decidido que Wadi Rum quedaría agendado para otra vida, y que enfocaríamos todos nuestros esfuerzos en llegar nuevamente a Wadi Musa, ciudad base para la visita a Petra, eje central del turismo, y lugar que Federico Marcello no se podía perder en la incursión a estar tierras...



Atardecer en los alrededores de Wadi Musa...
Caminando las infinitas formaciones rocosas...
Belleza natural...
Por lo que luego de una negociación que apeló a nuestros previos conocimientos de la idiosincrasia árabe, y que se basó en el supuesto de que “nosotros no salimos de la frontera, pero ustedes se meten los autitos en el orto”, y de un intercambio algo más amable de agasajos y de conocimientos idiosincráticos como Maradona, Menem y personajes varios, logramos envaselinar considerablemente el empome y pactar el traslado a Wadi Musa por alrededor de cuarenta y cinco dólares, monto que significaba un problema para nuestros bolsillos, pero que en términos realistas, era una más de esas baratas justicias divinas.
Así fue que nos subimos a otra "musulmioneta", paramos a comprar unos puchos libres de impuestos, algo para apalear el ruido estomacal y nos lanzamos a la conquista de uno de los lugares más lindos del planeta Tierra. Durante el viaje, que duró aproximadamente dos horas y media, y en la única parada de descanso que hicimos, tuvimos la oportunidad de presenciar uno de los atardeceres más bellos de esta extensión de Viaje por África, apodada Viaje por Asia 1.0. Un contraste de rojos, amarillos y naranjas con pocos precedentes visuales. Un fenómeno visual realmente descomunal.
 
Como ya habíamos visitado Wadi Musa, la llegada no significó mayor desgaste. Sólo tuvimos que reconfirmar algunos costos, y luego de algunos pocos minutos ya estábamos instalados en el hostal más barato, y también podría decir, más concurrido por turismo rata en Wadi Musa, lugar en el que por una camita en pieza comunitaria se paga algo así como tres dinares por noche, lo que puede ser traducido a su vez, como apenitas más de tres euros.


Wadi Musa desde adentro...
Caminando por ahí con el inconmensurable...
¿Llamativo no?, pero sí, la moneda de Jordania, el dinar, es más cara que el euro; y aunque obviamente el costo de vida es muchísimo más bajo que el de Europa (e inclusive Sudamérica o Israel), apenas cruzada la frontera, la billetera se llena de preguntas... multiplicando automáticamente esa sensación tácita de tener el bolsillo lleno de agujeros, de dudas y de miedo; aunque luego de los primeros sondeos de productos básicos, se vuelve a respirar con ritmo, mientras se va corroborando que todo era una especie de engaña pichanga, y que las cosas siguen siendo muy baratas y se puede continuar.
 
Si pensamos que estamos visitando una de las siete maravillas del mundo, y que estamos durmiendo a diez cuadras de la puerta de la ciudad de Petra por tres euros por noche, rápidamente uno entiende que la vida esta muy lejos de ser un abuso. Con lo que único que hay que tener mucho cuidado, es con la percepción del gasto del cambio y de las monedas, porque el redondeo de centavos, al que uno corre el riesgo de acostumbrarse, es lo que verdaderamente nos hace perder dinero, casi sin darnos cuenta. 

Todo producto cuesta o cincuenta centavos o un dinar, por lo que se puede cometer el error de percibir cincuenta centavos de dinar como si fueran nada, pero... con cincuenta centavos se puede comprar: un plato de comida, un atado de cigarrillos, una coca cola, un kilo de frutas, o pagar dos veces un bus urbano. Entonces, conscientes del poder de de cada centavo, y cuidando en extremo cada una de estas monedas pedorretas, nos fuimos a ver, chequear, testear, cómo nos iba de bandoleros por los alrededores de la ciudad.

Y digo de bandoleros, porque si hay un ticket costoso, por el que el turismo joven anda puteando sin parar por las calles de
 Wadi Musa, es el de la entrada a Petra... Y acá sí la patearon al pasto, y aunque visitar Petra es una experiencia única y alucinante en la vida de cualquier persona, cincuenta dinares, está un poquito excedido...


Fede bandolero en el país de Gulliver, haciendo dedo en la villa beduina...
Tranca total en la villa beduina...
Hombre apuntando al Sudeste...
Un dinar jordano... más caro que el euro...
Más allá de la queja, y para no ser muy injustos, se puede entender que este país que no tiene casi recursos, se agarre muy fuerte de la mano de esta maravilla mundial, para generar algo de dinero interno y mantener ocupada a la población. Aunque no por esto dejamos de pensar, que en Jordania por esa plata, se puede dormir diecisiete noches o comer durante un mes. La mayoría del turismo opta por enfocarlo con el típico pensamiento: “Bah... está bien, es una vez sola vez en la vida”.

Pero para nosotros era la segunda, y cincuenta dinares por una entrada no lo pagábamos aunque nos dijeran que adentro estaban Los Redondos armando el escenario con Roger Waters. Por este simple motivo nos vimos obligados a lanzarnos a la búsqueda de las opciones alternativas o los pasadizos secretos. Estábamos seguros que tremendo predio y tremenda ciudad debía tener s
í o sí tener cuatrocientas vías de acceso, por lo que  entonces... tampoco nos desesperamos demasiado...

Con la experiencia de que "si uno le da a las cosas el debido tiempo, se acomodan solas", nos fuimos a hacer una recorrida por los alrededores de Wadi Musa. Entre estas travesías debemos destacar: un pintoresco y más que amable pueblo beduino a unos diez kilómetros de Wadi Musa, lugar en el que fuimos muy bien atendidos, y nos introdujeron a las historias más sobresalientes del pasado Petrense. Recorrimos también la famosa “Little Petra”, que no es más que una Petra en miniatura, travesía que no le llega ni a los talones a la “ciudad rosada” original, pero que al menos sirve como anticipo del flash que uno se va a comer un poco más tarde...
 
Durante esta travesía conocimos a Kate y a su novio, del que nos interesa prescindir, ya que Kate era de esas mujeres que sin ser tan lindas, tenía la capacidad de hacerte enamorar en menos de siete minutos. Como si le faltara algo al tremendo desparrame de onda que hacía en cada movimiento, esta hermosura proveniente de Boston, cantaba en una banda de rock llamada Luddy Mussy, de la que dejamos el link por si a alguien le interesa escucharla y declararle su amor vía Facebook...

Kate escondida entre las rocas...
Kate además nos presentó a un jordano muy nativo de la zona; uno de esos llamativos seres que tienen un aspecto casi 100% gitano, que además de delinearse los ojos, suelen ser motivo de inspiración para más de una nacionalidad europea en busca de maridos, abarcando principalmente el siempre desesperado mercado escandinavo, que estén donde estén, se están bajando a algún lugareño y llevándoselo a vivir al frío blanco.
 
Este muchacho fue quien finalmente nos indicó uno de los tantos caminos alternativos para acceder a Petra, por lo que la mañana del día 29 de Marzo, me desperté un poco más joven que antes, y aunque Fede y Juli me habían preparado un desayuno descomunal, no me sentía del todo cómodo.  Sí señores, a pesar de mi desparramo de juventud y de un desayuno glotón y entrañable, no estaba conforme con el arreglo que habíamos hecho con el gitano, aunque las cartas ya estaban echadas y restaba probar.

En la batalla por entrar a Petra...
Como no está muerto quien pelea, decidimos jugarnos a más, por lo que regateando entre los tres, como si también fuéramos gitanos trashumantes, hasta quince segundos antes de emprender la travesía, logramos abonar un mucho más que complaciente 3x1, abaratando los costos a de la entrada a diecisiete euros por persona, pero agregando algunas incomodidades al periplo.
 
En principio el arreglo incluía un recorrido en caballo obligatorio por la montaña que rodea a Wadi Musa, que serviría  de "justificativo" por si en el camino nos encontrábamos con algún señor de seguridad... de forma tal que a la pregunta: “¿qué hacen ustedes por acá?”, podíamos responder: “nada, dando una vueltita a caballo”. Este plan entonces incluía rodear el perímetro de la entrada, dejar los caballos a nuestros guías, y hacer una jugada de dudoso consistencia que supestamente nos dejaría justito en el medio de Petra“Ok, fenómeno, dale que va”... hacia allí fuimos con los ojos vendados...

El primer inconveniente fue desayunarnos que a Federico le dan miedo los caballos, hecho que motivó que una cabalgata que tenía que dudar media hora, se estire a casi el doble. El segundo problema era que Julián es alérgico a los caballos, por lo que íbamos cargando una mega inyección en la mochila por si algo malo le pasaba. Ahora que lo escribo, no entiendo muy bien qué carajo hacíamos en tres caballos por las montañas de Wadi Musa... De esta primera parte de la travesía rescatamos el paisaje, lugar al que nunca hubiéramos accedido sino hubiéramos decidido la contrabandeada.

Estoy totalmente aterrorizado...
Este caballo pajero, paisaje tremendo de fondo...
En fin, así fue que una vez más mirando el vaso medio lleno llegamos al final del sendero y...: “Desde acá tienen que caminar solos... una, porque nosotros no podemos seguir con los caballos, y dos, porque desde acá ya nadie los va a encontrar...”. Culo lleno de preguntas es poco, pero como para no calcinar los ánimos decidimos acatar la orden con la premisa de: “si algo nos pasa o nos agarran antes de entrar, vamos en cana, pero esos cincuenta dinares los vamos a buscar”... “Todo bien, todo bien... no pasa nada”.
 
El pibe dio algunas instrucciones que ninguno de los tres llegó a entender del todo, motivo por el que nos perdimos otra hora más intentando encontrar el puto camino. Las infinitas puteadas que se robó de la imaginación el viento... fueron a parar nuevamente a un paisaje que aliviaba, curaba y descomprimía el alma... Una mezcla de montañas y valles al mejor estilo Petra que poco vale la pena intentar poner en palabras.
 
Finalmente lo logramos, y casi sin darnos cuentas terminamos mezclados entre turistas en uno de los puntos panorámicos de la maravillosa ciudad, en la cima de una montaña, desplegando cara de piedra a todas y cada una de las personas que nos habían visto contrabandear. Todos contentos, “que lindo, que lindo”, hasta que en algún momento decidimos descender hasta el sendero principal. Lo hicimos cada uno por su lado para no levantar sospechas, para luego de una media hora encontrarnos en la base, y muy lentamente y en voz muy baja, empezar a festejar.


Desde arriba de la montaña...
Petra en estado natural...
El festejo duró dos minutos, cuarenta y tres segundos, ya que armando los primeros mates al costado del camino, como Fito Páez, fue cuando apareció "Don Seguridad" a cagarnos bien el día. “Hola chicos, entradas por favor”. A pesar que por dentro estábamos puteando a los dos mil dioses del olimpo, a nadie se le inmutó ni medio gesto de culpables... como si nada, nos pusimos a buscas las inexistentes entradas en las pequeñas mochilas en las que sólo había frutas y agua. “Che, no las tengo, fíjate vos”, “Yo tampoco, fíjate ahí...”...”ah... ya sé lo que pasó, las tienen los chicos... señor seguridad... y los chicos están por algún lado, pero no tenemos idea donde...”.

"Don seguridad" no nos creía nada de nada, pero como parecíamos habernos tomado cinco valium de la cara de póquer que manejábamos, se empezó a desorientar. Le ofrecimos mate y no cedía, le preguntamos por su familia y tampoco, le hablamos de Maradona, menos. “Pero la reconcha de mi abuela en tangas... ¿Cómo hacemos con este enano?...”.
 
La gente pasaba por los costados y curiosaba todo lo que podía por la situación que se había armado. Hacían gestos de “que mal chicos, eso no se hace”... Entonces salimos a la cancha nuevamente y le dijimos a gorrita linda, “hagamos una cosa, nosotros te dejamos un pasaporte y nos vamos a buscar a los chicos... más que nada para no perder el día que hoy es mi cumple... Antes de irnos te pasamos a buscar, te mostramos las entradas y todo manso, ¿dale?”...

De contrabando en el famoso Treasury...
Todavía no sé cómo logramos que diga que sí, pero efectivamente lo logramos... y aunque la aventura recién empezaba, por lo menos no nos estaban metiendo en cana y haciendo pagar una multa "del doble del costo", como bien reflejaba un cartelito de reprimenda en la entrada principal de la famosa ciudad nabatea.
 
De ahí en más todo fue un quilombo, pero como nosotros defendemos los quilombos enfáticamente, salimos a hacernos cargos de éste, mientras recorríamos las entrañas de esta maravillosa maravilla mundial; y sucedían cosas como “mirá que lindo esoooo... está buenísimo...”, a lo que seguía: “che disculpa... Mirá, nosotros tenemos un problema, se nos perdieron las entradas y el de seguridad justo nos las vino a pedir... ¿No tenés una que te sobre ahí para mostrarle?... o no sé... dame la tuya ahora te la traigo...”... A cualquiera que pase, muy descaradamente, casi sin pudor.
 
Viaje por África de caravana medieval...
Es que más vergüenza nos daba declararnos contrabandistas, y así fue que nos hicimos más amigos adentro de Petra que en toda la visita a Jordania. Tuvimos la suerte de encontrarnos con Kate y su novio, quienes fueron los primeros en regalarnos sus entradas... hasta que cuando ya casi estaba sonando la alarma de nuestro deadline, conocimos a un español, que por esas cosas de la vida se había encontrado una en el piso... y también nos las regaló.

Cabe aclarar que en Petra las entradas se entregan con los nombres impresos, de modo que automáticamente nos mudamos de identidad y nos fuimos a poner la jeta y aferrarnos al cemento hasta la muerte. Creo que por esa convicción, cuando seguridad vio las entradas, entendió que iba a perder el tiempo si nos pedía el resto de los pasaportes, por lo que se limitó a mirarnos con cara de culo, pero nos devolvió el pasaporte retenido y nos dejó irnos sin chistar. Nunca terminé de darme cuenta si el tipo tenía un corazón enorme o qué, pero fuere lo que fuere terminamos excusados, y más allá de ciertos nervios que angustiaron levemente la jornada, nos metimos a Petra bajo el brazo y nos mandamos a mudar...

Caminando hacia la entrada conocimos un Argento – Español al que terminamos apodando “Liarcu”. Un prototipo de sexópata al que no le importaba nada de nada, y que nos hizo pasar algunos momentos tan graciosos y divertidos, como también vergonzosos e incómodos dentro del hostal. Muy probablemente, u
no de los personajes más graciosos de este recorrido por medio oriente...

"Liarcu" tirando beso... como de costumbre...
La última noche la pasamos mirando las películas de Indiana Jones que se proyectan en cine continuado en la televisión del hostal... rememorando en sus imágenes la hermosura de Petra, de la que no hago mayores descripciones en el post, porque en definitva es un lugar al que para entenderlo hay que ir... Los dejamos con varias imágenes de lo más relevante y gracias por haber llegado hasta acá en la lectura... Un abrazo y hasta la próxima, cuando nos movilicemos a la capital de Jordania: Amman... Salud...

Fede perdido en el tiempo...

4 comentarios:

  1. Chicos! buena su aventura para entrar en Petra! Bien argento la zafada....Estuve en el 2008 y junto con Capadocia creo son los lugares mas deslumbrantes del mundo. Viajo siempre y por aqui de nuevo con ustedes.

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    1. Y si... las ganas sobran, la plata no... seguiremos... Gracias por leer y por comentar... Un gran abrazo desde Sudáfrica... Seguimos con los relatos...y suerte con todos tus viajes...

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