22 dic. 2011

Israel y Palestina. Un documental desde otra perspectiva...

Fede inaugurando cámara nueva en Yodfat...
Pocas veces en mi vida vi una persona tan emocionada y tan pasada de rosca como Federico en las primeras horas de su arribo a tierras judeo musulmanas. “Es que me estaban llevando al aeropuerto y no podía cerrar la computadora porque tenía que responder un mail, y mi vieja me decía “Fede, vas a perder el vuelo”... y si no mandaba el mail no me podía ir... ¡Qué increíble! ¡Qué alegría! ¡No lo puedo creer!... “Y si nos vamos a China en moto”... “Y si nos vamos a la luna a pata”... Hace unas  horas estaba en Buenos Aires y ahora acá... es que no lo puedo creer”... Esto es sólo un mísero resumen, pero podría escribir un posteo entero con la cantidad de Federiqueces que escuchamos aquella mañana. Daba entre ternura y ganas de meterle una tableta de rivotril...

Con este estado de alegría incontenible y una nueva banda continental compuesta por tres personas, nos fuimos a tomar el tren hacia Akko, lugar donde nuevamente nos recogería Daniel y desde donde volveríamos al principado de Yodfat. El dedo quedó anulado por el largo viaje de Fede y porque con una excitación tan fuerte, para lo único que alcanzaba la energía, era para hablar todo lo posible. Entre charla y charla fuimos encarando uno de los temas centrales que nos habíamos propuestos para esta estadía conjunta en Israel, que no era ni más ni menos que la realización de un documental que de alguna manera hablara del ya famoso y mucho más que archi conocido conflicto entre judíos y palestinos.

La panorámica de la tierra prometida...
De todas formas el mayor problema no radicaba en la escasez de recursos, que según la filosofía de este viaje, siempre se puede solventar con dedicación, esfuerzos y artilugios varios, sino en no recaer en las mismas ópticas, ni en los mismos contenidos que hay dando vuelta por todo el mundo, y así, tratar de mostrar un punto de vista algo diferente.

Con esta incógnita en la cabeza y una emoción desbordante en el corazón, nos subimos a la camioneta de nuestros anfitriones, que a modo de bienvenida nos habían preparado un paseo por el centro de la ciudad de Akko, un lugar cargado de historia, murallas, fuertes, y que si se lo visita un día de tormenta, el Mediterráneo seguramente le regale un soberbio espectáculo de belleza natural.

Allí nos quedamos un largo rato disfrutando de las habilidades botánicas de Mijaíl, esperando a que Fede logre bajar un poco... y cuando la lluvia se tornó demasiado molesta y escuchamos que Fede dijo: “ah... esto está bueno”, emprendimos sin más preámbulos el corto viaje que nos separaba de Yodfat.

Akko en aquel memorable día...
Puerto y construcciones musulmanas...
Mural en Akko...
En la ruta comenzamos a compartir nuestras inquietudes con Daniel, para ver si escuchando diferentes ópticas lográbamos aclarar el panorama del contenido del documental. Y como hablando se entiende la gente, y a veces por suerte muy rápido, en las primeras dos conclusiones nos alumbró el camino. Como es bastante lógico de suponer (sin la intención de ahondar en un conflicto infinito que este blog no se propone tratar por el momento), hay muchísimas personas que no quieren saber más nada con armas, guerras o inseguridad en Israel. En esta obviedad se centró entonces el punto de vista de Daniel.

Mucho más allá de las políticas, los extremismos, el resentimiento y muchas cuestiones de forma y fondo que habría que exponer seriamente para hacer realmente sustentable este párrafo, la conclusión fue que hay muchos palestinos e israelitas que están intentando llevar adelante proyectos conjuntos, no sólo por conveniencias económicas, sino también para demostrar al mundo que hay miles y miles de personas que no quieren más muertos y que van en búsqueda de la paz y de la integración.

“Clarísimo” dijo Fede mientras sacaba la cámara y le hacía repetir nuevamente aquel puntapié inicial a un Daniel totalmente inspirado. Al mismo tiempo me miró con esos ojos cansados de millones de horas sin dormir y me dijo: “Empieza el documental. Y sí, nos terminó pareciendo mucho más lógico intentar recopilar historias de israelitas y palestinos que estén trabajando en conjunto para ayudar a la resolución del conflicto, que volver a mostrar argumentos y quilombos entre las partes, que sin utopías de por medio, y desde un punto de vista técnico, son absolutamente irresolubles.

Un poco más de un lugar tremendo...
Sin fuerzas, pero contentos...
Desde Yodfat hacia el más allá...
Así fue que Daniel habló a cámara, Mijaíl armó otro, y en menos de cinco minutos estábamos nuevamente instalados en "nuestra" casa en Yodfat con el asunto del documental bastante más claro y con el alma un poco más en reposo. Lo introducimos a Fede a la vida del inigualable pueblo y nos dedicamos a descansar, repartir algunos regalitos argentos entre nuestros anfitriones, y pasar una noche tranquila de charla, mate y puesta a punto.

Sólo nos restaba encontrar aquellas historias y comenzar a disfrutar de las experiencias de movernos por Israel con cámara en mano, para ver si iban a ser tan positivas como aquella primera experiencia en Sudáfrica. De todos modos lo más importante ya había sucedido, estábamos juntos nuevamente y nos quedaban al menos tres meses de locura galopante por delante. Felicidad de piel erizada.

Cavernas en Old Yodfat...

Hay veces que las cosas sólo suceden, y al menos nosotros creemos que la mayoría de ellas lo hacen porque uno trabaja para ello. No creemos en líneas generales en ningún tipo de providencia, ni en ningún tipo de iluminación. Para esta troop las cosas solo dependen de la acción y del esfuerzo que se ponga en lo que uno quiere. Así es como creemos además que llega la suerte. Un concepto que para Viaje por África sólo depende de una incansable búsqueda de lo imaginado y deseado, y de la convicción con que uno emprende el recorrido hacia cualquier tipo de objetivo. Imposible no es nada, y para ser feliz, sólo hay que estar dispuesto a pagar el precio para que ello ocurra.

Nos levantamos al día siguiente y aceptamos gustosos la invitación a una exuberante comida que nos estaba esperando en la casa de los padres de Hadas (la novia de Daniel), lugar en el que además de exquisitos manjares, se encontraba la humanidad de Gabriel, un argentino que hacía largo tiempo vivía en IsraelGabriel estaba allí esperándonos para intercambiar palabras en castellano profundo, pero también para darnos el primer dato sobre un proyecto musical que aunaba israelitas y palestinos, que estaba comandado por alguien llamado Aaron, de quien muy gustoso nos pasó su número telefónico para que lo contactemos. Sonaba interesante y prometedor. Agendamos, comimos y pasamos una tarde espectacular con la familia.

Durante esta primera tarde, también logramos comprometer al padre de Hadas para hacerle una entrevista. Resultaba ser una persona muy interesante para escuchar, ya que su rol de algo así como jefe de la comuna de Yodfat, lo hacía portador de un fuerte conocimiento de aspectos burocráticos del país, de política y de muchos elementos interesantes de la interacción con palestinos. Por otro lado, su poca fe en la resolución del conflicto y una fuerte posición contradictoria entre el uso de la fuerza y la búsqueda de la paz, servía de reflejo de lo que a nuestro criterio es la posición media de la parte judía. El sentimiento de amenaza constante, el miedo al exterminio y el convencimiento de que si no utilizan la fuerza, se los comen crudos. En resumen, mucho para escuchar, mucho para analizar y mucho para entender.

Refugiados sudacas...
Luego de esto nos lanzamos a la caza del padre de Mijaíl, un hombre más bien de negocios, que hacía tiempo estaba luchando en varios frentes para instalar una fábrica de calzados en colaboración con palestinos. Nos recibió en su casa y tuvimos una charla muy amena y relajada. Un tipo con modos impecables, con una humanidad tremenda, y con el que nos sentimos muy a gusto durante la hora que compartimos en su mesa. Él mismo se desentendió de hacer una entrevista porque sentenció que no era útil para nuestros propósitos. Nos comentó que su proyecto estaba por el momento muy estancado, y con las cosas tan en el aire, no había nada interesante para decir. A cambio, sacó de su mágica galera y de su relajado corazón, dos datos que serían de muchísima importancia para lo que venía.

El primero fue el contacto del presidente de una organización que une a familias israelitas y palestinas que perdieron algún pariente durante la guerra. Una organización que se dedica a concientizar sobre el dolor que estas cosas producen y a dar charlas conjuntas por diferentes colegios sobre la temática, abriendo debates que logren concientizar de alguna manera éstas pérdidas entre los jóvenes.

El segundo fue el relato sobre un sobresaliente y heroico acto de un palestino que reside en Jenín (Palestina), quien perdió a su hijo de doce años en manos de un confuso episodio con un soldado israelí, y que en lugar de salir a pedir muerte y venganza por todo concepto, hizo retirar los órganos del niño y los donó a seis familias israelitas, hecho que contribuyó a salvar la vida de sus hijos. Nada para agregar. “Agarrá la cámara y vamos ya a conocer a ese tipo”.

Así fue amigos y amigas que en un día de indagamientos varios, con la ayuda de un pueblo al que le queda corto el calificativo de sublime, logramos armar un boceto de lo que se venía, con lo cual sólo nos restó pedirle a Daniel que nos lleve a comprar crédito para el teléfono, llamar a todas y cada una de las personas, y armar un pequeño cronograma que reflejaba que teníamos que movernos a velocidad de la luz por todo el país, si es que queríamos llegar a la siguiente semana a festejar “Purim” en uno de los pueblos más perfectos que hemos pisado.

Música en vivo en el bar de Yodfat...
Descansando en la casa...
Fantasmafoto en la casa de Daniel...
Cuando todo esto estuvo “arreglado”, decidimos asistir a una fiesta en el bar del pueblo para hacer un despliegue descontracturado de baile junto a nuestra familia provisoria. Ya nos sentíamos parte del cambalache, y eso nos anticipaba, que si luego de terminar con algunos reportajes, llegábamos para los festejos mayores, la vida se iba a tornar, aunque resulte difícil de concebir, un poquito más linda. "Chicos... les dejamos las mochilas... en un par de días volvemos... yo quiero el disfraz del rey León... no se hagan los boludos"... "Ah y no se coman todos los alfajores"...

Y para ustedes que están del otro lado: gracias por seguir leyendo. Lo que se viene son aventuras de alto impacto al corazón, al espíritu y a la razón... (Fede... ¿pusiste a cargar la bata?)... Hasta la próxima...

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