29 dic. 2011

Israel y Palestina. Un documental desde otra perspectiva. “Ismail Khateeb”, Jenín, Palestina...

JeninPalestina...
Y si era cuestión de seguir comiéndose flashes cercanos del quinto tipo, qué mejor que agarrar las mochilas bien tempranito de mañana, despedirnos de la más linda de las israelitas y correr mucho a ver si lográbamos alcanzar un bus que nos dejara en las puertas de Palestina; específicamente en Afula, ciudad desde donde se alcanza el puesto de control de Jalame y finalmente nuestra ciudad objetivo, Jenín.

Jenín se encuentra en el área del West Bank, área que junto a la franja de Gaza y parte de Jerusalén, conforman el reclamo de esta maravillosa y por demás hospitalaria nación Palestina. Sería muy ignorante y liviano de nuestra parte no comentar y no elevar un grito de conciencia que diga que Palestina, se la quiera reconocer o no, es definitivamente otro país, con otra gente, otro estilo de vida y otro tipo de virtudes y defectos, que no tienen un carajo que ver con los de Israel.

Caminando hacia el puesto de control de Jalame...
Para descubrir este fabuloso mundo musulmán, caminamos desde la ciudad de Afula (Israel) durante una media hora, hasta que pusimos en funcionamiento nuestro dedo mágico... Dos camionetas más tarde, habíamos sido depositados en el puesto de control de Jalame, una frontera interna que da una paja gigantesca, y que si uno conoce mínimamente la historia, un montón de tristeza. La pasamos lo más rápido que pudimos y abordamos una especie de taxi compartido hasta la entrada de Jenín.

Apenas pusimos un pie en tierra, nos volvimos a sorprender y regocijar con la excelencia con la que los árabes manejan el concepto de “anfitrión”. No tuvimos tiempo de casi nada, que ya teníamos a tres o cuatro musulmanitos rodeándonos y preguntando “de dónde éramos y qué nos traía por acá”. Antes de terminar la respuesta, ya nos habían puesto un “turkish coffee” en la mano, y aunque el entendimiento como siempre era dudoso, las risas por suerte brotaban sin esfuerzo.  

El hecho de haber recorrido un buen tiempo entre Egipto y Sudán, nos había dado cierta idea del idioma, y aunque en cada país árabe cambia un poco, las bases siempre siguen siendo las mismas. Contemplar la cara de alegría y de complicidad de un musulmán cuando ve a un extranjero esbozar alguna frase en árabe, es un acontecimiento de comunicación mucho más profundo que el mismo intercambio de fonemas.

La sede administrativa de Cinema Jenin...
Aterrizamos en esta norteña ciudad musulmana atraídos por la historia de Ismail Khateeb (o Khatib) y guiados por la solidaria mano de Fakhri Hamad, uno de los cofundadores de un proyecto llamado “Cinema Jenin”. Cinema Jenín es exactamente eso, un cine, pero un cine que fue destruido en la primera intifada (1987) y que se está reconstruyendo con el impulso y la fuerza que el documentarista Marcus Vetter le dio a través de su film llamado: “Heart of Jenín”. Fakhri fue la persona que contactamos previamente a la llegada y a la primera que telefoneamos apenas pusimos un pie en tierras palestinas.

Las coordenadas casi que estuvieron de más, porque como dije anteriormente, si por algo se desvelan los árabes es por mostrar toda la cordialidad posible. Son capaces de dejar todo lo que están haciendo para asegurarse que uno llegue adonde quiera llegar. Obviamente también, y para dejar la ingenuidad de lado, no nos olvidamos que Palestina es una nación muy golpeada, y por ello, específicamente en este caso, se puede oler también una cierta necesidad de corroborar las intenciones y motivos de visita. Una vez que todo esto queda confirmado, la hospitalidad nunca deja de ir en aumento.

Mucha banderita Palestina en las calles de Jenin...
Llegamos y nos encontramos con un personaje muy cordial y muy ameno, que se notaba muy interesado y entusiasmado con cualquier tipo de difusión que se le pueda dar al proyecto. Nos hizo pasar a su oficina dónde rápidamente nos introdujo en su atmósfera personal, nos convidó con algunos chais y empezó a relatar los detalles y los aspectos más relevantes del proyecto y de todo lo que estaba pasando dentro del edificio.

Mientras esperábamos la llegada de Ismail, tuvimos tiempo de recorrer un poco las salas, de conocer una cierta cantidad de voluntarios de diferentes partes del mundo, y de compartir los datos más relevantes de la historia de esta ciudad fuertemente golpeada por los conflictos que nos competen. Así, entre charla y charla, café, mate y té, fue que llegó el momento de conocer al personaje central de este capítulo, en quien recae la imagen de gran parte del proyecto del cine.

Ismail Khateeb hizo su aparición acompañado por una asistente que lo ayuda a organizar su vida diariamente y que además le hace de traductora, ya que él no domina fluidamente el inglés. Apareció con modos suaves y tranquilos, aunque expectante y algo distante hasta que despejó sus dudas sobre quiénes éramos y qué nos traía por acá. Introducciones, aclaraciones y explicaciones varias de por medio, el tipo se relajó completamente y accedió a pasar con nosotros uno de los días más inolvidables del viaje.

Lo primero que hicimos fue mudarnos hacia la terraza del edificio para realizar una entrevista personal donde nos relatara la experiencia que le significó el reconocimiento internacional, además de introducirnos a las características de la vida y a la historia de Jenin. Ismail aúna en su ser inteligencia, carácter, fuerza emocional y espiritual, y un dolor convertido en un mensaje mucho más efectivo que cualquier tipo de violencia.

Ejemplo de vida, Ismail Khateeb...
Toda la troop, incluida su asistente en la terraza...
Contando la historia...
Al resultar muerto su hijo de doce años en medio de un confuso episodio con un soldado israelí, Ismail decide donar sus órganos a varias familias israelitas, salvándole la vida de unos cuántos hijos de sus “enemigos”. Sinceramente no hay mucho que agregar, más que decir que para nosotros es un mensaje de elevado contenido espiritual, del que lo menos que se puede hacer es, intentar aprender, internalizar y reproducir.

Pasamos un rato largo indagando los pormenores y traduciéndonos mutuamente. Aquella terraza significó un momento de respeto, de admiración y de integridad pocas veces experimentado en mi vida. Una persona que hablaba a través de los ojos, lógicamente impregnados de dolor, pero al mismo tiempo fuertes, templados y amables. 

Me dio la impresión de ser una persona que a través de un acto de amor supo salvar su vida y además poner al descubierto la enfermedad de la represión, como del uso de la fuerza. Una historia entre escalofriante y esperanzadora, que me llevó a la conclusión que a las balas te las podés meter una por una en el culo y mientras experimentas el frío del metal penetrándote el ojete, pensar si sigue valiendo la pena tales actos de violencia, injusticia y abuso.

Panorámica de Jenin desde la terraza...
En el medio la traductora y asistente... Además, amiga y amiguita...
Cementerio de Jenin...
Luego de aquel momento cuasi sagrado en la terraza, Ismail se puso a toda la troop al hombro y nos llevó a conocer la intimidad de su hogar. Allí, además de agasajarnos con algunos bocaditos y tazas de café, nos mostró diarios y recortes que reconfirmaban todo su relato. Nos mostró fotos de su hijo y no tuvo reparo en agregar datos y elementos que consideraba de importancia para el documental. Su secretaria estaba en cada detalle de la charla y del entorno. Una musulmana simpática, jovial y llena de ganas de conocer el mundo. Se preocupó mucho por hacer que todas las situaciones se desenvolvieran como era de esperar.

Luego de algunas horas, y para finalizar formalmente el día de grabación, nos montamos nuevamente todos en su auto, e hicimos una épica recorrida por los recovecos de Jenin. Camino al mirador de la ciudad, nos relató minuciosamente historias de sus calles, y de algunos edificios destruidos por las balas que evidencian la ocupación israelita del 2002. Un espectáculo algo siniestro y bastante doloroso, pero que valió la pena mucho más que la pena. Una forma de tomar conciencia y también de luchar de la forma que podamos para que estas cosas no sucedan nunca más.

En el mirador... Relato de Ismail Khateeb en árabe...

Por eso le pedimos a todos los que hayan llegado a esta parte del post que miren el proyecto de Cinema Jenín, que compartan esta realidad a sus amigos y personas cercanas. Que nos tomemos un minuto y un respiro de todas nuestras banalidades diarias y que lo donemos a la toma de conciencia propia y ajena, para ponernos en el lugar del otro y tratar de no permitir y de presionar para que estas atrocidades se acaben.

Compartamos historias de amor real, compartamos integridad y compartamos responsabilidad sobre las cosas que pasan en un mundo que es de todos. Dejemos de sentirnos ajenos a lo que no pasa a cinco centímetros nuestros y demos el primer paso para cambiar las cosas. Tenemos que ayudarnos a pensar.

De nuestro lado sólo restó, luego de tanto día inolvidable, decir gracias con el corazón en la mano, comer uno de los mejores platos de humus del universo y aceptar un pedacito de carne cruda que nos convidó un árabe cuando supo que éramos argentinos. “Para que cuando vuelvas digas que en Palestina la carne también es muy rica”.

Relatando pormenores y pormayores de la historia...
Agujeros de balas por toda la pared...

Estación de buses en Jenin...
De Jenin nos fuimos con dos mil invitaciones a distintas casas en distintas ciudades palestinas, con un material tremendo, con la panza llena, el corazón contento y muchísimas cosas nuevas para reflexionar. Con un poco más de pena que a la ida, pasamos nuevamente el bendito puesto de control. Nos dejamos chequear, respondimos nuevamente las dos mil quinientas forradas de rutina y comenzamos una seguidilla de dedos que nos depositarían nuevamente en Yodfat.

La primera vuelta de este nuevo documental había sido mucho más que exitosa, por lo que antes de salir al ruedo nuevamente, decidimos que era un buen momento para estrenar unos disfraces de super héroes que habíamos encontrado en alguna caminata por las calles de Tel Aviv. Volver a Yodfat se sentía como volver a casa, hecho que quedaría demostrado luego de pasar un fin de semana interespacial. Hasta la próxima, cuando este blog tire la cámara a la mierda para ponerse a bailar... Un abrazo...


Fede... el incansable trabajador...

4 comentarios:

  1. Muy interesante tu blog...me encantaría poder viajar alla. Saludos!!!!

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    1. Muchas gracias. El lugar es hermoso. Si tenes la posibilidad no lo dudes... Abrazo...

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