16 feb. 2012

Amán, últimas horas en Jordania. Próximo destino, India...

Amman de postal...
Nos despertamos con la lógica pesadez del fracaso de la pretendida incursión a Siria, pero así y todo, hicimos un balance de lo que podía venir, y además de ser positivo, resultó absolutamente alentador, tentador y exquisito.
 
Una de nuestras amigas más cercanas, “La Rubia Olivera” anunció que estaría llegando a la India en menos de cuarenta días, estábamos sanos y salvos, y teníamos decidida la partida hacia un broche de oro para esta primer parte de Viaje por Asia. Para colmo de bienes, en nada más y nada menos que el nunca más esperado subcontinente asiático, lugar en el que nos estaban esperando momentos de gloria eterna, que justificarían con creces el forzado cambio de rumbo.
 
Así que dejamos nuestras convalescencias de lado, y nos aventuramos nuevamente a las calles de la chata capital jordana a ver dónde era que podíamos conseguir un pasaje bien baratito que nos depositara, en principio, en la ciudad de Mumbai. Caminamos un rato largo por todo el centro de Amman, y de a poco fuimos encontrando las oficinas de turismo, que para nuestra suerte se aglutinaban en no más de tres cuadras.


Entregados a los barrios y encuentros con amigos...

Nos llevó bastante tiempo sentarnos y charlar las opciones con todos los operadores de vuelos, ya que para matar varios pájaros de un tiro, no sólo nos dedicamos a incursionar en India, sino que por las dudas, también hicimos averiguaciones sobre Nepal, China, Burma, Thailandia... no fuera a ser cosa que hubiera alguna increíble promo y nosotros nos la perdamos. Pero nada de eso iba a acontecer, y luego de la exhaustiva caminata, quedó casi en un cien por cien decidido que nuestro norte estaba definitivamente en la India, entre indios y comida picante.

La ecuación que aún nos faltaba resolver era saber si resultaba más barato comprar dicho billete directamente en una oficina de turismo o por internet, por lo que entonces, hicimos la misma boludez de requisas, y nos encerramos en un cuartucho de algún cibercafé (en el que tengo que recalcar que aún se conserva el enorme placer de fumar cuanto uno quiera)... Por momentos muy pero muy sabios los musulmanes.

Árabe fumón buena onda...
Nada nos convenció. Los precios eran casi los mismos, dos euros más, tres dólares menos, las mismas aerolíneas, las mismas tasas, todo lo mismo, así que en algún momento decidimos introducir la solución salomónica y a su vez más acorde a nuestra filosofía: llegar hasta el aeropuerto, y una vez allí, ver qué pasaba. 

¡Ya fue esto de tanto andar dando vueltas deliberando no se cuánta cantidad de boludeces! Fede fue el que nos puso en alerta de tanto hueveo y dijo: “yo si es por mí, me voy ya mismo al aeropuerto y me tomo el primer vuelo más barato que encuentre”. “Perfecto Tony, tus frases sí que tienen sentido...”. “Vamos para el hotelucho a buscar los bártulos y que todos los dioses nos bendigan”.
 
Llegamos, juntamos las dos boludeces que estaban sueltas, le pedimos perdón al dueño del hotel por habernos pasado de hora, cargamos agua para el mate, robamos papel higiénico, jabón y juntamos todo bien empaquetado al hombro. Muchas gracias, todo muy rico, pero nosotros nos vamos al ojete. Bajamos las escaleras, respiramos la atmósfera musulmana por última vez, y le dijimos chau a la hermosura, entrega, fraternidad, arquitectura, mugre, y a esos eternos brazos abiertos musulmanes.

Nunca los vamos a olvidar y seguro que muy prontamente tendrán la incomodidad de albergar nuestros occidentales cuerpos por la zona nuevamente. “No se dejen seguir tocando el culo por el rey, ni por ningún otro hijo de puta que venga en su nombre, que nosotros ya tenemos dos experiencias menemistas en Argentina y no está para nada bueno... besos... nos vemos... Inshallah...”.
 
Llevame al aeropuerto...
Averiguar cómo llegar al aeropuerto tuvo los mismos inconvenientes de siempre: “que el bus sale de acá, que sale de allá, que no hay bondi, que sí...”. Dos mil preguntas más tarde nos subimos a un mini bus que tardó un rato largo en arrancar y que nos juró que se dirigiría hacia al aeropuerto. Nos encontramos con un musulmán viejito y bastante piola, que pedía dinero con la mayor de las insistencias y con el menor conocimiento del inglés que alguien puede ostentar. Totalmente imparable y desquiciado. Fue la mayor batalla contra mis ideales limosneros del viaje. En un momento ya quería una remera, un papel, una bolsa, o un anillo, algo se quería llevar. Muy concentrado y enfocado el señor.

Mientras todo esto sucedía el colectivo arrancó y empezó a surcar los supuestos dieciséis kilómetros que nos separaban del aeropuerto internacional de Amman, para luego de una hora de viaje por todos los recovecos y algunas varias autopistas, abandonarnos sin importarle nada, en una división en el medio de un campito. El atrevido encima señalaba que “para allá” era el aeropuerto, pero que el colectivo seguiría por el otro lado. Atrevido total.

Pelear hubiera resultado el desgaste energético menos efectivo desde que se intentó que EEUU respete el tratado de Kioto, así que nos dedicamos a caminar y ver qué carajo inventábamos. Por suerte, y como muchas veces ocurre, dios estaba atento a nuestra situación, y mandó al rescate un auto con un musulmán super pro, que al vernos no dudó en parar e invitarnos a montar en su corcél... para dejarnos exactamente en la entrada de la salida del país. "Gracias capo, nos vemos... sos lo más".
 
Entramos, nos acomodamos, Juli se quedó con los bolsos, y el resto nos fuimos a buscar las oficinas de las compañías a ver qué onda con los pasajes. Dimos la mayor cantidad de vueltas que alguien dio en un aeropuerto en su vida, persiguiendo otras tantas explicaciones de muy dudosa consistencia, que jamás nos guiaban hasta las oficinas de las aerolíneas, pero que sí nos hacían dar vueltas en círculos como disminuidos mentales. En un momento, justo cuando estábamos al borde de la locura, descubrimos que las oficinas estaban adentro del sector de embarque. "¿Soy yo o esto es de otro mundo?"...

Check in en el aeropuerto de Amman...
Ahí comprobamos que a la palabra oficinas le sobraba una S, ya que la única que había en el aeropuerto era la de la aerolínea nacional jordana “Royal Jordanian”. “Qué pérdida de tiempo querido, ¿y ahora que hacemos?...”. “Rogar que haya internet en el aeropuerto, sino andá preparando la vuelta a la ciudad a sacar los pasajes"

Dios... por suerte siempre está alerta. Mandó señales inalámbricas binarias (y no tanto), y nos salvó por millonésima vez el culo. Además de las señales inalámbricas de conexión mundial, metió un combo que venía con una oferta de vuelos reducida para la mañana siguiente, para la que sólo faltaban unas diecisiete horas, pero que nos ahorraba entre los tres, la fantástica suma de cien euros. Gracias dios... Sos lo más, seguí portándote bien...

El día, luego de conseguir que las tarjetas sean aceptadas y los vuelos queden confirmados, lo pasamos cambiando monedas egipcias por comida, revisando si quedaba algún dólar en la billetera para cambiar por comida, y robando restos de comida de quienes abordaban. Además, nos turnamos para usar la internet gratuita del aeropuerto, para darles a nuestros padres la gran noticia que no nos habían dejado entrar a Siria, y de paso, escuchando a un loco que trabajaba en un bar, que repetía sin parar lo mal que su jefe lo trataba, pero que había llegado el día y que “tenía preparado un regalo para él”.
 
Lo decía con cara de asesino, hasta que algún momento lo puso sobre la mesa, y nos terminó contando que sus amigos o no sé quién carajos, o lo iban a matar, o lo iban a golpear. “Mirá loco, nosotros estamos hasta los huevos de extremismos, peleas, guerras y tales”. “Te recomendamos no hacerle nada porque te vas a meter en un quilombo, mejor renunciá y buscate otro laburo”...


Una carita parecida a esta...
Por suerte en algún momento terminó su turno de trabajo, vino a saludar y se fue. Para ese entonces ya me había empastado para llegar al vuelo tranquilo, ya que volar es lo peor que me puede pasar en la vida. Mientras caminaba lleno de droga en sangre por todo el aeropuerto, Juli hacia anotaciones en árabe, y Fede dormía tirado en el piso, como si fuera la cama más cómoda del mundo.

Llegó el momento de embarcar, pero nos esperaba un último quilombito. La cara de Federico en el pasaporte es mucho más de extremista de algún ente mete bombas, que de argentino natural de Saavedra, por lo que tuvimos que dar muchas respuestas, y verificar nuestras firmas y procedencias en el sucucho de migraciones; lugar en el que se cansaron de pedirnos perdón, pero donde casi nos hacen perder el avión. Tuvimos que explicar porqué tanto sello, y porqué no nos habían dejado entrar en Siria, y porqué nos íbamos a la India, y no sé cuántas cosas inexplicables más.

"Mohammed Marcellinovich"...
Al final nos dejaron abordar y la historia en tierras musulmanas llegó a su fin... Yo ya tenía encima dos pastelas que me habían dejado mucho más tonto de lo que soy. El trasbordo de avión en Qatar quedaba entonces en mano de los valientes del grupo, quienes guiarían mi gomoso cuerpo por los pasillos del edificio... Hacia la India señores... A extasiarnos con el sabor de lo permanente. Un abrazo a todos y muchas gracias por estar...


Ultima postal de Amman, Coliseo romano...

2 comentarios:

  1. Genial leerlos, La cara de Fede es increible!
    Pablito afloja con la pasta!
    Besos!!

    Lau

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  2. No puedoooo toy bloqueadooo con el aire... igual viajo... empastado pero viajo... Fede tiene mucha cara de Locovich la mayor parte del tiempo!!... Besotes Lau!...

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