11 mar. 2009

América en Bedford - Argentina (saliendo)

En rutas argentas, excitados y marchando...
Creíamos que habíamos dejado al titán listo y preparado para aguantar casi todo lo que viniera. Aunque internamente sabíamos que esto absolutamente falso, y que sólo las constantes alucinaciones de nuestros maltratados cerebros, podían convertir ese acto de fe en una realidad, arrancamos y pusimos primera con la firme convicción de que por lo menos hasta Colombia no parábamos. Por ende, así fue como muy rápidamente nos empezamos a dar la cabeza de lleno contra la ruta y tuvimos que reconocer que existía una buena cantidad de variables, que no habíamos contemplado seriamente a la hora de salir a rutear América de la mano este "tío" fiestero de casi seis toneladas de puro hierro.

A menos de cien kilómetros de Capital Federal comprendimos e interiorizamos por primera vez, porqué la inconciencia y la temeridad son una excelente combinación a la hora de lanzarse a este tipo de emprendimientos. Con los "Ramones" sonando a todo trapo, la sonrisa tatuada en la cara, y una felicidad que iba de mayor a mayor, presenciamos el primer congelamiento de imagen del mundo (el primero de un millón subsiguientes), al corroborar a través del espejo retrovisor, que un aro del rodamiento trasero efectivamente se había soltado y estaba volando hacia el medio de la ruta. “A la pucha... ¿Qué fue eso?... Pará, pará... mejor pará y chequeemos ese hierro, que al parecer salió volando de las ruedas del titán”.

Repito y reflexiono: cuando a menos de cien kilómetros de comenzar el viaje, y aún faltando algo así como veinte mil más para volver, se vuela un pedazo de camión que creímos llegaría sin sobresaltos hasta por lo menos Centroamérica, la aventura comienza a ser un poco más real, y rápidamente se cae en cuentas que: con un Bedford modelo 1964, escasos conocimientos de mecánica pesada y una falta total de experiencia en el trato que un mastodonte de esta naturaleza necesita, íbamos a tener que ejercitar varias partes del espíritu, que hasta aquel momento de nuestras vidas habían permanecido profundamente dormidas.

Mariano “El Cabe” Palmisciano solucionando problemas mecánicos en tierras salteñas...


Así, sin tanto esfuerzo, el titán nos arrancó de raíz todo nuestro egocentrismo, y sin escalas se transformó en el primer actor y evento principal del viaje. Nos bajó a fierrazos limpios a la siempre cruel realidad, afirmando que en la vida nada es tan gratis como parece, y que si queríamos que nos lleve y nos traiga de esta largo viaje, le íbamos a tener que prestar mucha más atención de la que pensábamos, e íbamos a tener que aprender a mimarlo y consentirlo en todas sus mañas y antojos de viejo lobo.

Para completar, si algo le faltaba a nuestra meteorítica caída a tierra, fue toparnos luego de aquel primer arreglo, con un lomo de burro seguiro por un pozo, que básicamente rompió todo el sistema de agua de punta a punta. Desde el radiador, pasando por el ventilador, espárragos de bomba de agua y bomba de agua inclusive, no quedó un solo pedazo sano... Todavía no habíamos superado la barrera de los seiscientos kilómetros...

Primer gran rotura - relatando los hechos...

Pero como "no hay mal que por bien no venga" (frase que representa uno de los primeros aprendizajes espirituales y ejercicios ruteros del viaje), a cambio de roturas y "tomas aceleradas de conciencia" del aparato que estábamos manejando, empezamos a descubrir algunos de esos mundos de los que uno desconoce por completo su existencia... como a perfumar y ambientar nuestra realidad con esos olores y conexiones del alma que duermen y reposan en las profundidades de la práctica del ser. En este caso, el primer mundo nuevo que descubrimos en América en Bedford, fue lo que apodamos el “mundo camión”.

Radiador afuera y noche larga…
No hay mal que por bien no venga...
El “mundo camión” lo puedo resumir en dos canciones que por largos tramos se apoderaron de los momentos musicales del viaje, y que a partir de allí quedaron para siempre surcando los vericuetos de mi memoria. El primero es “Cacho” del señor Alfredo Casero; y el segundo es “Del Camionero”, tema perteneciente a Hermética, banda metalera que marcó los finales de los ochenta y comienzos de los noventa en ese ambiente musical en Argentina. Los dejo abajo por si a alguien le interesa escucharlos y compartir el sentimiento del que estoy hablando. Cada uno a su forma pone al descubierto sensaciones en común relacionadas con los camiones, las rutas y las banquinas.





El “mundo camión” se resume esa profunda confianza y complicidad que existe entre quienes casi clandestinamente viven su día a día en las rutas, llevando mercancías de todo tipo de un lugar a otro. Son los "tacos de madera" para asegurar que las toneladas de peso no se muevan libremente, es la infaltable “barreta” multiuso, el rugir del motor esforzándose para llevarte un poco más allá. Son esas banquinas que te juegan malas pasadas y los altos al atardecer bajo alguna amable sombra de algún árbol que te acobija. Es la sensación de sentirse uno con el camión y la solidaridad que nace del sentimiento en común entre los sentidores de estas sensaciones.

Es el obligatorio olor del amanecer y esas frescas horas que amortiguan la fatiga del motor; son las distancias a vencer, la mística y la soledad rutera... y en definitiva y especialmente para nosotros, ese brillo que se adquiere cuando se es capaz de entregarse de cuerpo y alma a algún tipo de sueño para hacerlo realidad. El “mundo camión” fue un código nuevo, una realidad plena que se abrió ante nosotros en paradores y talleres mecánicos a los que tuvimos el inmenso honor de conocer por las rutinas de nuestra hermoso emprendimiento.

El corazón de nuestro Bedfy y sus mil vericuetos…
Representantes destacables y grandes anfitriones de este mundo nuevo fueron: el “Peca”, quien nos dio las claves para burlar los controles ruteros de rutina. “Virola”, Julio y Coco, quienes nos apadrinaron y nos dieron todos los consejos que nos salvaron de salir volando por la pre cordillera de los Andes en la cuesta de Lipán. Gente con sus corazones prístinos y honestos. Y por último, nuestro mecánico de turno en Salta, el gran “Soruco”, quien por casi nada de dinero y con una onda a prueba de balas, nos ayudó a ajustar todo lo necesario para pasar el exámen de la VTV (verificación técnica vehicular), en la cual ya nos habían rebotado por todo concepto. Este insondable “mundo camión” nos acompañaría de principio a fin en nuestro viaje, y lo iremos ampliando y retratando a medida que aparezcan nuevas roturas y avancemos en la recorrida que haremos a través de los países del viaje.

El "Peca" y la banduzca...
De trompa a la ruta...
Ya con el viaje un poco más avanzado entonces, y gracias a estos primeros estímulos, nos empezamos a despreocupar rotundamente por las formas, las apariencias y varios de los "códigos sociales" imperantes. Empezamos a vivir constantemente llenos de grasa, sucios y envueltos en problemas de todo tipo y a toda hora. Nos entregamos a una sana y hermosa fumata, y al consumo deliberado y perpetuo de cerveza. A cambio de ello, fuimos obteniendo en escalas ciertamente sublimes, una sensación de libertad que hasta aquel momento no conocíamos, y a la cual me volví particularmente adicto, como el heroinómano a la heroína, como el primer amor... así de fuerte y determinante. Fuimos aprendiendo a disfrutar con lo que hay, sea un pedazo de pan o tres kilos de tira de asado; ya sea al lado de la ruta esperando a que alguien nos remolque, o en plena travesía sintiendo que llegábamos a algún destino elegido. Buscando repuestos en sitios en que no existían, eludiendo el pago de coimas a la policía rutera, o contemplando algún memorable e indómito paisaje.

Aparecieron nuevos conceptos como “el imponderable”, ese "picante contratiempo" que uno no podría preveer aunque se sentara a pensar diez años, y que de paso y como quién no quiere la cosa, además arruina los otros dos mil cálculos y todo el resto de las previsiones que uno hace para evitar contratiempos. Una energética inmaterialidad que podríamos tildar de nefasta y que solamente se hace manejable a base de acumulación de experiencia, pero aun así, nunca manipulable ni abarcable en un cien por cien. Y hagas lo que hagas e intentes lo que intentes, siempre va a seguir apareciendo para ponerle sal, pimienta y acción a la vida. Eterna variable que ahonda en el infinito ejercicio de conservar la paciencia del alma, al que hay que saber entregarse y aprender a reír.

En términos de convivencia, en algún momento empezaron los problemas, los malhumores, las ansiedades individuales, las ajenas, las necesidades, las miserias y las virtudes de todos y cada uno de nosotros. En este plano fue en el que más tuvimos que trabajar durante todo el recorrido, y contemplando a la distancia, hoy me atrevo a afirmar que fue en el que más crecimos una vez finalizado el viaje. Aceptación, respiración, empatía, errores y aciertos emocionales. Fantasmas de cuatro personas en escasos metros cuadrados, que por momentos sobrevolaban los vericuetos de “Bedfy” a altas velocidades, manifestándose libre y cruelmente ante los demás. Sublime ejercicio para la templanza y un gran soporte para la aceptación de la propia estupidez.

No estoy muy seguro de que lleguemos…
La introducción de un nuevo amiguito imaginario: “La mano negra”, fue uno de los inventos más necesarios y una de las conclusiones más chistosas de estos procesos de convivencia. Ese sexto acompañante en discordia, que se hacía responsable de los hechos "incomprobables" de los que ningún tripulante se quería hacer responsable. La invocábamos principalmente en los momentos de "pérdidas" o "desapariciones" de elementos en común adentro del bondi, entre los que podemos enumerar: estimulantes naturales, comidas reservadas para más tarde... y elementos de distinta naturaleza, que al desaparecer, terminaban deteriorando los diferentes humores personales.

La creación e inclusión de este imaginario fetiche, fue también la salvación para evitar largos cambios de puteadas directamente a la cara, por risas resignadas, las cuales admitían jocosamente la posibilidad de que en algún momento todos íbamos a ser protagonistas de algún tipo de “desaparición”. Una ayuda para la flexibilización de la convivencia y un elemento en el cual depositar algunas pequeñas frustraciones. Si nadie se hacía cargo del problema, con seguridad la responsable era la “Mano Negra”.

En cuanto a lugares visitados debemos destacar: Santa Fe, Santiago del Estero, Salta y Jujuy, y si hacemos un poco más de zoom, Salto Grande, Fernández, Purmamarca, Salta capital, San Salvador de Jujuy, Susquesb, además de multi-espacios ruteros desolados y perdidos en el tiempo, que posiblemente carecen de nombre o rótulo, pero que muchas veces merecen más el tiempo que cualquier atractivo turístico de mucho renombre.


Un Bedford a lo lejos coloreando el paisaje de Purmamarca...
Hay que aclarar que Argentina, para casi la totalidad de esta troop, era un país muy recorrido, y que a pesar de su hermosura e infinitos lugares para re descubrir y re recorrer, no envolvía la mística a la que estábamos intentando lanzarnos. De cierta manera ocurriría lo mismo con Chile, del cual solamente elegimos recorrer por escasos días la parte más al norte.

Todo este delirio al que los estamos introduciendo, sumado a las primeras experiencias que les estamos relatando, fueron de alguna manera la base química que comenzó a emerger libremente de la nebulosa de la vida, para ayudar a descubrir la codiciada fórmula de la felicidad constante, consistente e independiente de factores externos. Estas primeras reacciones químicas empezaron a alumbrar el camino hacia esa máxima que esgrime que: "la felicidad es una elección en donde se asientan el resto de las emociones y sentimientos de la vida", verdad que requiere de mucha práctica, y de otra gran cantidad de variables que solamente la experiencia y la apertura al destino empiezan a develar. Se empieza a dejar de desear de a poco, y de a poco también, se empieza a poner en práctica el hecho de solamente dedicarse a disfrutar... con lo que toque.

Muy amparados por la vida entonces, encaramos el cruce de la frontera con Chile por el “Paso de Jama”, ubicado a 4200 metros de altura, a los que llegamos luego de un ascenso con interminables horas de apunamiento y de nerviosismo; a no más de diez kilómetros por hora, observando cómo, inclusive las bicicletas, eras capaces de adelantársenos y hasta saludarnos por lo curioso de nuestro camión. En la aduana Argentina conocimos a Ricky, un escritor sudafricano, la primera persona que nos encontramos autóctono de un país que nos marcaría excesivamente en los años venideros.


El equipo llegando a la primera frontera del viaje...
La banda del Bedford con Ricky...
Para seguir sumando esperanza a la convicción, mientras íbamos ascendiendo por la Cuesta de Lipán, nos cruzamos con los "alientos" del camino, y nos encontramos con frases muy llamativas, inscriptas en las rocas del costado de la ruta, que literalmente decían: “Persigue tu sueño”, y luego, “Sigue soñando”. En la plenitud de aquel momento, además de sentir que las rocas hablaban, a mi estimulado cerebro le gustaba pensar que eran obras de alguien que había realizado la misma aventura anteriormente, quizás en algún camión de las características, y dejó esos mensajes, con el fin de alentar a los que vinieran detrás a no perder el aliento... El lugar elegido era infinitamente significativo...

Claramente fue muy funcional a nuestros estados de ánimo y de salud disminuida. Un aliento es siempre un aliento, y está muy claro que está tan bueno darlos, como recibirlos. Entonces que todo este escrito sirva también para quienes necesiten un aliento para lanzarse a la ruta. No lo duden... la vida proveerá... generalmente suele ser muy generosa. Esperamos que hayan disfrutado las primeras imágenes de aquel primer país, nuestro propio país, en el cual fuimos aprendiendo los "yeites" de la ruta y del insondable y eterno “mundo camión”; ambos portadores del enorme caudal de conocimientos con los que fuimos alimentando nuestras vidas y nuestros primeros pasos continentales hacia una felicidad ciertamente muy genuina. ¡Salud! Nos vemos en Chile...
Complicaciones para Bedfy...
Cerro de los siete colores, maravilla Argentina...
Espacios ruteros desolados, atravesando un campo de llamas…

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