6 jun. 2010

Blantyre, una óptica desde Chilobwe y sus plantaciones de maíz...

Perspectiva Chilobwe...
Para llegar a la casa de Gift hay que viajar quince minutos en una shapa, desde el epicentro de la ciudad de Blantyre hasta que termina el recorrido en alguna parte de la periferia. Luego hay que bajar y caminar calles de tierra que serpentean colina arriba entre infinitas cantidad de puestos de comida, carbón, celulares y otros elementos no identificados. Se ven algunos niños jugando en el agua estancada, gente acarreando agua potable en grandes baldes, o gente mascando pedazos de caña de azúcar. El tiempo no se mueve.

De la nada aparece una imponente cancha de fútbol, una iglesia del horror impuesta, y algunos "proper" rastas fumando y vendiendo porrito. Todos exhiben tibias sonrisas y un acentuado buen humor. Del paisaje sobresalen una buena cantidad de hornos para "cocinar" ladrillos de construcción. El entorno está en su totalidad adornado por interminables plantaciones de maíz. Casi todas las personas que uno se cruza, trasladan bolsas y otros objetos sobre sus cabezas. Una imagen muy linda y fresca del África del sur.

Una de las tantísimas plantaciones de maíz...
Malawi apareció ante nuestros ojos como el África profunda de la imaginación, con cierto olor a sumisión, y en estado desnudo y primitivo. A pesar de ello, no es la imagen de los chicos llorando y la panza hinchada por hambre. Es un estado que tiene que ver mucho más con lo primitivo, o con la simpleza, que con la carencia. (En este punto quiero hacer la salvedad de que esas supuesta "carencia" subyace en nuestra propia visión del entorno y no en la que tienen de los habitantes del lugar. Con esto no quiero decir que no exista en cierta forma, pero sí que en Malawi la viven de una manera totalmente distinta y distante a como podríamos experimentarla nosotros. Es otro concepto de tiempo, espacio y desarrollo, que transforma absolutamente las nociones de vida, bienestar y felicidad).

Iglesias en construcción...
Puesto de verduras frescas...
Estación de minibuses...
África... siempre África...
Pescado seco al sol...
Apenas pusimos el primer pie en la casa de Gift nos pegamos las neuronas de frente contra un flash cósmico y contra varias señoras sentadas en el piso charlando en "Chichewa", que sin conocimiento del inglés u otra forma de comunicación útil para nosotros, estaban como pintadas, tridimensionalizadas, e insertas en un medio ambiente que nos remitía a algún tipo de pasado lejano... y que además, nos miraban como a extraterrestes aformes.

Ya no se trataba de blanco, negro, amarillo o rojo, sino que se trataba de mutantes interplanetarios que llegaron vestidos con ropas interplanetarias, cosas en las espaldas y zapatillas de color blanco. Como si fuera poco hablando un idioma de otro planeta y sin saber qué carajos están haciendo acá. No se pueden imaginar para colmo, la amabilidad y la sonrisa con la que estos hermosas y simples personas nos recibieron.

En medio minuto teníamos asignadas las camas, preparada la ducha (con baldes) y la comida en marcha para cuando termináramos de acomodarnos. No podíamos salir del estado de perplejidad, y en algún momento hasta tuve miedo de que se transforme en hemiplegidad. Tremendo es poco. Otra vez con casa, compartiendo el espacio con chilobweños, respirando su cultura y mejor atendidos que en un hotel. Gracias.

Foto al paso...
En el patio con la familia de Gift...
La madre de Gift...
Interesantes días e intensas noches se repitieron sin descanso en nuestra estadía en la ciudad. Mientras solucionábamos problemas con los pasaportes, la plata y las comunicaciones, nos perdíamos en vertiginosos e interminables paseos por los mercados, calles y recovecos... Casi sin notarlo, nos fuimos mezclando con la rutina y simpleza que Blantyre tiene para mostrar. Agarrados a la mano de Gift y de su hermano menor, y yendo de Chilobwe al centro y del centro adonde sea, transcurría nuestra nueva vida entre una llamativa armonía que acentuaba la felicidad.

De paseo con Gift...
Relevante resulta destacar la visita al estadio de fútbol de Blantyre: "Kamuzu", a presenciar un partido entre las selecciones nacionales de Malawi y Mozambique. Para empezar adentro del estadio éramos en total tres blancos, hecho que motivaba que en determinados momentos la gente dejara de ver el partido para mirarnos a nosotros. No se puede creer que les llame tanto la atención a los negros, ver gente de raza blanca. No sé exactamente qué es lo que les pasa, pero sé que al menos en Argentina, la gente no se da vuelta toda al mismo tiempo en un estadio de fútbol por el sólo hecho que entren tres negros. Y la historia tampoco termina ahí.

Luego que te miran fijamente por un rato, se te acercan, te bailan, te cantan y hasta te tocan el ombligo. Sin maldad seguro. Quizás con ingenuidad, quizás con atrevimiento, pero sin un atisbo de maldad. Aparecen los borrachos, los alegres, los curiosos, pero nunca los malos, que a esta altura me atrevo a decir que no hay. La hinchada parece estar más en una fiesta de egresados que en un partido de fútbol de selecciones. Da la impresión que no les importa demasiado quién gane o quién pierda. Comen maní, choclo y se toman alguna gaseosa mientras bailan y gritan radiantes. El partido finalmente terminó tres a cero para los locales y se tranformó en una experiencia inolvidable.


La hinchada festejando...
Kamuzu Stadium...
La popu...
Malawi - Mozambique...
Por lo demás, Blantyre es una ciudad rara, bastante anárquica, y aunque también carece de agua corriente en muchas zonas, de baños y varios de los aspectos más básicos relativos a la sanidad, es bastante menos sucia que la mayoría de las ciudades Mozambicanas. La gente es extremadamente tranquila y los niveles de consumo de alcohol bajan llamativamente en comparación con Mozambique. Lamentablemente uno se topa con mucha religión por las calles, y por consecuencia, con un alto índice de sumisión e ignorancia. Carece de identidad propia, asomándose desde sus rincones, esquinas y principales centros financieros, los rasgos más sobresalientes del colonialismo Inglés.

En fin, Blantyre nos recibió con los brazos abiertos y nos dio el primer gran aliento y empujón de confianza que se necesita al entrar a un nuevo y desconocido país. Muy contentos y felices por todo lo compartido con Gift y su familia, pusimos el ojo en el mapa nuevamente y decidimos que nuestro siguiente destino sería una pequeña bahía aledaña al lago Malawi. Monkey Bay entonces, apoyado en una incisiva fama de lugar paradisíaco, se convirtió en nuestro nuevo norte... Allí nos veremos nuevamente. Hasta entonces y gracias por leer.

Una rápida miradita a Chilobwe...

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