8 jun. 2010

Zambia, frontera y una pronta llegada a Mfuwe...

La caída del sol llegando a South Luangwa National Park...
Confieso nuestros pecados una vez más: nos fuimos de nuevo sin pagar. Teníamos el efectivo justo para salir de la ciudad y quizás para comer algunas naranjas. La decisión fue tomada conscientemente y debo decir que no me lo enseñó mi vieja. Nos inclinamos por utilizar la archiconocida técnica de “me las tomo antes de las cinco de la mañana cuando nadie se aviva”. Sin orgullo, pero con mucho huevo, nos levantamos e hicimos un trabajo silencioso hasta empacar las cosas, abrimos la puerta con un sigilo sin precedentes y nunca más se volvió a escuchar de nosotros en el hostal.

Todavía era de noche. Enfilamos derechito para la terminal. Además de Charlotte, que ya nos estaba esperando, encontramos un huevito del horror (o mini van, como prefieran llamarle) que estaba pronto a partir hacia la ciudad de Chipata, por lo que peleamos un rato el precio, aseguramos la comida del viaje con la rebaja, y nos metimos dentro a esperar que la catramina se llenara. Luego de un rato el evento sucedió, se cerraron las puertas y arrancamos hacia la fronteriza ciudad.

El viaje hasta la frontera duró unas dos horas y media. Lo que tuvimos que maniobrar para hacernos del dinero para pagar el costo de la visa no tiene precedentes. La plata para las visas la tenemos siempre separada, asegurada y guardada en euros o en dólares, pero nunca tenemos ni los euros, ni los dólares suficientes, por lo cual terminamos en casas de cambio viendo que maniobra podemos hacer para no perder plata o no pagar. Esta vez nos terminaron salvando tres dólares en billetes de uno, que Juli tenía guardados en su billetera desde el viaje por Latinoamérica... En fin...

Al estrés de la guita por favor no se olviden de sumarle a los duendes mutantes que te persiguen por todo el predio fronterizo e intentan cambiarte distintas divisas por numerosas otras, y que saben los dos mil y un truco para recontra chorearte. Las fronteras son un flash divino. Territorios de ilegalidad absoluta que graciosamente son mantenidos y corrompidos por policías y crápulas lugareños. Zoológicos que ostentan burocracia y legalidad dentro de las oficinas, y anarquía y clandestinidad en las afueras... tema para un doctorado...

Por suerte pudimos adquirir el ticket de entrada a la fiesta, nos sellaron el pasaporte y quedamos listos para decidir hacia dónde corchos nos dirigiríamos. La suerte nos pasó otra vez por delante, ya que al primer vehículo que vimos lo encaramos con el dedo al viento y nos levantó. Así fue que conocimos a ésta pareja de amigos anglo-americana con los que en primera instancia íbamos a viajar hasta Chitipa, la primer ciudad del lado zambiano, pero quiso el destino que se estuvieran dirigiendo sin escalas y en una 4x4, hasta uno de los lugares más recomendados de Zambia, el South Luangwa National Park, a metros de la aldea de Mfuwe, lugar al que finalmente arribamos ya entrada la noche.

Super camioneta...
Durante el periplo hicimos una parada para intentar hacernos de unos billetes zambianos, pero nuestras cuentas no funcionaban o no tenían un mango, por lo que tuvimos que desprendernos de un par de euros que teníamos en cambio, y esperar y ver si en alguna ciudad o lugar podíamos conseguir algo más para sobrevivir los subsiguientes días.

El camino hacia Mfuwe es tremendamente horrible en términos estructurales. Parecía que íbamos dentro de una licuadora. Por varios períodos sentí que se hacía imposible no vomitar. Por suerte al loquito se le dio por parar a meternos un pedazo de pan y un jugo para rehidratarnos y aguantar el último tirón.

En el parador conocimos a un maestro de la zona que preguntó por un aventón, con el que compartimos el placer de viajar por algo así como una hora. En ese lapso tuvo la oportunidad de relatar algunas historias e introducirnos a los códigos más básicos del medio ambiente. Lo recuerdo señalando y describiendo cada cosa que iba apareciendo en el camino. Antes de bajarse, nos dio alguna indicación final y se perdió en los confines de una mini aldea.

En el camino...
La famosa cama mochilera...
No pasó más de otra hora y media, y por suerte nos vimos entrando a Mfuwe. La bienvenida nos la dió un atardecer lleno de colores y matices de vida, casi como un preámbulo y muestra gratis de la maravillosa surrealidad que estábamos a punto de vivenciar. No teníamos idea aún de dónde estábamos, ni lo queríamos averiguar. El loco encaró directamente hacia un lugar llamado Flatdogs, donde pronunció la última frase que escuché salir de su boca mientras nos dirigíamos a la recepción: “Este es uno de mis lugares preferidos en el mundo...”. Pensé: “¿cuántos lugares del mundo conocerá?”. 

Agarramos nuestros bártulos y empezamos a caminar con un desconocido que nos hizo de guía para meternos en uno de los lugares más flasheros de este viaje continental. Bienvenidos a South Lwangua National Park... y hasta la próxima...


Figuretti Facha...

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