5 jun. 2010

Mozambique sin rumbo... la batalla final... Segunda parte. Chimoio...

Bienvenidos a nuestro mundo...
Una vez que amanecimos en Chimoio, ¡bah!, que cambió el día, (ya que a lo que a lo que nosotros respecta pasamos la noche en medio de una intensa batalla mundial contra los mosquitos y la malaria, en donde perdimos varios litros de sangre y toda capacidad de buen humor), solicitamos muy amablemente un poco de agua caliente para rehabilitarnos con unos mates. Intentábamos juntar alguna fuerza para pensar y dilucidar adonde cuernos íbamos a ir a parar. Entre tanto, apareció el jefe del departamente de bomberos, quien de alguna manera solemnizó y disciplinó un poco la mañana. 

Llamativas resultaban las condiciones de sanidad (o más bien insanidad) del cuartel, que eran acrecentadas por una muy bizarra televisión, que vociferando sobre un tendal de mugre acumulado durante alguna incalculable cantidad de tiempo, anunciaba que en África muere un niño cada treinta segundos por malaria. Me tembló un poco el culo con el dato, y cuando me estaba dando vuelta para ver si efectivamente me había despresurizado, me topé con la imagen de un bombero calentando agua en jarras eléctricas, que eran para que el jefe se bañe. Flasheé... el mundo se paró y se me trabó la cabeza entre el dato de las muertes, la insalubridad, y el agua caliente para el baño del jefe... metí mucho cooler e intenté continuar...

Volví al mundo real, planté sonrisa, lo ví al gordo Árenzon poniendo onda al ambiente a lo loco, y salimos con tuti a ver qué pasaba por las calles del pueblo y adónde encontraríamos el siguiente lugar para dormir. Ya en la calle, no nos paramos de morir de risa de la anarquía del mercado, ni de la cantidad de gente que nos ofrecía cosas, ni de la mutancia extrema por toco concepto de la ciudad. Decididamente lo máximo que habíamos visto hasta el momento, y a su vez, la confirmación que estábamos muy bien curtidos de Mozambique, y hasta nos podíamos dar el lujo de reír. (Claro está que es el tipo de risa "mecanismo de defensa").

Empezamos a preguntar desde cero, e increíblemente y para nuestro asombro, no pasó de la tercera indicación, que ya estábamos enfilando con mucha seguridad hacia un posible "zucucho guarida último modelo". Nos abrimos paso entre mercaderes, personas a las que no se les entiende lo que quieren, y algunos otros especímenes terrestres no identificables, hasta que logramos llegar a nuestro siguiente cuartel general, un secuestro horroroso llamado: "O Padrinho".

O Padrinho, como todo sucucho de última, cuenta con precios accesibles, minúsculos diría yo, pero como contracara, no tiene agua corriente... y de ahí para abajo. Lo único que tiene O Padrinho para enorgullecerse es gente escabiando las veinticuatro horas y el mismo cd de música dando vueltas durante otras ocho. Los mosquitos son mayoría por afano y el olor a humedad de las paredes puede causar pesadillas persecutorias, agitación y taquicardia.

El Padrino mozambicano...
Comunidad Argento-Mozambicana...
Ese predio inmemorable...
Que graciosa que es la vida en Chimoio y que bueno realmente es estar viendo todo lo que estamos viendo. Cuando uno se anestesia de los estímulos más sobresalientes que lo rodean, y logra, a pesar de la anarquía circundante, moverse centrando la atención en las capas inferiores del cuadro, la vida toma otra forma. Es como un photoshop falopa de la realidad, en el que uno pone y saca las capas a su antojo, y la escena produce sentimientos absolutamente encontrados, que deben convivir obligatoriamente en todo segundo, pero que no se pueden integrar en un solo formato. Los movimientos más inverosímiles de una multitud, las risas más contagiosas, las penas más grandes, todo luchando con un estado de realidad totalmente inmanejable y por momentos hasta inentendible. Los Mozambicanos son unos capos, y a este país hay que volver siempre. Punto final.

Los días los utilizamos para seguir escribiendo y conocer lo más posible. Ya habíamos sacado largamente la ficha de que no hacía falta preparar ninguna excursión, ni caminata. Lo único que teníamos que hacer para conocer la gente y la idiosincrasia era tratar de vivir. Comprar comida, conseguir buenos precios, hablar con la gente para saber dónde se consigue tal cosa, dónde está tal otra, y casi sin quererlo y paveando, tocaste a un sinfín de locos que ya te dieron la gran primera pauta idiosincrática. Es sin dudas, uno de los mejores juegos del mundo. Desgastante... clarísimo, pero muy divertido y muy estimulante.

Cómo serán de diferentes los mozambicanos que uno se nos largó a llorar porque vió que le sacamos una foto mientras estaba sentado tomando una cerveza. Tuvimos que consolarlo, mostrarle la foto y explicarle que no era nada personal. Un zambiano que miraba la situación se le moría de risa en la cara. En fin, así fue como en este pequeño pueblo con nada turístico para mostrar, pero muchísimo contenido humano para descifrar, pasamos algunos días dejándonos chupar la sangre por los mosquitos, escuchando el mismo cd de música sin parar, trabajando, y conviviendo con la gente de "limpieza" (Ivone), el cocinero (Gabriel), el dueño del lugar (Mashinga), todos los que venían de paso y los quinientos borrachos que circundaban el hostal.

Sombra y birra...
Por las calles de Chimoio...
Birra de día, birra de noche...
En algún momento fuimos decidiendo que era hora de partir hacia Tete y encarar la frontera con Malawi. Un poco más de un mes resultaba suficiente al momento en Mozambique. Teníamos ganas de ver qué hay más allá. Estábamos por suerte muy bien ubicados, ya que en frente del sucucho en cuestión, paraban todos los monstruos rodantes antes de salir de la ciudad. Ahí nos vamos a probar suerte para ver nuevamente qué destino nos toca tentar... Hasta la próxima y gracias por acompañar...

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