10 jun. 2010

Harare, una ciudad de la hostia, pase y vea...

Estación central de trenes en Harare...
Llegar a Harare de noche es una experiencia fuera de lo normal. Aunque supone adentrarse en la capital del recientemente dolarizado país, sus movimientos, su urgencia y su sensación, no son la de una capital común, ya que vive a paso sensible y mucho menos veloz que lo normal/standard. Una ciudad limitada por el miedo, la desazón e impotencia de una guerra civil que la mutiló, y un presidente algo cuestionable y perpetuado en el poder... pero que también pisa el acelerador con orgullo y esperanza de lo que está por venir. 

La percepción de esto que escribo está claramente condicionada por el hecho de haber arribado a Harare en la semana de su trigésimo año de la independencia, hecho que mantenía a su gente excitada, bajo un sentimiento nacionalista y narcotizado que contagiaba a cada paso.

El centro de Harare...
De mayor a menor en la estación central de buses...
Avenidas y color...
Pensé en Argentina y en el festejo del bicentenario, hice una breve comparación, y no sé porqué, ni si es verdad, pero entendí el lugar y me apoderé de su esencia. Millones de ideas que me hubieran llevado una vida elaborar, aparecieron en un segundo resueltas en mi cabeza.

Esos momentos raros en que boludeces que andan sueltas se unen y se hacen sentimiento a raíz de algún extraño hecho inconsciente que las incorpora... y lejos quedan los libros y lo que uno creía. Un pequeño momento de lucidez que se da cuando algo que se estaba condensando, estalla en el cuerpo, así sin explicación, y no necesita ser confirmado o discutido, para luego pasar a formar parte del inconmensurable cajón de los recuerdos.

Harare es una mezcla de todo. Da la impresión que debería ser mucho más próspera sabiendo de las innumerables riquezas que tiene el país. Como de costumbre el tema del colonialismo sería lo que tendríamos que abordar, pero estamos hartos de los ingleses invasores, así que dejamos este ítem para algún otro momento.

Lo que sí podemos decir es que caminando por sus calles uno no puede entender en que década de la segunda mitad del siglo veinte está. Pareciera como si estuviera a propósito construida para disparar estímulos incontrolables que "obligan" a recorrer sus calles hasta el hartazgo y un poco más allá. Ese sentimiento que florece como una especie de miedo a perderse la cantidad ofertas y estados, que una ciudad como Harare tiene para experimentar.

Edificios al paso...
¿Miami en los 80'?...
Estación de buses...
Quemando las naves en algún recoveco de la ciudad...
Estaciones de mini buses completamente anárquicas, edificios que seguramente serían futuristas en los años ochenta, construcciones deterioradas y destruidas por la decadencia, carteles de marcas que ya no existen, una estación de tren que es la cámara del tiempo, gente sonriendo y a los gritos. Puñados de mendigos, personas durmiendo en la vereda, tachos de basura quemándose en las esquinas. Mucho humo y mucho sol. Mercados que mezclan koreanos, indios, africanos, todos dolarizados y todos juntos fundiendo y endeudando el país.

Harare super retro...
Imponencia...
Zona céntrica peatonal...
Imponencia bis...
Ferrocarriles de colección...
Vagón por dentro...
Tuvimos el honor de caminar Harare en compañía de nuevos aliados, entre los que debemos destacar a Ben y su banda de desquiciados, y los cien mil ¿hararenses? que te frenan a cada paso, te hablan, te piden el número de teléfono y se pierden en alguna esquina para ser olvidados.

Harare mantiene una guerra interna ya sin armas, sin balas y sin muertes. Es un luchador ciego que busca abrirse paso como un chico olvidado, que mantiene la esperanza y la ilusión de volver a ser encontrado. Una capital que mantiene la elegancia y se muerde los labios para no gritar que la violaron más que impunemente... por vergüenza, pero también por orgullo.

Festejamos su trigésimo aniversario en un festival que auspiciaba el gobierno en un algún estadio municipal. Estaba lleno de olor a circo y tenía forma de limosna... Pero a la gente no le importaba para nada. Ben y sus amigos nos gritaban al oído y repetían sin parar: “This is a free country... Its a free country”. Harare es una ciudad de la hostia, inmensa, contrastante, casi mística... pase y vea...

La Matsimela Jazz Band, un espectáculo...

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