20 dic. 2013

Dali vía Shanghai - Kunming, tres trenes trenes…

Estación de tren en Shanghai... Futurismo inmediato...
Teníamos que regresar obligatoriamente a Shanghai para retirar las visas que habíamos dejado procesando en la embajada de India. A su vez, si volvíamos a Shanghai, no podíamos dejar de visitar a nuestros padres mandarines; por lo que apenas descendidos nos lanzamos una vez más al tan preciado encuentro con Hu y ChenMo. No se puede agregar mucho más sobre esta pareja de chinos que nos adornaron la realidad durante algunos de los momentos más intensos en China. Observar a ChenMo comprándonos café, hamburguesas, eligiendo cosas para regalarnos, o haciéndonos hablar con Buda, son imágenes que van a vivir por siempre atornilladas en mi corazón. De esos recuerdos y esa generosidad que cuestan creer que fueron verdad. La despedida fue de las lindas, llena de certeza que muy próximamente nos íbamos a volver a ver. Empachados de amor y generosidad china entonces, y con la visa India pegada en alguna parte del pasaporte, quedamos listos para entregarnos a nuestro nuevo destino “Hippie China Galaxy 3.0”.

Última foto en Shanghai con Hu y ChenMo...
Hippie China Galaxy 3.0...
(Foto bajada de DestinationDali.com)...
Visa de India... Visa de visas...
Digo esto porque la Rubia que tiene amigos piolas por todos lados, casualmente conocía a una pareja de chinos que vivían en Kunming. Kunming es una ciudad que no despierta demasiado el interés del viajero, aunque es la capital y punto de partida para adentrarse en “Yunnan”, una de las provincias más turísticas, y por cierto, la más fumanchú hippoidea del país. La mala noticia era que Yunnan está ubicada en el suroeste de China, prácticamente en la punta opuesta a Shanghai; pero la buena noticia era que una vez concluido el largo viaje, nos encontraríamos en un punto accesible para encarar la frontera de Laos, país que parecía ser lo más "siguiente" en nuestra agenda de viaje. Vico, como siempre un gran adelantado, ya tenía los pasajes de tren en mano y un couchsurfing listo para la respectiva noche en Shanghai.

El couchsurfing en la casa de una polaca austríaca fue algo raro. Actitud: “En China comen feo”, “En China escupen”, “Por suerte vivo cerca del Carrefour”, y otros comentarios por el estilo. Rara la polaca. Un poco banal y mediocre en sus apreciaciones, pero muy amable y buena persona. Extrañamente, luego de estas breves horas que pasamos en su departamento, la íbamos a volver a cruzar en Cambodia y en India. De esas coincidencias de la vida un tanto inexplicables y bastante llamativas. En fin... Más allá de la perorata, hay que destacar que en el famoso Carrefour en cuestión, relucía y brillaba un stand exclusivísimo de Carne Argentina que me hizo babear el estómago, y entre otros lujos “occidentales”, había café, pero del rico; nada de polvitos o de sobrecitos, café de verdad. “Deme dos paquetes por favor, unos sanguches y todo el cambalache de comida china, que me voy a subir a un tren por alrededor de cincuenta horas”.

Stand de la carne más rica del mundo en Shanghai...
Así fue que “En Busca del Porro Perdido”, y de amigos chinos con quiene fumar y filosofar entre Bongazo y Bongazo, abandonamos el este de China hasta la siguiente carta documento. La Rubia ya había decidido que no nos soportaba más (en realidad a Vico), y que una vez terminada esta visita a Yunnan, se tomaría un avión desde Kunming derechito a Calcuta. Nosotros, que ya habíamos tirado también nuestras monedas al aire... y habían caído de canto, interpretamos que era una señal que sugería que antes de ir a India hiciéramos algunas visitas de rutina a Laos, Vietnam y Cambodia. Así fue que, con esas premisas bien claras en nuestras mentes oscuras, decidimos ponerle mucho punch a los últimos días en China, y abrochar tanta vida bien vivida, festejando navidad y año nuevo, más unidos que nunca.

Cincuenta horas de tren no pasan tan rápido como uno se imagina. Una vez dentro del vagón todo se vuelve más lento, más largo y más pesado. Si los asientos no se reclinan es un poco peor, y llega un momento que uno no tiene adónde escapar más que a fumar cigarrillos al final del vagón. Cuando uno ya entró en ese círculo claustrofóbico vicioso, ese “escape” se torna más un caño de escape, ya que los chinos no paran de abrir atados de puchos, de convidarlos, de obligarte a fumarlos, y de repetir ese ciclo con tendencias al infinito. En muy pocas horas uno corre el riesgo de transformarse en un saco de humo con disminuidas esperanzas de vida. Pero... paremos la moto, o en este caso el tren, que no todo es nicotina, pucho y muerte. También tenemos muy buenas noticias: los trenes chinos son la bomba del verano. Inclusive del tren lento, con pasaje barato tercermundista, se puede holgadamente afirmar que es la bomba del verano.

Tren y chinos... Una peligrosa combinación...
Los asientos no se reclinan, pero son acolchonados. A toda hora hay personas que pasan vendiendo comida caliente, frutas y algunos otros alimentos a precios más que razonables. Hay agua caliente gratis en todos los vagones para que todo el chinaje pueda prepararse café, mate, té, noodles, o si lo prefiere, lavarse los dientes. Hay personas encargadas de acomodar las valijas y otras encargadas de mantener la limpieza y el orden con bastante regularidad. Hay mucho "Mao", mucho comunismo del lindo, y muchos pibes "new age" obsesionados con la cultura occidental. Hay mucha sonrisa, mucha aceptación y muchas ganas de comunicarse fluidamente de la forma que sea. Por lo general los intentos comunicacionales terminan en una furiosa reversión china del “Dígalo con mímica”, que más allá de lo intrínsecamente chistoso y estimulante de la situación, deja también al descubierto la curiosidad innata, y la necesidad del ser humano de hacerse entender, de compartir y de expresarse.

Cafecito mañanero...
Compañeros de viaje...
"NI HAOOO... HOLAAA"...
Cuando por último descubrimos que había suficiente espacio para dormir debajo de los asientos, la sensación ya fue la de estar viajando en nuestro propio camarote; y cuando finalmente ya nos habíamos olvidado que nos queríamos bajar, y como casi siempre sucede en la histeria de la vida, llegamos. La estación de tren de Kunming ya la conocíamos, por lo que sólo restaba llamar a “Dou Dou”, el amigo hippoideo de la Rubia, para ver si era verdad que no íbamos a llegar a contar cuántos porros nos podíamos fumar en una tarde. Murphy, que fue un tipo bastante de mierda, como casi siempre tuvo razón. Dou Dou y su novia estaban fuera de Kunming en algún tipo de viaje, retiro espiritual, o toronjas en tanga. Así y todo, como no hay mal que por bien no venga, le dieron a la Rubia el contacto de otros amigos que vivían en Dali, que según Dou Dou, prometían ser la verdadera bomba del verano chino.




Dou Dou... Un chino cósmico 3.0...
Un tipo bastante de mierda, pero con razones de sobra...
“¿Qué paja tomarse otro tren ya mismo no?”. Pusieron la música de Batman y salimos corriendo a informarnos de las posibles combinaciones. Encontramos un tren que estaba muy pronto a partir. Rápidamente entonces, salimos por los alrededores de la estación en busca de la comida perdida... siempre muy atentos para evitar comprar por error los nauseabundos “huevos duro de pato”, que representan algo así como todo lo que uno no quiere o espera de un huevo duro. Con todos los pormenores listos nos sentamos a esperar que algún tipo de señal anunciara la partida. El milagro inesperado se produjo: eran asientos largos y el tren iba semi vacío. “A dormir la mona que el ruidito de las vías me arropa los sueños”. Cuando me desperté, como no podía ser de otra manera, la Rubia había desaparecido con un chino medio modelo a otro vagón. Se estaba haciendo selfies y tenía los ojos bastante brillosos. “Rubia, ¿Tá Todo bien?”. La Rubia aburrida es bastante peligrosa.
Tren a Dali, la Rubia aburrida, chino modelo y selfies...
Llegamos. La estación de tren, como era de esperarse, quedaba bien en la loma del orto de la “ciudad antigua” de Dali. Estábamos en medio de la zona industrial más China del mundo, y después de cincuenta y seis horas de viaje, lo único que saqué a flote fue el deseo de querer quemar la mochila en una ceremonia budista de purificación. Ahí fue cuando entendí la táctica de la Rubia, quien rápidamente encendió el piloto automático e hizo que su nuevo amiguito chino modelo nos dirigiera la vida por los recovecos de la ciudad. Nos llevó hasta el bondi, nos hizo subir y nos pagó los pasajes. Se bajó con nosotros y hasta nos quiso ayudar a conseguir unas camas. Creo que todo lo hizo pensando en que con ello se estaba ganando nuestra aceptación a una posible relación con nuestra amiga sexy bomba. Lo que no sabía el chino modelo, era de quien se estaba enamorando tan rápida y perdidamente. Por suerte la Rubia le tuvo piedad y lo despachó hasta nuevo aviso.

Vico recién llegado a Dali... Zona industrial de fondo...
Primera visual de la "Ciudad Antigua" de Dali...
Destellos de hipismo y afines...
Lo primero que resalta al llegar a la ciudad antigua es un ambiente envolvente y tranquilizador. Destellos de hipismo relucen desde varias de sus esquinas y sus calles. Nos enfocamos de lleno en la búsqueda de algún lugar para dormir. Luego de un buen rato de vagar y de negociar posibilidades de pago en diferentes hostales, finalmente conseguimos un lugar acorde a nuestras intenciones. En ese pacto final de yuanes por camas, sentí que la gran misión de atravesar China de derecha a izquierda ya estaba cumplida. Lo que se venía entonces eran unas mini vacaciones y las fiestas de fin de año en familia de esta versión reducida del famoso “grupo humano”. Hasta la próxima. Sean muy bienvenidos a Dali y que el porrito nos acompañe...


Callejón y entrada al hotelucho...
¡Bienvenidos!...

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