20 dic. 2013

Xiamen, llegada, encuentros y primeras casualidades...

Estación de trenes de Xiamen...Recién salidos del túnel...
Luego de varios días de viaje surfeando la realidad de Tailandia, la surrealidad de Laos y la hiperrealidad de China, descendimos de un tren que se me hace infinito en la memoria. Casualmente todo esto sucedió en Xiamenubicada en las costas de la provincia de Fujian, República popular China, y ciudad que casi un año atrás habíamos elegido para filmar la película; lo que en definitiva se podría resumir, o inclusive ampliar a: “Un flash Gato Cósmico Extremo” (denominación que será aclarada con el correr del tiempo). 

Una vez en tierra, caminamos a través de un largo túnel junto a miles y miles de chinos que intentaban abandonar la estación con sus bolsos al hombro. “Si en vez de bolsos hubieran sido hojas, hubiéramos sido la analogía más exacta de un hormiguero”. Lo miré a Vico y efectivamente tenía antenas... “¡Es una hormiga albina!”. Este, y otro tipo de pensamientos iguales de boludos no me abandonaron nunca más.

Pensamiento boludo: hormigas albinas asesinas...
No nos desmembramos en pedacitos del cansancio porque no había espacio para que eso sucediera. Los cuerpos del resto de las hormigas se encargaban de mantenernos en pie y caminando derechito. En cada pestañeo el mundo pasaba de cámara lenta a cámara rápida, del sonido al silencio, de la duda a la certeza. La vida, la muerte, el Yin, el Yang, el I Ching y las visiones del futuro duplicaron la realidad como en una nueva capa de Photoshop que empezaba a pedir a gritos ser moldeada. De repente el ensueño de Xiamen se hizo realidad ante nuestros ojos.

Nos miramos a los ojos para volver a corroborar que efectivamente era el 01 de Octubre a las 9.00 de la mañana. Se me cruzó por la cabeza una imagen de “Volver al pasado” protagonizada por Juli Fox. Nos dimos la mano los tres, y festejamos un nuevo logro en conjunto quizás por última vez en nuestras vidas. Estábamos invadidos por necesidades de todo tipo, pero lo más urgente en la lista era encontrar un internet para chequear mails, alojamientos y contactos, y... comer cualquier cosa (“¡que por favor no sean noodles!”), que nos permitiera seguir viviendo. Vimos que al frente había un Mc Donalds que alardeaba internet gratis. Adentro del payasezco local, pasaban cosas raras.

Composición de la primer visual y periferia que obtuvimos de Xiamen...
Arriba a la izquierda el túnel hormiguero...




Antes que Juli y Vico lograran descifrar la combinación más barata que nos semi aliviara el humor famélico, ya había leído un mail que anunciaba que nuestro principal contacto en la ciudad, el Sr. Luis Gómez, con quien habíamos mantenido largas charlas durante los últimos seis meses y supuestamente nos estaría esperando para darnos el primer pantallazo por Xiamen, había abandonado Xiamen por motivos de fuerza mayor y sin fecha de regreso cierta.

El mail y toda su muy mala noticia no me produjeron nada. Insólitamente sentía que todo iba a salir bien, que ni valía la pena preocuparse. Era la capa de Photoshop, estaba ahí para ser moldeada, y a esta altura de la vida y de los viajes, todos sabemos muy bien que no hay mal que por bien no venga. Le comenté las buenas malas a los pibes como buen argentino... a los gritos desde la puerta del baño de Ronald... “Ahora lo resolvemos, tengo urgencias milenarias”.

¡Gracias por todo Luisito!...
Salí del baño y no llegué a darle el segundo bocado a mis sanguchitos, que ya me estaba hablando un italiano de unos cincuenta pirulines quien articuló un llamativo: “¿De dónde sos?”-“Argentino, capo”. Se presenta, le contamos la situación, y me pregunta nuevamente: “¿Y no conocés a nadie más en la ciudad?” - “Sí, una vez hablamos con un tal Eugenio, pero…”. No terminé la frase que Stefano, nuestro primer ángel ítalo-mandarín, ya me había puesto un mega teléfono futurista al oído con alguien gritando: “Hola, Hola...” en castellano antiguo.

Era efectivamente el bien que venía a cubrir el mal, era el yin que venía a apalear al yang... era la voz, el aura y el corazón de Eugenio Donatello afirmándome que en una hora nos pasaba a buscar para ver qué piolín había que estirar. En un principio, creo que Eugenio pensó que éramos la Warner Bros., pero a los dos minutos de vernos se empezó a dar cuenta (y confirmar) que éramos unos pequeños piojos resucitados, a los que por culpa de ser una buena persona, igualmente decidió ayudar. Y créame Sr. lector que en este mundo eso debe ser muy agradecido.

Ancangel argenchino... Con ustedes el inigualable Eugenio Donatello...
Aferrados a la mano de este capo cósmico argenchino y de su afilada lengua capaz de comunicarse fluidamente en mandarín, dimos los primeros pasos por la gran ciudad de Xiamen. Nos ajustamos los cinturones, y de ahí en más todo sucedió como flashes instantáneos y cegadores, uno atrás del otro. Antes que termine el primer día, ya habíamos viajado en el BRT (ómnibus que circulan en una autopista propia), habíamos conocido a David, a Mirror y a Kitty. También habíamos ido a comprar los chips para el teléfono e incursionado en algunas áreas de la ciudad pispeando locaciones para la película.

Eugenio ya nos había invitado a su casamiento, que se celebraría ese mismísimo sábado en Zen Cuo Wan. Yendo a conocer el lugar donde se realizaría la fiesta, nos encontramos por primera vez con la enorme humanidad de “Momo”, el rock star más lindo y entrañable de China. Brindamos por el encuentro y por la alineación de tanto planeta en tan poco tiempo... aunque algo apurados porque todavía teníamos que volver al centro para ir al encuentro con el encargado la ONG de la Universidad de Xiamen, lugar que nos daría el mucho más que necesario asilo político en estos primeros días en China.

Momo... 100% Puro rock star zen kick...
BRT... El colectivo-subte en las alturas...
Fijamos el encuentro con “Nick”, la persona con quien Vico se había contactado desde Tailandia, en las puertas de la universidad de Xiamen. Cuando llegamos nos estaba esperando con sus característicos lentes y ese gesto de tipo bueno y bondadoso que tenía pegado a la vida. Nos saludamos como dos especies que provienen de distintos planetas. Encaramos muy tranquilamente quince minutos de charla y caminata hasta la ONG, donde nos recibió la jocosa y altisonante humanidad de “Zebra Rock”, junto al resto de otra gran banda de estudiantes que trabajaban en el lugar.

Asentamos los bártulos muy rápidamente, desplegamos las esterillas en el altillo, y sin demasiados preámbulos nos invitaron a cenar a un pequeño restaurant justo enfrente de la ONG; que por sus cualidades gastronómicas y humanas se convirtió en uno de los grandes caballitos de batalla culinario de nuestra estadía. Circo calesita son las vueltas de la vida, y en este caso la rueda frenó en las intersecciones de “Biyan Lu” y “Siming Nang Lu”, en un barrio de gran carácter, que intentaba esconderse y preservarse detrás de las fachadas de algunos prominentes edificios modernos. “Instaladísimos” es poco.

La ONG, fachada y corazón...
Nick y toda su magia bondadosa a cuestas...
"Zebra Rock" y amiga estudiante...
A partir de ese primer descanso, el resto de la semana la utilizamos para tratar de arreglarnos un poco la salud. Nick nos llevó al hospital para revisar la infección en el pie de Vico y tratar la abultada cantidad de sarna que se me había metido en el cuerpo. Mientras nos movíamos entre hospitales, infecciones, y cremas horrorosas, Eugenio nos llamó para invitarnos a cenar al famoso “Hot Pot” chino, momento que además aprovechó para presentarnos a Maca, Guille, Cote y Max; cuatro chilenos inmensos que claramente trabajaban para la misma capa de Photoshop.

Terminamos la noche “bailando” en las diferentes ofertas bolicheras, lugares en el que por el sólo hecho de ser extranjero, no se paga entrada y te regalan lo que uno quiera tomar. Como si fuera poco, después de esa fiesta fuimos a otra fiesta en la casa de David (valga la redundancia), donde se festejaba el cumpleaños de Damir, y así, como muchas veces pasa en la vida, la calesita comenzó a descontrolarse y a dar dar vueltas sin parar...

“Biyan Lu” y “Siming Nang Lu”...
Restaurant bueno, barato y lleno de chinos bonitos...
Eugenio, Guille, Maca, Cote, Max, Kitty, Mirror y David... Hot Pot en el Medio...
Maratón de gente linda...
Conocimos a varias otras personas relacionadas con la universidad de Xiamen, contactos que iban a ser más que necesarios en el momento de volcarnos seriamente a la preproducción de la película. Juli fumó mucho porro y se desmayó en el baño. El tiempo parecía desintegrarse y... ya faltaban solo dos días para completar la primer parte del equipo. Estábamos a la espera del Sr. Ramiro “Rama” Lagos, y de nuestro director estrella, el Sr. Federico Antonio Marcello. Con este equipo de cinco personas entonces, deberíamos intentar confirmar cuánto tenía de cierto que era posible filmar una película en China, sin permisos, sin plata, sin hablar el idioma y todo ese bagaje de cosas que generalmente suelen ser necesarias.

Los primeros días en Xiamen se cerraban con una gran sonrisa, alentados por una serie de casualidades que todavía no teníamos noción que iban a determinar emocionalmente una muy poco creíble etapa de nuestras vidas. De esas etapas donde nada parece suceder como uno se lo acuerda, de esos días que se mueven entre sueños: ...ese mágico lugar en donde todos nos encontramos. Estábamos trabajando la nueva capa del Photoshop, dibujando un destino que se auto-guardaba a cada minuto y que no daba la opción de “deshacer o rehacer”. Como nunca, la vida se equilibró tras un aparente desequilibrio que duraría largo tiempo y que nos enfrentaría con lo más claro y lo más oscuro de nosotros mismos.

Vico aprendiendo a usar el Photoshop en el living de la ONG...
Como un viaje de hongos. Como una limpieza profunda del ser mediada por interrogantes externos. Como un destello en la oscuridad con el que comienzan los festejos navideños. La respuesta se puede encontrar en la imagen onírica de un flujo energético ascendente-descendente, que circula a través de la espina dorsal, rebalsado de cristales de la composición química del éxtasis... que en un momento deja de circular, y sólo adopta una dirección... y sube, y sube, y sube, y presiona y empuja los sentimientos de todo el cuerpo a la cabeza, hasta que la presión se vuelve tal que te vuela la tapa del cerebro, expulsando hacia el exterior una energía blanca y cristalina, y alguna nueva sensación que muy probablemente glorifique un poco más la vida. La infinita capacidad del cuerpo y su incomprensible divinidad.

En fin, qué se yo, hasta la próxima, cuando este blog se reencuentre nuevamente con amigos y todos juntos empecemos a transitar este complicado, pero hermoso camino hacia una nueva utopía. Gracias por leer.

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