20 dic. 2013

Nha Trang, un mundo de winners no apto para losers...

Atento a los carteles... Bienvenidos a Nha Trang... 
Luego de la extraña y semificticia experiencia en Hoi An, decidimos que nuestro próximo destino sería un lugar llamado Nha Trang, una opción playera que parecía encajar con nuestras mucho más que declaradas intenciones de no hacer nada por los próximos cuatro o cinco días (que fácilmente podrían haber sido los próximos cuatro o cinco años). Como no había tren, no nos quedó mucha más opción que mendigar agencia por agencia algún bus nocturno que no sea un robo de sobreprecio. Al abordaje aparecieron, por un lado, dos chilenas que voy a decir que eran lindas solamente porque tenía las hormonas en cualquiera; y por el otro, un pibe que no paró de hinchar las pelotas con infinitos movimientos y molestias durante la buena cantidad de horas que duró el viaje. Luego de una larga noche entonces, y ya asomando alguna cálida mañana de un mes de Enero, llegamos a este famoso paraíso innatural vietnamita llamado Traganata.

Nha Trang versión céntrica...
La aventura comenzó fenómeno, ya que por primera vez en largo tiempo, un medio de transporte en vez de aterrizar en “estación loma culo”, nos dejó en el centro del centro, hecho que posibilitó que en los primeros quince minutos contáramos entre nuestras pertenencias: una cama barata en un hotelucho de mala muerte, pero a tres cuadras de la playa, y en el que además, según la tozuda negociación que mantuvimos con “doña administración”, nos dejarían cocinar. Sorprendido entonces por la rapidez de los sucesos, alegre por la buena onda de la gente, y excitado por la idea de saber que había bikinis vietnamitas en la periferia cercana, salí muy entusiasmado a buscar alimentos con los que fabricar un desayuno.


"True Friends" inn... un nombre algo paradójico...
Una vez logrado el cometido, y ya muy cómodos en la realidad de la cocina del hostal, conocimos a una francesa entrada en años que nos tiró bastante buena onda y no se cansó de hablar pestes de la política de Francia y de lo mal que estaba Europa. No logro comprender el porqué de este recuerdo tan vivo, y mucho menos aún, por qué siento que la tengo que nombrar... aunque tampoco me pienso esforzar demasiado. Con la panza llena, el corazón contento, y bastantes menos ganas de conocer Francia, nos pusimos la toalla al hombro, llenamos el termo de agua, y nos fuimos silbando alto a ver si nos acordábamos cómo era este asunto de “barrenar” olas.

Nha Trang, más que una playa turística o centro turístico, es una ciudad bastante agitada con una pequeña zona dedicada al turismo furtivo, en la que todo está preparado para mantener al extranjero dentro de un cuadrado de contención de aproximadamente un kilómetro y medio de lado. Cada vez que uno se acerca a los límites de ese cuadrado imaginario, lo único con lo que se topa es con más ciudad, más calor, más tráfico, y más cemento, por lo que instintivamente se tiende a dar media vuelta y encarar nuevamente hacia la arena, el agua, y los potenciales bikinis vietnamitas.

Por las calles de Nha Trang...
Comunismo playero en Nha Trang...
Y digo potenciales porque luego de rebotar contra los límites del turismo y comenzar un desesperado e instintivo retorno hacia las aguas del mar, nos encontramos nuevamente cara a cara con el famoso imponderable: los bikinis definitivamente no eran vietnamitas. Los bikinis eran de cualquier otra nacionalidad menos vietnamita, y las vietnamitas que se ven durante el día, en vez de estar con una alegre cola al viento, están vendiendo lo que sea, corriendo por la playa sin respirar, hecho que no solo nos impidió mirarles el culo, sino que además nos mantuvo las neuronas en cocción permanente para que les compremos cualquier tipo de pelotudez. 

Lo más cercano a un bikini vietnamita...
Por si necesita reconfirmarlo...


Al mediodía el sol se pone picante, por lo que se recomienda volver un rato a casa, o en su defecto, a un hotelucho de mala muerte. Para superar estas horas de sol extremo, nada mejor que un buen sanguche, un poco de internet, una ducha de agua fría y una linda siesta debajo de cualquier cosa que desparrame aire por el cuerpo. Recuerdo que no pasé de internet, ya que nuestro amigo y gurú Jota Eme, nos había enviado el famoso mail “te pongo un par de índices en el culo”, diciendo que el trabajo de Nigeria necesitaba una respuesta ya, urgente y ayer. No tiene mucho sentido ahondar, pero como ya comenté en uno de los post de Luang Prabang, este asunto lo teníamos montado en la mochila, contaminando constantemente la incomparable y extrema libertad que sólo se experimenta en el glorioso hecho de viajar.

Ese mail significaba un montón de Skype, un montón de burocracia, y otro montón de negociaciones que todos los dioses del mundo mundial pueden dar fe que no teníamos ni las ganas, ni las fuerzas para encarar. Intentando ponerle un límite al asunto, decidimos dedicarnos a pensar sólo por las tardes, como para resguardar y mantener el espíritu playero a salvo. Entretanto, y para otro poco más de colmo, aparecían las chilenas, quienes no paraban de evidenciar y poner de manifiesto lo baja que teníamos la energía del jolgorio y de la birra. En un total de tres charlas nunca pasé de la raya de la “preguntonta”. No se me caía ni una onda, ni una idea. Más pito corto imposible.

¿Y vos cómo te llamás? ¿Te gustan los power rangers?...
Así como estaba entonces, agarré toda la libido y me la metí el orto, y junto a mi amigo personal Víctor Manuel Torres, decidimos que íbamos a poner todo a negro y salir a timbearnos la noche, que a juzgar por las caras que se veían alrededor, seguramente iba a ser bastante pedorra. Pero como la esperanza es lo último que se pierde, y en última instancia siempre podemos reventar alguna tarjeta en una botella de whisky, e irnos a naufragar en balsas prefabricadas por Lito Nebia, se hicieron las ocho de la noche y nos asomamos por la puerta del hostal. Había llegado la hora del famoso rock vietnamita. Apenas focalizamos en el espectáculo de las veredas, todas las preguntas se respondieron muy rápidamente con la obviedad que nos merecíamos.

Las vietnamitas que no muestran la cola en la playa, la muestran de noche, pero sólo por dinero. Son como un ejército de hormigas laburantes que no paran de ofrecer sexo pago desde todos los puntos cardinales. Está lleno de motoqueros que ofrecen estupefacientes, persiguiéndote para venderte hasta en el baño. Después que no te pueden vender la peor falopa de todo Asia, te quieren llevar con las vietnamitas que muestran la cola por dinero. El espectáculo turístico es igual al de todos lados, pero un poquitito más bizarro aún. Las chilenas estaban muy aburridas, sentadas en compañía de dos Kevins de dudosa nacionalidad, tomando traguitos de colores con pajitas con sombrillas; y como si esto fuera poco, de los mil negocios que recorrimos para comprar la botella de whisky, ninguno tenía tarjeta.


La noche de Nha Trang está un poco verde...
Terminamos abrazados a cuatro latitas de cerveza tibias. Punto Final. Llovían eLes. Para dos loosers, nada mejor que aceptar su condición. Decidimos hacer playa y disfrutar de lo único que parecía no generarnos alguna alteración: el agua. Siempre atentos a los anuncios de Tsunamis entonces, nos dedicamos a sentarnos en la arena, meditar lo más posible, y si se daban las debidas condiciones, barrenar. Durante las tardes hicimos algunas tenues caminatas por los alrededores, y nos entregamos al falso arte de sacar fotos, o a jugar algún fulbito callejero. Como pueden leer e intuir, nada realmente interesante. El Skype lo teníamos conectado al culo, así que por las dudas, también estábamos on-line.


Nha Trang a lo loser:
Playa turística, culos blancos conectados a internet y ciertas probabilidades de tsunamis...
Vico a punto de cagar a patadas a una pelota...
Caminata por la costa de Nha Trang...
Fulbito vietnamita...
En algún momento de algunas de las caminatas, nos chocamos de frente con la estación de tren, por lo que decidimos acercarnos a ver si en una de esas nos vendían algún pasaje a cualquier mundo un poco mejor. La idea era conseguir un ticket que nos deje lo más cerca posible de algún pueblo o ciudad, en donde los Losers sean Winners y no haya internet. Nos dijeron que de eso no podían estar muy seguros, pero que si queríamos nos vendían dos pasajes a “Ho Chi Ming” o “Saigón”, como usted la conozca según la película de la guerra de Vietnam que haya visto. “Ok, Deme dos”, “En última clase. Mire que somos Losers... no se vaya confundir por favor”.

Con la salida lista y asegurada, nos sobró tiempo para la última bizarrada que Nha Trang nos tenía preparada. Como les comenté al principio del post, la “señora administración” nos había dicho que podíamos cocinar, pero hete aquí que al parecer.el “señor dueño” no estaba tan feliz con el arreglo. En medio de esta tensa situación culinaria, tuvimos la muy mala leche que apareciera un grupo de cinco norteamericanas Mc Dolneras, que no sólo gastaron todo el gas, sino que además dejaron toda la cocina hecha un enchastre mugroso. Por suerte para ellas, habíamos dos losers alrededor a punto de sartenear dos pedacitos de carne que se estaban abombando en la heladera. Razonamos: “cocinemos la carnecita, porque la plata ya la gastamos, y la carne se va a poner fea”.

Eran sólo dos minutos más de gas para dos churrasquitos vuelta y vuelta. ¿Y quién se iba a imaginar que después de todo el quilombo de las gordas Mc dolneras, dos bifecitos iban a desencadenar la ira del Señor Dueño en desacuerdo?... que por cierto vino de muy mala manera a putearnos en vietnamita, y vaya a saber uno en qué momento y porqué motivo, terminó pegándole patadas a su propia heladera, yrompiendo podríamos decir que un tercio de su cocina... La secuencia terminó con un cuchillo en la mano y mirándonos con ojos ciertamente amenazadores y asesinos. Había gente alrededor que lo intentaba calmar, pero nadie lo lograba. Rompió también el modem de internet y revoleó los estabilizadores de corriente por los aires. Una situación surrealista y tragicómica que nos terminó de confirmar que definitivamente estábamos en el lugar equivocado en el momento equivocado.


Vietnamita poseído por la ira... Tipos peligrosos...
Por suerte en algún momento apareció el hermano del psicópata a pedirnos disculpas y a ofrecernos cocinar en su cocina. Ya no sabíamos qué responder. Lo mejor fue ir a agarrar las mochilas al cuarto que compartíamos con unos púberes americanos de los que no les hablé para no amargarlos más, y ahora ya sí, silbando muy bajo, retirarnos antes que haya que lamentar pérdidas mayores.

Traganata fue una experiencia rarísima, de la que no tengo muchas conclusiones, y a la que no puedo encontrarle demasiadas razones tampoco. Hasta la próxima entonces... Me retiro así sin más. Por favor disculpe un poco la anarquía y el relato y muchas gracias por leer.

1 comentarios:

  1. Cuanto peor, mejor! Me encanta tu falta de filtros.

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