20 dic. 2013

De Grahamstown a Buenos Aires y De Acá a la China…

“En aquel mundo de los deseos construido por mi persistencia, la vida es como un tren: Algunas veces corre velozmente entre las llanuras planas como un buen caballo; otras vacila con dificultad y avanza entre imponentes y empinadas montañas, lagos, ríos y mares. Tanto en las situaciones favorables como en las adversas, los dos carriles bajo las ruedas del tren siempre permanecen en paralelo. Uno es el carril del “si”, el otro es carril del “no”. En mi mundo, estos dos carriles son la expresión de mi forma de pensar y mi conciencia. En el proceso de avance sobre aquella estructura paralela, en donde se superan los obstáculos continuamente, estos me guían hacia la meta de mi corazón”.

De Acá a la China... Una película hecha con amor...
“A ver… ¡Por favor! Alguien que le ponga un freno de mano a la vida que tenemos una película que terminar”. Vico había decidido que por nada del mundo se quería perder el bailoteo del rodaje, por lo que juntos aterrizamos en el aeropuerto internacional Pistarini, lugar en donde nos estaba esperando la afamada figura de Federico Antonio Marcello, perfectamente listo para quemarnos el coco liso por el período de un mes.

Llegar a Argentina después de cuatro años no me produjo absolutamente nada, hecho que le adjudico a la pastela que me tomo para volar, la cual hace que vivir o morir, me parezca parte de exactamente lo mismo. Es un poco de Clonazepam, pero versión budista 2.0, que mezclado con una buena dosis de alcohol, te transforma en un insensible absoluto de ojitos vacíos y pajaritos en la cabeza. Como yo no tomo ni aspirinetas, cada vez que me meto media de estas tabletitas la paso bomba, y como a Vico le agarra envidia de verme drogado, aunque no tiene miedo a volar, y como para no perderse la aventura, se la toma igual.


Es para Fede que lo mira por Tv...
Pasados los “Holas, que lindo volver  a vernos nuevamente”, el siguiente mes fue como un día extremadamente largo de nuestras vidas. No puedo recordar muy claramente cómo fue que el cuerpo resistió el adrenalínico correteo de hacer que tanta cantidad de cosas sucedan... pero en líneas generales: llegamos a la casa de Fede, prendimos las computadoras, los celulares, y de ahí en más, nebulosas de colores en todos los sectores de mi memoria. Había que ayudar a armar una exhibición China en el centro cultural Borges, conseguir equipamiento, locaciones, buscar varios actores, alquilar luces, conseguir permisos para filmar en el aeropuerto, y llevar al día los dos mil papelitos que la infame burocracia que no perder el control de los hechos demanda.

Dani, los gemelos Portnoy y Vale...
Fede y Capi...
El chelito preparando la jornada...
Además había que ir a Mendoza a ver al Indio, tratar de juntarse con algunos amigos que no veía desde que me había ido de Argentina, y preparar el catering para los cuatro o cinco días de rodaje que teníamos planeado para que la banda pueda seguir sonando. Gracias al cielo estaba mi santa madre en Buenos Aires, muy lista y predispuesta a dar una mano en todo lo que fuera necesario, que sumada a la infinita paciencia que nos tienen los padres de Fede, ayudaron a que la carga se alivianara significativamente. Fue un buen momento para reafirmar y valorar la importancia de los seres queridos apoyando las boludeces que a uno se le ocurren.

Alejandra y Hu...
Gasti, Héctor y Fede...
Héctor y Marisa...
La abuela Gugliottella y las próximas generaciones... ¡Gracias!
Se me hacen nudos mentales y emocionales al intentar el ejercicio de relatar todo lo sucedido y todo lo sentido durante este vertiginoso mes de Octubre de 2013, en el que participaron todos los familiares, todas las extensiones familiares, todos los chinos conocidos, muchos amigos, muchos amigos de amigos, y una infinidad de entes ocasionales que le metieron una sonrisa al proyecto, y ayudaron, aunque sea con el más mínimo de los aportes, a que los eventos arribaran al mejor de todos los puertos posibles.

Se formó un equipo de personas que uno a uno demostraron que las uniones humanas, mucho más que una utopía, pueden ser una realidad. Fue una instancia en la que sentí muchísimo orgullo de haber tenido la posibilidad de formar parte de tan lindo grupo de gente y de trabajo. Gente que simplemente hizo todo lo humanamente posible para nunca perder el humor y dignificar el esfuerzo extra, ése que realmente hace la diferencia en la vida. El que cuesta, no el que es dado... ese en el que uno tiene que concentrarse y sostener, que en definitiva es el que marca la diferencia entre las esencias de las personas.

¡Hay equipo sí señor!...
José, Capi, Vico y Chelo...
Preparando el set...
Maru y su magia en la cara de Dani...
Los Portnoy, La Rubia y Maru chequeando tomas...
¿Qué más puedo decir? Tengo que nombrarlos a todos: Mar y Gasti, Vico, Rubia, Marina, Fede y Pablito. Gallo, Chelo, Capi, José, Julián. Hu, Vale, Dani, Horacio, Tía Nena, Sonia, Los Gemelos Portnoy,  Garrin, Santana. La genialidad de Vilma y toda su familia, Ramón y Lily, La familia Lema, La Familia Gugliottella, La familia Marcello desde Héctor y Marisa, y pasando por todas las generaciones hasta llegar a Felipe. Fernando y mi santa madre Alejandra. Toda la gente de Aeropuertos 2000, Eduardo Geffner, Ana Kuo, Agustín Zbar y hasta la buena onda de Alfredito, Rodney y Stevens que flotaba en el ambiente. También las energías de muchas de las personas que por algún u otro motivo no participaron físicamente de la experiencia, pero de las que constantemente invocamos los espíritus.

Hu, Lily y Ramón...
Marianita y Capi...
Garrin y Santana...
De esos eventos en los que uno no puede hablar de un sentimiento. De esos estadíos que en definitiva tienen el conjunto de condimentos de la gran salsa de emociones que es la vida, y que gracias a la íntegra humanidad de este grupete de personas y a nosotros mismos, llegaron al paladar como esos afrodisíacos que te llevan a pasear por el mundo en un único y compacto recuerdo. Otra gran etapa había concluido con sumo éxito, y por suerte, el único costo que realmente había tenido fue el de un poco más de vida, que aunque muy caprichosa y vertiginosa, podemos decir también, que muy bien vivida.

El tío Horacio y los Gemelos...
Vale con la tía Nena...
Dani, Hu, Vale y Felipe...
Nos quedaba muchísimo por delante. El único que tenía realmente idea de cuánto era Fede. Lo importante es que habíamos dado un paso más en la batalla, y que aquel camino fue sellado con una fiesta comunitaria en la que de alguna u otra manera, participamos todos. El resto de las procesiones continuaron por dentro. Hay quienes perdieron el hilo, hay quienes aún al día de hoy lo siguen buscando. Así es la madeja de la vida, un eterno ovillo que constantemente tenemos que seguir desenmarañando.

Mucho más cansados que antes, y porque las condiciones para algunas cosas no estaban aún dadas, nos volvimos nuevamente a Sudáfrica, a ver cómo carajos nos pegaba esta nueva experiencia en la cabeza. Todo parece una excitante y gran aventura, pero la pucha que hay que aguantar... Gracias a todos los que estuvieron una vez más. Infinitas y sentidas gracias y hasta la próxima.

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