20 dic. 2013

Hue, Vietnam, entre confusiones varias, mercados y ciudades imperiales…

Vietnam, Hue, una Ciudad Imperial...
Decidimos no desviarnos hacia la parte norte de Vietnam, por lo que luego de retirar la visa por el consulado, salimos al trote a conseguir algún transporte que nos llevara hasta las inmediaciones de la ciudad de Hue. La idea era simplificar un poco la ruta de viaje, por lo que Hanoi y la Bahía de Halong quedaron tachados hasta algún posible regreso. Estábamos atravesando una difícil coyuntura, que a través de una muy tentadora propuesta de trabajo en Nigeria, había puesto virtualmente en riesgo la continuidad del viaje.

Esta propuesta a su vez, y por algunos otros motivos, me hizo reflexionar y reaccionar que tenía que ver a mi familia, ya que habían pasado algo más de dos años desde el último encuentro en Egipto. Por el lapso de unos veinte días entonces, estos dos asuntos se hicieron muy presentes, agregaron un par de kilos extra en la mochila, colaboraron al desgaste de las energías, y le restaron una considerable porción de libertad mental al viaje. Bajo la dictadura de este contexto, y con muchas más dudas que certezas en el corazón, le tuvimos que decir chau a Gonzalito y nos trepamos a un colectivo-cama que nos sacaría de Luang Prabang.

Consulado de Vietnam en Luang Prabang...
(No a las fronteras, divisiones, etc)
Estación de buses en Luang Prabang...
No seguíamos viajando a dedo por un par de motivos... Primero, porque si uno se toma el tiempo para buscar bien, los colectivos cama son realmente baratos. Este hecho hace que lanzarse a la ruta sea una aventura que puede costar un poco más cara entre comida y básicos varios, y que a su vez, puede demorar más tiempo. Segundo, aunque el dedo sea la mejor forma de viajar, a nuestra forma de ver, sólo es provechoso cuando se está con tiempos bien flexibles y mentalmente a la deriva. La realidad es que en aquel momento de nuestras vidas, luego de filmar la película en China, y de lo mencionado en el párrafo anterior, no teníamos la energía ni la voluntad necesaria para sentarnos en la ruta a esperar y a batallar con el sudeste asiático. Lo escribo en voz alta para expresar públicamente esa pena que a veces se reaviva de no haber tomado la decisión de librarnos de las circunstancias... y más que nada de nosotros mismos.


Por los caminos de Vietnam...
El viaje hacia la frontera lo recuerdo entre sueños, entre varios abrir y cerrar de ojos, absolutamente sedado por las emociones y el cansancio. La ruta era muy oscura y solitaria. La humedad piqueteaba el ambiente. De a ratos las luces internas del colectivo se encendían y alumbraban la cara de un Vico que me miraba lleno de dudas... y con cierta dificultad para moverse con soltura.

Estábamos muy guerreados, y la única y gran buena noticia, era que estábamos juntos, muy dispuestos a llevar nuestro karma adelante. Esa es una de las sensaciones y uno de los sentimientos más puros que puedo rescatar de esta específica parte del viaje. Batallando un poco a la africana, pero en Asia. De la única manera que sabemos viajar: llenos de incógnitas, de necesidades básicas insatisfechas, pero alimentados por ese motor de vida que empuja y puja sin parar...

Finalmente atravesamos una confusa frontera que despotricaba en varios idiomas, pero en la que rápidamente nos estamparon los pasaportes y nos dejaron pasar. Conseguimos un poco de agua caliente para café y algún pancito para reducir los ruidos estomacales. Luego de otro rato de ruta el colectivo finalmente llegó a Hue. Sin ninguna piedad nos abandonó en el medio de alguna calle a eso de las cuatro de la mañana. Todavía no había una sola luz prendida, ni personas caminando, ni hoteluchos abiertos, ni motivos reales para vivir.

Esperando pacientemente y acurrucados sobre nuestras mochilas, fuimos testigos de una penetrante quietud nocturna que alimentamos con un extenso ping-pong de conjeturas sobre la vida... Hasta que en algún momento nos sorprendió nuestro primer amanecer vietnamita, casi ordenándonos callar y salir en busca de algún tipo de destino, que mucho mejor si tenía un lugar para dejar las mochilas y tirarse a dormir. Luego de un rato de averiguaciones y de estricta obediencia, arreglamos nuestra estadía en un bonito sucucho, bien al fondo a la izquierda de algún memorable callejón.

Bihn Duong... El sucucho todo terreno en Hue...
Durante el primer día no hicimos mucho más que salir a chocarnos de frente con la intensidad de la energía Vietnamita. Hue parecía envuelta en una atmósfera completamente distinta a la de cualquier ciudad de Laos. El tráfico era mucho más intenso. La cantidad de motos por metro cuadrado, infinita. La gente era más orgullosa, más “pilla”, más "despierta", y mucho más abrumadora en número. Comerciantes natos en todo aspecto y en todo momento. Huedurante las primeras horas nos regalaba una más que interesante impresión de la personalidad y el carácter de Vietnam.

Un memorable choque de frente con la hermosa realidad de Hue...
Intensidad del tráfico en Hue...
Hue, una ciudad activa y siempre alerta...


Anárquicamente ordenada. Muchos mercados, muchos puestos callejeros, muchos comerciantes de ilusiones, y su inconfundible aroma a comunismo. Los gritos del día, la hiperactividad del hormigueo del centro, y la tranquilidad y el apaciguamiento en los barrios periféricos luego de la caída del sol. Todo se sentía mucho más parecido a lo que estábamos buscando. Hue parecía pertenecer a ese selecto grupo de lugares que instantáneamente se te amoldan al cuerpo como si estuvieran hechos a la medida.

Mercado central de Hue... Los sentidos se relamen...
Aroma a comunismo...
Hue a medida...
Para darle profundidad y rumbo el recorrido, nos dejamos llevar hacia una de las actividades y atracciones más relevantes: “La Ciudad Imperial”, lugar sobre que el que pueden indagar por ustedes mismos en este link. También puedo ampliar y concluir en que fue un paseo muy agradable, teñido por una cierta desilusión de que más allá de su valor histórico, estaba muy restaurado con mampostería un poco trucha y mentirosa. Caminamos por el predio entre herramientas, andamios, pintura, y una buena cantidad de obreros que intentaban recobrar el espíritu de lo que el tiempo se llevó.


Patio central de la Ciudad Imperial de Hue...
Distintos edificios en el interior de la Ciudad Imperial de Hue...
Detalles de la arquitectura...
Puerta trasera de la Ciudad Imperial...
Probablemente lo estaban haciendo con muchísima fidelidad, aunque nunca pude dejar de ser consciente que estaba asistiendo al espectáculo de una maqueta un tanto artificial de lo que alguna vez fue, hecho que definitivamente y a mi modo de ver las cosas, le resta un poco de intensidad a la experiencia. Como dirían en el barrio: “Me la baja un poco”. De todas maneras, y mucho más allá de estas réplicas del pasado, una impecable llegada a Hue, un gran día de descubrimientos y de mucha diversión, y la gran satisfacción de un nuevo rock vietnamita. Mucho más no se puede pedir.

Esperamos hayan disfrutado las primeras fotos. Le damos la infaltable bienvenida a Vietnam y lo invitamos a que nos encuentre nuevamente en el próximo capítulo. Estamos necesitando recuperarnos del viaje y dormir... Muchas gracias por leer.

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